No pintarás

José Mujica es una figura pop que ha dado para todo tipo de merchandising, pero su tolerancia no admitió que lo retrataran, a él y a su esposa, como Dios los trajo al mundo
"Las cosas tienen un límite", dijo Mujica sobre la exhibición de una obra de Julio de Sosa, "Génesis Uruguay", en la que el exmandatario aparece desnudo junto a la ex primera dama Lucía Topolansky, en una interpretación vernácula de los cuadros de Adán y Eva que pintaba el alemán Lucas Cranach hace 500 años.
Mujica se refiere a que con una película del director serbio Emir Kusturica, un perfume creado a partir de las flores que cultiva en su chacra, idea del artista uruguayo Martín Sastre, una banda presidencial para la perra Manuela, cortesía de la también uruguaya Agustina Fernández y un sinfín de merchandising con su figura, ya basta.

No había necesidad de retratarlo desnudo junto a su compañera y a la famosa perra de tres patas, un hornero con su nido, una comadreja y tres o cuatro referencias más o menos obvias a la realidad geográfica que plantea el título de la obra.
Cuadro de Mujica y Topolansky

Y en eso tiene razón. No había necesidad. La pintura no le agrega gran cosa a la historia del arte uruguayo, con esas imágenes rejuvenecidas de ambos políticos en un ambiente que les es ajeno.

Tampoco hay un significado que aporte al diálogo ético o político, que genere alguna reflexión más allá de las que aparecen en las redes sociales, que son más bien previsibles en su chabacanería.

El comentario de Arotxa, en su caricatura publicada en el diario El País, sí tiene mucho que ver con el contexto, con referencias a la despenalización de la marihuana durante el gobierno de Mujica, así como también a su pasado guerrillero. La estética, además, tiene un realismo desgarrador, del que carece la inocente interpretación de De Sosa.

Dije "inocente" sin querer, como si hubiera dicho "ingenua" pero tiene que ver. Porque De Sosa no quiso ofender; eso se nota en esa pintura de pieles tersas y en los rostros, sobre todo el de Mujica, que parece un pibe con buenas intenciones.

Lo que quiso el artista fue su cuarto de hora de fama, como lo han tenido tantos otros, con más o menos talento. Y eso sí que lo logró, a partir de que los ex revolucionarios le mandaron a la policía y la policía le pidió, "amablemente", a la dueña de la galería, que retirara el cuadro, porque...

Bueno, no está del todo claro por qué. Se dice que hubo una denuncia de un tercero que se sintió ofendido, se habla de órdenes "de arriba", se comenta que habrían empezado a trabajar "los abogados" de la ex primera pareja (no Adán y Eva, sino Lucía y Pepe).

A partir de la intimidación por parte de las fuerzas de la ley se abre el debate sobre la censura. Topolansky declaró que se sentía ofendida por haber sido tomada, junto a su compañero, "para el chijete".

Es una extraña expresión. Una interpretación posible es que la senadora, en su afán coloquial, haya confundido "chijete" (corriente de aire que penetra por una hendidura) con "churrete", que se rían a su costa. También es posible que al ver la obra, Topolansky haya sentido un poco de frío. La dirigente del MPP acertó, en cambio, cuando dijo que todo esto "no tiene goyete".

De cualquier forma, llama la atención la extrema sensibilidad de ambos protagonistas de la tela. La amenaza de Topolansky, además ("¿Por qué no lo pintaron a Lacalle con Julia Pou?") puede tomarse como incitación a delinquir.

Para mí está claro que tenían que habérsela bancado, como hicieron Barack y Michelle Obama con aquella célebre portada de The New Yorker, en plena campaña presidencial de 2008, en la que él aparecía vestido de musulmán y ella de black panther, armada hasta los dientes, en la Casa Blanca, con un cuadro de Osama bin Laden en la pared y la bandera de Estados Unidos quemándose en la estufa de leña.


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