Oro y sangre del dictador

En 1972, en plena dictadura de Idi Amin en Uganda, John Akii-Bua fue oro olímpico en 400 vallas y tocó el cielo con las manos para luego conocer un infierno de tragedias y olvido

Campeón de boxeo, torturador, caníbal y genocida que no pasó un día en la cárcel pese a haber sido responsable de la muerte de al menos 300 mil personas, Idi Amin gobernó Uganda entre 1971 y 1979 con una de las dictaduras africanas más sangrientas.

Durante ese lapso, un joven atleta de humilde extracción puso el nombre de Uganda en lo más alto de un Juego Olímpico. Su nombre fue John Akii-Bua, ganador de la medalla de oro de los 400 vallas de Múnich 1972.

Nacido el 3 de diciembre de 1949 al norte de Uganda, Akii-Bua fue hijo de un granjero semi nómade y polígamo (tuvo ocho esposas y 44 hijos). “En la adolescencia, levantarme a trabajar la granja a las 5 de mañana fue demasiado para mí; no tenía zapatos para protegerme contra las serpientes”, dice el narrador en el documental que la BBC produjo en 2008: The John Akii-Bua Story, An African Tragedy.

El documental se basa en la historia que él mismo escribió a lápiz en unos blocs que le entregó a su entrenador, el inglés Malcolm Arnold.

“Ordeñaba las vacas, araba con ellas. En 1956, cuando era muy joven los leones se comieron ovejas y cabras de nuestra granja y también vacas. Vi de cerca varias pitones grandes y teníamos monos salvajes que te arrojaban cosas y te hacían salir corriendo”, le contó en una entrevista a Sports Illustrated después de su consagración en Munich.

Su padre murió en 1964 y fue su madre quien lo instó a irse a la ciudad para progresar.

Así llegó a la capital de Uganda, Kampala, y después de un par de trabajos irregulares, se enroló en las filas de la policía que reclutaba jóvenes fuertes y atléticos en sus primeros años de vida como nación independiente (hasta 1962 estuvo bajo el protectorado de Gran Bretaña).

En 1967, cuando el país era gobernado por otro dictador, Milton Obote, Akii-Bua ganó el campeonato policial y el inglés Arnold desembarcó para entrenar a la selección de atletismo de Uganda.

Pero para correr en Múnich, el vallista solo contaba con el antecedente de un cuarto puesto en los Juegos de la Mancomunidad (Commonwealth) de Edimburgo 1970 con una marca de 51.14.

En Múnich, el favorito era el británico David Hemery, campeón en México 1968 y poseedor desde entonces del récord mundial en 48.12. Pero a la hora de correr quedaría relegado al tercer lugar.


Desde el desventajoso primer carril –donde el control de la carrera se complica–, Akii-Bua venció el 2 de setiembre de 1972 al estadounidense Ralph Mann por seis metros.

Y lo hizo mejorando el récord mundial llevándolo a 47.82 y rompiendo por primera vez en la historia de la prueba, la barrera de los 48 segundos. Además, se convirtió en el primer africano en ganar un oro en una prueba de velocidad ya que el fuerte del continente son las pruebas de semifondo y fondo.

En su retorno a Uganda, Akii-Bua, fue llenado de honores. Fue promovido a inspector de policía, le compraron una casa y una avenida de la capital pasó a tener su nombre.

Pero fue poco después que la dictadura de Amin comenzó a matar, entre tantos, a quienes pertenecían a la etnia tribal de Akii-Bua. Una de las víctimas fue su hermano.

Amin, recreado por un excelente Forest Whitaker en El último rey de Escocia donde la ficción se entremezcla con la realidad (el personaje del doctor que encarna James McAvoy es ficticio), fue un sanguinario dictador que se autoproclamó caníbal y a quien se le descubrieron varias cámaras frigoríficas con restos humanos en lugares que solía frecuentar. La cantidad de víctimas que se cobraron sus violaciones a los derechos humanos se sitúan etren 300 mil y 500 mil.

En 1979 quiso invadir Tanzania y eso fue el fin de su dictadura. Se exilió en Arabia Saudita y Unión Soviética pese a que en sus primeros años de dictadura se proclamó fiel a Gran Bretaña e Israel. Cuando rompió relaciones con estos dijo ser antisemita y trenzó relaciones con la Libia de Muamar El Gadafi. Murió en 2003 sin pisar una cárcel.

La muerte del hermano de Akii-Bua y el hecho de advertir en lo que se había convertido el país que lo había condecorado, derrumbó psicológicamente al campeón olímpico. Su carrera terminó materialmente en 1976 cuando a pocos días del comienzo de los Juegos Olímpicos de Montreal, Amin plegó a Uganda al boicot africano hacia el certamen que había admitido la presencia de Nueva Zelanda cuyo equipo de rugby había jugado ante Sudáfrica, condenada entonces por su política de segregación racial (apartheid).

Lo volvió a intentar sin éxito en Moscú 1980 donde quedó afuera en semifinales con un magro 51.10.

En 1979, tras la caída de Amin, abandonó su país y se refugió en Kenia. En la frontera estuvieron a punto de dispararle a él y a su esposa que estaba embarazada y que dio a luz días después. El bebé, prematuro, murió y sus padres no tenían dinero ni para pagarle el funeral.

Akii-Bua pasó un mes en un campo de refugiados y cuando volvió a Kampala vio que su casa había sido arrasada por quienes seguían viéndolo como un símbolo de la era Amin. Se tuvo que instalar en Nüremberg, Alemania.

Recién volvió a su país en 1987 y en 1990 se enroló nuevamente en la policía. Olvidado se entregó al alcohol. Murió de cirrosis en 1997. Tenía 47 años.


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