Ojo por ojo, ente por ente

El quiebre de Pluna erosionó el capital político del astorismo y la crisis de ANCAP les ofrece una espléndida oportunidad de tomarse la revancha

Tanto colorados como blancos, a lo largo de la historia, han mostrado una destreza extraordinaria para negociar sus diferencias internas. El Frente Amplio, desde su nacimiento en 1971, logró llevar esta sofisticada tradición, tan característica de la política uruguaya, a un nivel aun superior. A lo largo de sus 45 años de vida los frenteamplistas han exhibido una impactante destreza para, una y otra vez, dirimir sus conflictos. A nadie se le escapa que la capacidad de construir acuerdos internos y de resolver tensiones es una de las principales claves explicativas de la hegemonía política que vienen disfrutando desde las elecciones de 2004. Esta verdadera obra de arte de ingeniería política, esta larga historia de negociaciones internas exitosas, conoce, hasta la fecha, un único gran fracaso: la escisión de 1989 de los grupos que constituyeron el Nuevo Espacio.

Esta poderosa tradición está enfrentando, en estos días, un desafío de porte mayor. Los senadores del FA, por un lado, están obligados a acordar el contenido del informe sobre la crisis financiera de ANCAP. No hacerlo implicaría un costo político monumental. En ese caso, las únicas voces que se escucharían en el Senado y que resonarían en la opinión pública serían las de los partidos de oposición. Pero, por el otro lado, encontrar las palabras adecuadas les resulta extraordinariamente difícil. Hay mucho en juego. Nada más ni nada menos que la correlación de fuerzas entre el astorismo y sus rivales, los dos grandes bandos que tensionan la interna del partido de gobierno desde hace una década. El informe de la bancada frenteamplista establecerá responsabilidades por la crisis del ente. Por eso mismo está llamado a tener consecuencias electorales potencialmente decisivas en la carrera por la candidatura presidencial dentro de cuatro años.

Esto, que puede parecer mera especulación, está lejos de serlo para los directamente implicados. Los dirigentes del FA saben muy bien que la crisis de un ente autónomo puede tener efectos político-electorales devastadores. Un ejemplo muy reciente los afectó directamente. La caída de Pluna fue un golpe tremendo para los astoristas. De un día para el otro perdieron la aureola de infalibilidad técnica que los había acompañado por más de una década, decenas de miles de votos y la mitad de sus senadores. El cierre de Pluna dañó severamente, además, la carrera política del economista Fernando Lorenzo, ministro de Economía de la época y mano derecha de Danilo Astori. El astorismo tiene buenas razones para pensar, además, que la crisis de Pluna estalló públicamente cuando ANCAP, presidida por Raúl Sendic, dejó de proveerle combustible y denunció la deuda de la empresa de navegación áerea con la petrolera estatal. Y seguramente comparten una opinión ampliamente extendida entre los analistas políticos: los votos que en octubre de 2014 perdió el astorismo… los ganó el grupo de Sendic.

Ojo por ojo, ente por ente. Ley del talión pura y dura. El quiebre de Pluna erosionó el capital político del astorismo. La crisis de ANCAP les ofrece, inesperadamente, una espléndida oportunidad de tomarse la revancha. En su momento, Sendic encendió la mecha y capitalizó políticamente la debacle de Pluna. Como impulsado por un resorte saltó desde el Directorio de ANCAP a la vicepresidencia de la república. De este modo y en muy poco tiempo se convirtió en uno de los posibles candidatos a la Presidencia por el FA en el 2019. Por eso mismo, ahora, para el astorismo es fundamental que la mayoría de la opinión pública frenteamplista interprete que la crisis de la petrolera estatal es, en esencia, responsabilidad de Sendic y no del Ministerio de Economía como argumenta el vicepresidente. ANCAP podría ser para Sendic y su fracción lo mismo que Pluna para Fernando Lorenzo y el astorismo: un verdadero desastre. ANCAP podría ser para el astorismo lo mismo que Pluna para el grupo de Sendic: una ocasión para ganar terreno en la interna frenteamplista.

Los senadores del FA, más temprano que tarde, honrarán su tradición y encontrarán la manera de redactar un informe sobre ANCAP que no agravie demasiado ni a tirios ni a troyanos. Pero el debate público acerca de quién tuvo la principal responsabilidad en la crisis seguramente habrá de continuar durante años. No es fácil saber cuál de las dos interpretaciones terminará imponiéndose: la que condena la gestión de Sendic en ANCAP o la que hace caer la responsabilidad en el astorismo que controlaba el Ministerio de Economía. En una batalla discursiva como esta el papel de los líderes termina siendo clave. Por eso mismo hay que tomar nota de las declaraciones realizadas por José Mujica el lunes pasado: “Este país termina las elecciones y empieza las otras. Todo es electoral. Es la enfermedad que tiene. Fuera del Frente… y es posible que adentro del Frente también”, dijo para el informativo Telemundo ratificando lo que había manifestado antes para el diario La República.1

Fueron pocas palabras pero de un contenido político explosivo: Mujica dejó entrever que el astorismo, como los partidos de oposición, está intentando dañar electoralmente al vicepresidente. Es obvio que Sendic está en apuros. Pero tiene un aliado poderoso.

1 Ver: http://www.teledoce.com/telemundo/nacionales/mujica-aseguro-que- en- torno-a-ancap-hay-una-operacion-política-dentro-y-fuera-del-frente-amplio

Doctor en Ciencia Política, docente e investigador en el Instituto de Ciencia Política, Facultad de Ciencias Sociales, Udelar

adolfogarce@gmail.com


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