"Nos dimos cuenta de que no alcanza solamente con hablarle a las élites"

El economista Ernesto Talvi cree que llegó el momento en que sean los ciudadanos quienes impulsen los cambios que se necesitan

"Qué bueno ver tanta gente joven en su equipo, pero además en puestos de decisión. Veo que lo tienen de arriba para abajo, doctor". El comentario de un vecino de Atlántida resume en buena parte la forma en la que trabaja Ernesto Talvi, en medio de una de las giras de Encuentros Ciudadanos, un día de febrero de calor intenso en el que más de 200 personas eligieron escucharlo hablar sobre todo de educación en un sala de conferencias, en vez de sentarse a tomar el fresco en alguna de las calles del balneario.

Talvi está recorriendo el país desde hace más de un año, luego de diseñar un proyecto cuyo objetivo es "mostrar realidades, destruir mitos y proponer líneas de acción" basadas en investigaciones y experiencias concretas desarrolladas en el mundo, pero también en Uruguay. Está convencido de que se debe "reconstruir el tejido social". Cree que en el tema educativo las élites, en particular las políticas, "están trabadas" y no pueden procesar los cambios que el equipo de Ceres (Centro de Estudios de la Realidad Económica y Social), institución que dirige desde hace 19 años, considera que son impostergables. Y posibles sin caer en desmadres económicos.

En la configuración y en el día a día de este plan lo rodea un equipo de jóvenes profesionales, la mayoría de ellos economistas, que no llegan a completar su tercera década de vida. Ellos investigan, diseñan, opinan y le dan forma a cada visita, que puede extenderse hasta tres días pero cuyo punto culminante es la conferencia en la que Talvi presenta propuestas para "cambiar la cabeza e instar a la acción ciudadana".

En poco más de 12 meses Talvi recorrió casi todo el país (le faltan cuatro departamentos) con un discurso afinado por años de diagnóstico y experiencia de primera mano. Quienes van a escucharlo suelen esperar que hable de economía, pero Talvi apenas da un panorama de estos temas en sus conferencias; el epicentro de su dialéctica es la educación, propuestas concretas para mejorarla particularmente en zonas vulnerables (ver recuadro ) que incluyen desde la coordinación hasta el costo de los 136 liceos que, según se deriva del diagnóstico que hizo Ceres, deberían instalarse en zonas vulnerables de Uruguay coordinados por el Plan Ceibal, con un costo de unos 240 millones de dólares por año para atender una población de 50 mil adolescentes de 1° a 4° año.

¿Qué impulsa a este economista -graduado en Uruguay y doctorado en la Universidad de Chicago, profesor de la Universidad de Columbia, integrante del thinktank número uno del mundo (Brookings) y director ejecutivo de Ceres- a pasar al menos la mitad de cada una de sus semanas recorriendo el país para convencer a los ciudadanos de que ellos mismos son parte de la solución?

"Nos impulsa lo contrario a la resignación; la rebeldía de que tenemos un sueño y es un sueño posible", dijo en Atlántida, mientras mostraba un mapa de Montevideo y la región metropolitana en el que domina el color rojo. Ese rojo pinta las zonas "condenadas"(así las llama Talvi) en las que la mayoría de los estudiantes jamás terminarán el liceo, más precisamente menos de dos de cada 10 que ingresan. Y entre los pocos que logren graduarse, ocho de cada 10 no reunirán las destrezas y habilidades necesarias para desempeñar un trabajo.


"Así miles de jóvenes quedan condenados a la informalidad o a elegir el delito como una forma de vida. Así de golpe las narcomafias se transforman en empleadores atractivos", dijo Talvi ese día en la conferencia. Ni en su voz ni en su expresión quiso disimular el enojo y la tristeza.

El equilibrista incansable

Casi siempre habla en plural, tal vez porque se acostumbró a trabajar en plural. Su equipo lo asiste, pero también lo define. Antes y después de cada conferencia, cada uno de esos jóvenes profesionales lo informan, alientan, critican y hasta deciden qué partes de lo que dijo no fueron efectivas , qué anécdotas no suman al mensaje o simplemente restan minutos milimétricamente medidos para que la atención no decaiga. Talvi exige, escucha, corrige, permite errores y al mismo tiempo no deja detalles librados al azar (supervisa incluso los textos y el tono de los posteos que se realizan en redes sociales en cada visita). En Atlántida dejó de contar la anécdota de una madre a pedido de su equipo, aunque no estaba convencido. Al final de la conferencia aceptó que había sido la mejor decisión.

Su convencimiento de que el país puede tener una educación "como en Finlandia, pero en Casavalle", se contagia rápido tanto entre su equipo, como entre los habitantes de cada localidad que asisten a cada encuentro. Para fundamentar sus propuestas -que además de los liceos modelo plantea un sistema de rehabilitación de menores infractores que realmente los rehabilite- echa mano a cifras, pero sobre todo a la experiencia de instituciones como el liceo Impulso, en el que trabaja desde sus orígenes.

