Nuevas Blancanieves para nuevas realidades

En los últimos meses se han estrenado una serie y dos películas basadas en Blancanieves, que dejan claro el rol de la mujer que hoy en día es bien distinto.

La industria del espectáculo encuentra un filón y le saca todo el jugo que puede. En parte porque parece que en Hollywood escasean las ideas, y en parte porque el cine, en cuanto a expresión creativa, no puede evitar canalizar algunas de las inquietudes y cambios culturales y sociales que lo rodean.

El fin de semana pasado, las salas de cine uruguayas estrenaban Blancanieves y el cazador, después de haber proyectado en abril otra película basada en el mismo cuento: Espejito espejito. Algunos meses antes, en octubre de 2011, ABC estrenaba, tomando también como referencia esta fábula, la serie de televisión Érase una vez, y los últimos meses de este año nos traerán una versión española acerca del mismo tema: el director Pablo Berger está preparando una adaptación en clave gótica de Blancanieves.

Parece que la cándida joven de blanca tez es una moda que viene a coexistir con otras como los zombies, los vampiros o los superhéroes. Tras el éxito de Alicia en el País de las Maravillas, Blancanieves viene a ser el mascarón de proa de una nueva ola temática: los cuentos de hadas. En ellos se han basado la oscura Caperucita Roja ¿A quién tienes miedo?; o la revisión adolescente de la Bella y la Bestia, Bestial, todas ellas estrenadas en 2011.

En cierto modo, todas las tendencias tienen una explicación cultural, y el “fenómeno Blancanieves” no podía ser distinto. Analee Newitz, editora del sitio web IO9, escribe que la clásica animación de Disney, estrenada en 1937, supo responder a un mundo que, como el de hoy, estaba sumido en una crisis económica. Recientemente los creadores de Érase una vez (entre los que está Damon Lindeolf, guionista de Lost) sugirieron que su serie es popular porque los tiempos son tan duros que la gente prefiere historias reconfortantes.

La serie, que en su segunda temporada ya tiene hordas de fans, se centra en la idea de que la Reina Malvada condena a Blancanieves, al Príncipe Encantador y a los habitantes de sus tierras a vivir donde no existen los finales felices: el mundo real de hoy en día. Todos ellos permanecen mágicamente encerrados en un pueblito norteamericano donde no pasa el tiempo. Esto es así durante 28 años, hasta que aparece la hija de Blancanieves, quien logró esquivar el hechizo, para plantar cara (sin saberlo) a una bruja mala que tampoco es consciente del autoencantamiento al que está sometida, y que es la despótica alcaldesa del pueblo. 

Este enfrentamiento entre mujeres también está presente en Espejito espejito, donde Blancanieves es una especie de Robin Hood que tiene a los siete enanitos como camaradas de guerrilla. Juntos, roban a la Reina Malvada (Julia Roberts) para dárselo a los pobres, y así redistribuir unos impuestos que serían usados por la malvada Roberts para financiar una enloquecida búsqueda de productos de belleza que la mantendrán siendo “la más bella”. 

Tal como muestra Newitz, en ambas revisiones las protagonistas adquieren un perfil adaptado a los nuevos tiempos: tanto en la serie como en la película, la antagonista, más que ser tratada como una reina malvada con poderes mágicos, es explícitamente representada como una política. Por otro lado, Blancanieves, en Espejito espejito representa básicamente una insurgente, mientras en Érase una vez ella se convierte en la prisionera política de la alcaldesa.

Ella tiene el poder 

Teniendo en cuenta que en Blancanieves y el cazador, la delicada joven es entrenada para ser una guerrera que, al frente de un ejército libra una batalla encarnizada contra una Reina Malvada (Charlize Theron), no es osado asumir que estas revisiones de los cuentos de hadas están tratando de encontrar nuevas representaciones para las mujeres poderosas.

Esto viene a sumarse a una tendencia que se expresa claramente en la compleja y brillante serie de HBO Game of Thrones. En ella, las mujeres son las que verdaderamente tienen el control de una guerra librada por hombres y que, no hay duda, ejercen su poder de forma implacable.

Los cuentos de hadas van y vienen, olvidando y recobrando una vigencia que en realidad nunca perdieron. Revisar los clásicos bajo una perspectiva contemporánea puede servir para tomar conciencia de cuánto han cambiado las asunciones y presupuestos que guían la forma en que las personas se perciben a sí mismas y sus relaciones. 

Ya lo decían los Estudios Culturales: los cuentos de hadas cuentan mucho más de lo que dicen, y en un mundo donde algunas de las naciones más poderosas están gobernadas por ellas, no es sorprendente ver cómo, también en la ficción, son ahora las que toman el mando.


Fuente: Andreu Belsunces Gonçalves

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