No subestimen a Donald

Un millonario arrogante, un populista de derecha, toca fibras bestiales y exalta el malestar de las clases media-bajas

Los liberales se burlaban de Donald Trump, el magnate estadounidense que aspira a la Presidencia por el Partido Republicano, por su primitivismo. Pero él parece incombustible. La prensa "seria" se burlaba de Trump por elemental y bruto. Pero luce inimputable. "Puedo decir lo que quiera, puedo dispar a las personas en la calle, sin perder votos", ha dicho este empresario de bienes inmuebles de 69 años de edad. "Trump ha reforzado los prejuicios y ha manchado la reputación de los estadounidenses a nivel mundial", editorializó The New York Times. La industria del espectáculo, Hollywood, se ha burlado de Trump desde que inició su carrera, hace más de un año, pero la víctima no ha hecho más que crecer y crecer.

Los negros, musulmanes, hispanos y otros indigentes del mundo que buscan una oportunidad en Estados Unidos, sufren y odian el discurso de Trump contra los inmigrantes. Saben que el magnate se refiere a ellos cuando arremete contra los ilegales, y no tanto a los blancos que provienen de Europa. Sin embargo, muchos latinos de segunda generación, que ya son ciudadanos, votan por Trump: los antiguos inmigrantes pobres temen a los nuevos pobres, en quienes ven una competencia por sus puestos de trabajo y su salario. Lo mismo suelen sentir los blancos menos calificados. "Hemos ganado con el apoyo de los pobres cultos, amo a los pobres cultos", dijo el magnate, tras ganar las primarias en Nevada.

Ricacho, arrogante, basto, mitificador: lo que usted quiera, pero él sigue adelante. Ha sido sistemáticamente subestimado, pero ya no. La sonrisa condescendiente inicial de los liberals se transformó en una mueca; ahora sienten vergüenza y temor.

Después del supermartes, la ronda de elecciones primarias del martes 1º de marzo, Hillary Clinton y Donald Trump tomaron una cómoda ventaja en las internas de los partidos Demócrata y Republicano. Y luego, en Florida, el 15 de marzo, Trump noqueó a su rival Marco Rubio.

En las primarias por estados se eligen delegados a las convenciones partidarias que en julio elegirán los candidatos presidenciales.

¿Cómo se explica el fenómeno Trump? Hay inquietud y malestar profundos en amplios sectores de la sociedad estadounidense. Unos pocos se inclinan a la izquierda y apuestan al demócrata Bernie Sanders, cuya plataforma se emparenta con el socialismo democrático europeo. Pero cierta clase media en caída atribuye sus desgracias a las elites dominantes en Washington DC, una "rosca" que favorece los avances del gobierno federal sobre las comunidades y el gasto público desmesurado.

Adoran lo que dice Trump y cómo lo dice, su lenguaje directo, pues al fin es el mismo que ellos utilizan en casa aunque no se atrevan a decirlo en público. Nadie como él para ir con sencillez al asunto y proponer soluciones radicales, sin el palabrerío habitual de los políticos de estirpe.

Trump, un populista, apela sin intermediarios al pueblo llano. Toca fibras bestiales, como el nacionalismo, el racismo y la xenofobia. Habla de menos gobierno, menos autoindulgencia.

Se sirve del miedo, un sentimiento que suele provocar terremotos políticos en cualquier parte. Y ha prometido que Estados Unidos será "grandioso otra vez". El país nunca dejó de ser la principal potencia mundial, pero la nostalgia y los mitos hacen que el pasado parezca más dulce y digno de rescate.

Claro que Donald Trump no es un cualquiera. Es popular, un gran líder de empresa, incluso con negocios inmobiliarios en Punta del Este, y dispone de mucho dinero. Pero esas personas no se meten en política, donde suelen perder, sino que prefieren moverse detrás del telón. Su caso es excepcional.

Es probable, dicen los analistas, que Donald Trump pierda la elección nacional ante la demócrata Hillary Clinton, cuyo perfil es mucho más adecuado para captar el centro del espectro político y obtener mayorías. Pero pueden estar subestimándolo de nuevo. Trump ha superado situaciones peores. E incluso si fuera derrotado por Clinton en noviembre, habrá llamado la atención sobre cosas importantes. Puso sobre la mesa el descontento de las clases media-bajas, que siempre han sido el terreno de cosecha de los populistas de derecha o izquierda, y de quienes arremeten desde fuera del sistema político habitual (outsiders). Y demostró que la burocracia, las elites políticas, los universitarios con buena conciencia, los "políticamente-correctos" y el aparato de los partidos políticos pueden ser desafiados con éxito.


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