Hasta el momento, ningún político del oficialismo ni de la oposición le ha dado "guerra" sobre estas propuestas; el gobierno, en tanto, ha mantenido un "silencio cauto". Encuentros Ciudadanos, sin embargo, ya levantó rumores de supuestas ambiciones políticas. Cuando se le pregunta por el tema Talvi no lo evita, pero es el único momento en todo el día en que su rostro demuestra irritación. "Por suerte ya dejaron de hablar de esas cosas". Cada vez que entra a una reunión le recuerda a sus interlocutores que Ceres es una institución que genera propuestas de políticas públicas desde la academia, no desde lo partidario. Lo dice una y otra vez, intentando explicar un concepto al menos infrecuente en Uruguay. Luego, en entrevista con El Observador, agrega sin vueltas que no busca votos ("Como no nos interesan los votos podemos decir lo que tenemos que decir") y es por eso que puede proponer un movimiento ciudadano que haga sentir la presión de abajo hacia arriba, para que los cambios se produzcan.

Desde que a fines de los 90 se convirtió en referencia obligada del área económica y cada vez más social del país -las conferencias que realiza dos veces por año se esperan con una expectativa que no suele acompañar a estos temas- Talvi se mantuvo a distancia del sistema político partidario, algo que -sin embargo- no le ahorró algunos enfrentamientos.

El primero y más duro se produjo en la segunda presidencia de Julio Sanguinetti; a la luz de lo que está haciendo casi 20 años después, es paradójico que este episodio haya tenido relación directa con la educación. Germán Rama fue el encargado de disparar, y lo hizo con munición pesada. "Fue como un bautismo de fuego, duro. Le molestó seriamente que alguien de afuera tuviera opinión sobre el sistema educativo", recuerda Talvi.

A pesar de eso, considera que lo que intentó hacer Sanguinetti y el propio Rama demostró "valentía política". De hecho, parte del plan que delinea en cada encuentro se alimenta de las experiencias -exitosas y fallidas- que entonces comenzaron a sacudir el tablero de un sector de la sociedad que ha sido algo así como la vaca sagrada sobre el que unos pocos deciden. La solución que proponía Talvi entonces no es tan diferente a la que ahora defiende cada semana -promover la creación de liceos públicos con un modelo similar a lo que luego sería el Impulso o el Jubilar- y fue muy mal vista en la administración Sanguinetti.

Cuando Ceres propuso en 1999 un TLC con Estados Unidos, los partidos tradicionales reaccionaron con "virulencia. En ese momento Brasil era el único eje de la política exterior. Luego cambiaron". La relación con los gobiernos del Frente Amplio ha sido relativamente pacífica y más allá de alguna crítica pública Talvi reconoce que "el respeto fue grande". "Siento que la gente ya sabe que decimos lo que decimos de buena fe, aunque nos podemos equivocar". Habla de todos estos chisporroteos con absoluta calma porque son parte del "juego" cuando la tarea es pensar el país mucho más hacia adelante. "Esto es difícil para el político, porque le puede hacer perder votos. Como a nosotros no nos interesan los votos podemos decir lo que tenemos que decir".

Talvi camina siempre por una fina línea, en un equilibrio planeado y calculado al detalle. Camina sobre la fina línea del diagnóstico de realidades económicas y sociales y la generación de políticas públicas "desde afuera". De un lado está el sistema partidario y las élites que toman las decisiones. Del otro el ciudadano de a pie. De este otro lado surgió la inquietud de Encuentros Ciudadanos.


Iceberg y después

A su regreso al país, luego de estudiar y trabajar en el exterior –"siempre tuve claro que vivir fuera de Uruguay era vivir entre paréntesis", dice- propuso un giro en la forma de trabajo de Ceres. Pronto sus conferencias se convirtieron en referentes ineludibles. "Siempre expuse lo que daban los números y lo que pensaba sin constricciones, más allá de lo que me marca la responsabilidad". Por eso, recuerda, cuando se veía venir la crisis financiera de 2002 decidió no anunciarla aunque los datos la confirmaban. "No soy un tirabombas. Si el país tiene problemas por venir, Ceres no debe anunciar las catástrofes sino pensar en las soluciones. No asesoramos a empresas. Ese papel legítimo le corresponde a otros".

