Opositores alientan una estrategia medio utópica y bastante riesgosa

El bloque parlamentario se muestra ineficaz para presentar propuestas alternativas
Qué surge de una mezcla entre nacionalistas, batllistas, radicales de izquierda e independientes? En 1971 la respuesta a esa pregunta fue el Frente Amplio, una fuerza política que, finalmente, desplazó a los partidos tradicionales del gobierno y hoy goza en el poder de los privilegios de aquella necesaria unidad.

Pero, en las actuales circunstancias, la oposición a la izquierda gobernante corre el riesgo de cometer un importante error si, a nivel parlamentario, intenta remedar una experiencia similar a la que creó el frenteamplismo casi cincuenta años atrás.

Luego de que Gonzalo Mujica desertara del FA quitándole el voto 50 que le aseguraba la mayoría en la Cámara de Diputados, buena parte del bloque opositor creyó posible armar una coalición legislativa que le permitiera acordar una agenda diferente a la del gobierno.

En vista de lo acontecido, la idea se parece mucho a un espejismo que no solo refleja una realidad distorsionada, sino que amenaza con crear una imagen en la que la oposición aparezca como un simple rejunte de partidos con el único objetivo de sacar al Frente Amplio del gobierno o, por lo menos, de complicarle la gestión.

Esto fue percibido por el Partido Independiente que se negó a participar en los últimos días de mayo de una reunión opositora convocada por el diputado Mujica y advirtió que la movida política buscaba revelar una fotografía que no se condice con la realidad.
"Hay una intencionalidad desde el punto de vista político de transmitir o mostrar una perspectiva (de unidad opositora) que, a mi juicio, estamos muy lejos de generarla", dijo el diputado del Partido Independiente Iván Posada.

Además, si se miran los antecedentes, el Partido Independiente ha conseguido más resultados negociando con el Frente Amplio que con la oposición.
Por ejemplo, durante la pasada administración, el oficialismo aceptó aprobar el proyecto de despenalización del aborto redactado por Posada y, en este período, le dio los votos para la propuesta de derecho de admisión en espectáculos públicos elaborada por los independientes.

Por otro lado, los 50 votos con los que la oposición cuenta hoy en la Cámara de Diputados requieren de alianzas más bien extrañas.
Es así que la unidad opositora necesita, por ejemplo, de acuerdos entre los legisladores del nacionalista Luis Lacalle Pou y el izquierdista radical Eduardo Rubio (Unidad Popular) quien considera a los herreristas como los más fieles representantes de la "oligarquía" vernácula.

Debilidades.
Para complicar más las cosas, la irrupción del Partido de la Gente del empresario Edgardo Novick no hizo más que recalentar las diferencias en el arco opositor.
Es así que el recientemente elegido secretario general del Partido Colorado, el diputado Adrián Peña, dijo a El Espectador que la novel agrupación de Novick, que ya tiene dos diputados y un senador desertores de los partidos tradicionales, llegó para "dividir y debilitar" a la oposición.

Además, se sabe que aquello que la oposición pueda aprobar en la Cámara de Diputados morirá indefectiblemente en el Senado donde el Frente Amplio sigue teniendo una holgada mayoría.
Como si fuera poco, el diputado Mujica ya anunció que el año que viene devolverá su banca al Frente Amplio -y con ella la mayoría- y todo hace presumir que se arrimará al Partido Nacional.

Entonces, en este año 2017, ¿qué surge de la mezcla entre nacionalistas, batllistas, radicales de izquierda e independientes? Por lo visto, una muy poco auspiciosa coalición opositora de coyuntura, con nulos resultados concretos y que, de paso, alienta el riesgo de presentarse ante la opinión pública como un bloque de fronteras difusas cuyo único norte es acosar al Frente Amplio.



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