Odio que amenaza la paz social

El odio y la intolerancia son vicios que quiebran la vida ordenada y armónica en cualquier sociedad

El odio y la intolerancia, vicios que quiebran la vida ordenada y armónica en cualquier sociedad, son especialmente peligrosos y repudiables cuando cuestan vidas y son generados por movimientos que infectan el mundo entero. Cae en esta categoría el asesinato del comerciante judío David Fremd en Paysandú, apuñalado por un hombre inspirado por el terrorismo islámico. Poco importa que el autor del ataque sufra, como se ha informado, de aparentes desequilibrios psiquiátricos. En la misma categoría están los llamados “mártires” que en el mundo entero se inmolan en ataques suicidas, alegando un absurdo mandato religioso que nada tiene que ver con los preceptos del islam que aseguran profesar.

De los terribles ataques a la AMIA en Buenos Aires hace más de dos décadas y contra las torres gemelas en Nueva York en 2001 hasta los frecuentes atentados en otras partes de Estados Unidos, Europa y países de Medio Oriente, el mundo vive hoy una convulsión sin precedentes por los actos criminales del terrorismo. Estallan en cualquier lugar y en cualquier momento, sin preaviso y con miles de víctimas, muchas veces causando la muerte de personas que nada tienen que ver con las confrontaciones de carácter religioso que argumentan los desviados autores de los ataques.

La presunta participación iraní en el caso de la AMIA y el protagonismo de Al Qaeda en los años siguientes han sido reemplazados ahora por el siniestro Estado Islámico (EI). No solo controla vastos territorios en Siria e Irak sino que ha sido responsable de atentados fuera de esas zonas. En setiembre de 1914 el vocero del EI, Abu Mohamed al Adnani, instó a sus simpatizantes en el mundo entero, a través de internet, a actuar en forma independiente para matar a quienes llama infieles en cualquier parte del mundo. A este grupo de gente perturbada, llamados “lobos solitarios”, pertenece el maestro de escuela uruguayo autor de la muerte de Fremd, convertido a una forma distorsionada del islam y que se hace llamar Abdullah Omar.

Aseguró ante el juez Fabricio Cidade que actuó impulsado por “una fuerza sobrenatural” derivada de una guía recibida de Alá. La torpe explicación alegada para su crimen es de una enormidad preocupante, al margen de su estado mental. El hecho ocurrió después de reiterados actos de antisemitismo en los últimos 18 meses, incluyendo la aparición de presuntos artefactos explosivos cerca de la embajada de Israel, en cuatro oportunidades. Los brotes de antisemitismo en el país han sido frecuentes a lo largo de los años. Pero asume especial gravedad el asesinato de Fremd, no solo por haber costado la vida de una persona por el hecho de pertenecer a la comunidad judía sino porque abre el peligro de que otras personas perturbadas y que simpatizan con el EI tomen igual camino.

Las autoridades uruguayas están alertadas desde hace mucho tiempo sobre el riesgo de que los excesos del terrorismo islámico llegara a Uruguay. La muerte de Fremd confirma que así ha ocurrido. No basta esclarecer el homicidio. Es indispensable que se extremen la investigación y la vigilancia de personas que puedan sentirse tentadas a imitar la obediencia del llamado Omar a las órdenes, no de Alá, sino de esa deformación del islam que representa el EI. De lo contrario, Uruguay pasará a engrosar la lista de naciones castigadas por un terrorismo que no reconoce fronteras ni límites en su barbárico ataque al mundo civilizado.


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