En esos días de pura incertidumbre el presidente Jorge Batlle le ofreció la presidencia del Banco Central, aunque entonces y después se rumoreó que le había pedido que fuera el ministro de Economía. Talvi lo desmiente: "Cuando vino a ofrecerme el Banco Central me dijo que ya sabía cuál iba ser mi respuesta pero que no se perdonaría no hacer la pregunta. Le contesté que si hubiéramos tenido una chance mínima de esquivar el iceberg no tendría dudas en tomar el timón. Pero ya habíamos chocado con el iceberg y había que tomar la decisión de quiénes se salvan y quiénes se hunden con el barco. No era una decisión técnica sino política, y un técnico independiente sin respaldo político solo iba a restar. E iba a durar una semana. Lo que se pudo hacer fue gracias a Atchugarry y de Brun, ambos insiders con relaciones políticas". Eso mismo le había pasado a Ricardo López Murphy en Argentina – a quien Talvi pidió consejos- dos meses antes.

Aunque en esos días se mantuvo en los márgenes de la política, terminó asesorando a Batlle cuando el Fondo Monetario le retiró el apoyo a Uruguay y pidió que el país implementara un plan Bonex similar al argentino. Ceres ya había estudiado el tema y Talvi le aconsejó al presidente que no lo hiciera porque "iba a cometer un error garrafal". El presidente lo llamó y el economista delineó seis puntos de salida. Al día siguiente le presentó al presidente y otros jerarcas un plan completo que Ceres había desarrollado un tiempo antes, y que finalmente el gobierno llevó adelante. "Los que negociaron fueron los que estaban en la trinchera, y terminaron de pulir la salida", dice.

Se fue Batlle y se fue Atchugarry y Talvi ahora relata sucesos que antes no había hecho públicos. En esos días recibió una inesperada llamada de la Casa Blanca; era un profesor que había dirigido su tesis en Chicago, asesor del presidente George W. Bush, quien le había pedido consejo sobre qué debía hacerse con respecto a Uruguay. Talvi le comentó sobre el plan de Ceres que pocos días antes le había planteado a Batlle. Dos días después llegó la llamada del Departamento del Tesoro de Estados Unidos para conocer su opinión. En ambos casos apoyó la salida que el gobierno ya estaba negociando.

Irritables para cambiar

Luego de los sueños, de los planes, de las charlas con personas de todos los colores políticos, del convencimiento puro y de la apuesta a la fuerza de cada ciudadano, la pregunta que no se le puede dejar de hacer a Talvi es: ¿y ahora cómo se hace esto? ¿No debería convencer al gobierno, a este o a el que venga o al que le toque después? O, en todo caso, ¿a quién quiere y debería convencer? ¿Hay un límite para el diagnóstico y un momento para comenzar a hacer? ¿A quién le corresponde?

Talvi dice que a todos los uruguayos y no le preocupa no saber exactamente cuál será el próximo paso, como no supo alguna vez que estos serían sus pasos ahora. Se aferra a su convencimiento de que cuando el ciudadano se convence, las cosas pasan. "Tenemos que empoderarnos todos con estas ideas; de otra manera el cambio no será fácil", dijo en Atlántida. "Tenemos que generar el suficiente grado de irritación".

Hace cuatro años comenzó a replantearse la idea original de Ceres, aquello de ser un generador de "mayoristas de ideas" que buscaba influir sobre todo en las élites que tienen capacidad de transformar ideas en políticas públicas. "Pero nos dimos cuenta que no alcanza con hablarle a las élites. Hay momentos en las historias de los países en que están trabadas y no pueden procesar los cambios impostergables".

La única otra opción "cívica, republicana y pacífica" para producir cambios -dice Talvi- es la concientización de los ciudadanos para que la presión venga de abajo para arriba. "Para que puedan hacerle sentir a las élites políticas que hay cambios necesarios que quieren que se hagan, primero tienen que entender que son posibles y que estas propuestas no fueron elegidas al azar. Entre las decenas que podríamos haber planteado decidimos concentrarnos en estas dos, porque creemos que la tarea que tiene que hacer un país, antes de desfigurarse definitivamente, es reconstruir el tejido social".

"No hay ninguna limitación conceptual para llevar esto adelante - liceos públicos modelo, laicos, ubicados en los barrios vulnerables del país.Ni limitación financiera, ni de transgresión de ningún valor de la República. Es un modelo de gestión que ha tenido éxito donde se probó, siempre que se hizo bien. Nada de esto cuesta más plata de la que ya gastamos".

¿Es posible que un cambio de tal calibre puede ser impulsado "desde abajo"? ¿Y en Uruguay? Talvi dice que sí y que Encuentros pretende transformarse en un movimiento de acción ciudadana en el que los ciudadanos tengan voz "pero no al margen del sistema político institucional; esto es trabajar a favor de la política". ¿Qué pasará cuando el ciudadano haga escuchar su voz? "No sé dónde va a terminar esto, no se si vamos a tener éxito, pero tenemos que intentarlo. Vivimos en una democracia ejemplar, madura, sana, prestigiosa. Usémosla", dice Talvi, y recuerda que también cuando comenzó a dirigir Ceres, 19 años atrás, sus amigos más íntimos le decían que estaba loco porque "eso del thinktank" era una idea de gringos.

