Obama, el turista

A bordo del Air Force One, el presidente de Estados Unidos aprovechó cada viaje de trabajo para conectar con buena parte del mundo y sus maravillas
Michael D. Shear / The New York Times

Nadar con snorkel en las cristalinas aguas azules del Pacífico frente a la isla Midway. Hecho. Pasear por las enigmáticas columnas de Stonehenge. Hecho. Visitar el Museo de Bob Marley en Jamaica, las pirámides en Egipto y la Gran Muralla china. Hecho, hecho y hecho.

El presidente Barack Obama ha pasado buena parte de su tiempo en los últimos ocho años en misiones oficiales: incontables eventos de recaudación de fondos, visitas estatales a capitales extranjeras, mitines motivacionales con tropas estadounidenses, anuncios políticos e interminables reuniones cumbre en salones de hoteles en todo el mundo.

Pero quizá más que cualquiera de sus predecesores, Obama también aprovechó la oportunidad para convertirse en el turista definitivo del mundo, apartando tiempo metódicamente para maravillarse con las vistas más espectaculares y, al parecer, absorbiendo cada experiencia, incluyendo la experiencia de comer algo de salmón ya masticado por un oso en un programa de TV.

"Es un impulso jeffersoniano de parte de un hombre intelectualmente curioso", dijo Jon Meacham, historiador presidencial, quien comparó la inclinación por hacer turismo de Obama con los viajes de Thomas Jefferson a través de Francia de 1784 a 1789, a pesar de que estos fueran antes de que se convirtiera en presidente.

"Está tratando de hacer algo que es increíblemente difícil –dijo Meacham sobre Obama–. Está intentado reabastecer su capital intelectual en un puesto que realmente solo demanda el gasto de ese recurso".

Lista de deseos

Obama

No todos los presidentes son turistas entusiastas. George W. Bush era impaciente cuando se trataba de apreciar las vistas. En 2002 pasó solo 30 minutos en la Gran Muralla china. Le tomó el mismo tiempo visitar los Archivos Nacionales de Canadá, donde miró los retratos de Winston Churchill y Franklin D. Roosevelt. Un colaborador de la Casa Blanca dijo a un reportero en 2004 que Bush prefería una agenda clara y apretada.

El presidente Bill Clinton, según se recuerda, estuvo más dispuesto a incluir escalas turísticas, aun cuando eso significara visitas a altas horas de la noche antes de partir muy temprano en la mañana. En un viaje a Madrid, Clinton recorrió el Museo del Prado a las 11 de la noche.

Los colaboradores de Obama dicen que él ha sido firme al instarlos a programar escalas en lugares que le den la oportunidad de hacer turismo. En 2014, cuando fue a conocer al nuevo papa en Roma, Obama también realizó un recorrido guiado y privado por el Coliseo. Después de cuatro días de negociaciones de paz en Medio Oriente en 2013, el presidente fue como turista a Petra (en Jordania), para ver las ruinas de 2,000 años de antigüedad talladas en los acantilados de arenisca.

Y, en 2014, al final de un viaje de tres días a Estonia y de una reunión cumbre de la OTAN en Gales, Obama se trepó a una caravana para un breve recorrido hasta los monolitos de Stonehenge. Declaró al sitio "espectacular" y "un lugar especial" antes de decir a los reporteros: "¡Tachado en la lista de deseos!".

Los viajes de Obama –junto con sus frecuentes salidas a jugar golf y visitas de verano a Martha's Vineyard– han generado algunas críticas, especialmente de parte de republicanos que cuestionan el valor de estos periplos y el costo para los contribuyentes.

Judicial Watch, un grupo vigilante conservador, ha usado solicitudes y demandas bajo la ley de Libertad de Información para conseguir datos sobre el costo de los viajes del presidente. El grupo afirma que los viajes de Obama, oficiales y personales, han costado US$ 80 millones.

Por supuesto, el costo exacto de las actividades turísticas del presidente se desconoce porque se mezcla con los esfuerzos generales que requiere proteger y apoyar al líder sin importar en qué parte del mundo esté. La infraestructura de la presidencia moderna siempre acompaña al ocupante de la Oficina Oval, se encuentre en misiones oficiales o de vacaciones.

Los colaboradores del presidente señalan que los presidentes anteriores siempre han viajado con las mismas necesidades de seguridad y administrativas. E insisten en que la mayor parte del turismo personal de Obama sirve también a propósitos diplomáticos importantes.

"Estos momentos permiten al presidente destacar temas que le importan experimentándolos de primera mano", dijo Liz Allen, subdirectora de Comunicaciones de la Casa Blanca. "Ver un glacial que se derrite en Alaska o recorrer los senderos de nuestros parques nacionales realmente hace comprender el impacto del cambio climático y la importancia de conservar nuestras tierras y aguas".

"Jefferson tenía este increíble sentido de la curiosidad. Quería ser una especie de banda transportadora de la cultura", dijo Meacham. "Veía el turismo, sospecho, como lo ve el presidente: un medio para ampliar la abertura de la experiencia y el aprendizaje lo más posible".

Obsesiones


Antártida
Es el gran pendiente que le quedará a Obama, quien según sus ayudantes, soñaba con andar por la nieve con una moto llamada Snow Force One.

Verano
Martha's Vineyard, en Massachusetts, es el destino veraniego de la familia presidencial, cuando no eligen Hawaii.

Oficina
El Air Force One permite al presidente contar con una oficina de trabajo donde sea que esté.

Marley
En Jamaica, la pasión musical de Obama tuvo capítulo aparte en el museo de la leyenda del reggae.