"Cuando empezamos con Encuentros no sabíamos si iban a ir dos o 200 personas. No sabíamos si se iban a consustanciar. No sabíamos nada. Ahora vemos que van cientos, de todos los colores políticos, que quieren transformaciones. Estamos en esto y no imaginaría volver atrás".

Talvi si sabe que la segunda etapa de este plan de encuentros será para organizar formas de movilizar la opinión ciudadana. "No se trata de un caceroleo o de una convocatoria en redes", aclara y admite que es un terreno desconocido porque no están haciendo política partidaria electoral; "no buscamos el poder, estamos comprometidos con las ideas para que lleguen al poder para que se transformen en decisiones".

"Esto lo vemos con tanta claridad que no se puede concebir que no se haga ya. Pero da la impresión que se tiró la toalla en este tema. Esperemos que para 2020, no importa qué gobierno asuma, esté instalado como número en la agenda del país".

El plan

Talvi recorre el país con Equipos Ciudadanos con un mensaje claro: la marginación y la desigualdad que derivan -y se originan- en resultados educativos tan dispares según dónde toca vivir, se pueden solucionar en buena parte con 136 liceos públicos "modelo" ubicados en barrios vulnerables en todo el país. Y gestionados por el Plan Ceibal.

¿Por qué estos liceos estarían por fuera de la ANEP? Su experiencia de primera mano en el Impulso, liceo del que fue fundador y con el que colabora ("Estos no son sueños. Se está haciendo, punto", dice) le demostró que lo que propone es un proyecto bastante más complejo que un liceo "común". Formar un plantel docente con los parámetros con los que se seleccionan en Secundaria, es imposible -explica- porque el director no puede elegir su equipo. Son los profesores los que se autoseleccionan según antigüedad y otras variables. "No digo que ANEP no lo pueda hacer en la medida en que haya una decisión política de hacerlo. Pero además que esté por fuera de la ANEP no debería asustarnos. ¿Por qué hay una Universidad de la República y una UTEC? Dos subsistemas. Esto permitirá a los padres optar por un liceo ANEP o por uno Ceibal. Y lo que pasará es que si, como pienso, optan por los Ceibal, los ANEP comenzarán a parecerse cada vez más a los Ceibal".

Además, propone la creación de tres centros de rehabilitación de adolescentes infractores, ubicados en Florida, Canelones y Montevideo, en los que se gastaría el mismo presupuesto que hoy dedica el INAU para estos temas (unos U$S32 millones) pero con un modelo efectivamente rehabilitador. En este tema Talvi es tan soñador o realista como en el de los liceos modelo: "quien siente remordimiento es recuperable", dice refiriéndose a estos adolescentes.

En base a la experiencia de Impulso, el primer liceo privado, gratuito y laico de Uruguay que funciona en Casavalle desde hace cinco años con 500 alumnos (de 1 a 5º), Talvi plantea estos pilares como modelo de gestión que propone para los 136 liceos:

  • Arquitectura adaptada a la educación: edificios luminosos, e integrados, con salones vidriados en los que estudiantes y profesores se vean todo el tiempo.

  • Horario de 8 a 16 horas, clases los sábados y año escolar extendido. Liceo de verano.

  • Tutorías individualizadas para estudiantes con problemas de aprendizaje y conducta, para que nadie se quede atrás.

  • Técnicas pedagógicas especiales para estimular la atención y los aprendizajes.

  • Alimentación (desayuno, almuerzo y merienda) y cuidado de salud en todos los aspectos.

  • Políticas de inclusión laboral para que adquieran hábitos de trabajo; part time los fines de semana para los estudiantes de cuarto año.

  • Integración de la familia en todo el proceso.

  • Educación en valores: lenguaje, cuidado personal, respeto a los mayores, a los profesores y a sus pares.

  • Director con liderazgo y especializado; equipo docente comprometido que funcione como una comunidad educativa.


Thinktank

Lo que define a Ceres según Talvi –"rabiosa independencia, no recibir honorarios de gobiernos ni partidos, no representar intereses partidarios y no realizar consultorías ni siquiera para las 70 empresas que financian la mitad de su funcionamiento - es lo que posicionó a este organismo en el rankings de thinktanks de la Universidad de Pensilvania, encabezado por Brookings, organización con la que Ceres mantiene una asociación y un proyecto común .Ceres está primero en Uruguay, octavo en América Latina entre 782 instituciones, y posicionado en los primeros lugares en diversas categorías entre las 7,000 que se incluyen en el mundo.

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