Panamá Papers: barquito de papel

La divulgación de nombres de uruguayos con intereses en Panamá no fue una hecatombe, sino un mapeo parcial del statu quo

La difusión de los "papeles de Panamá", millones de documentos del estudio Mossack Fonseca, dedicado a la creación y registro de sociedades en el extranjero, deja en ropas menores a decenas de miles de ricos de todo el mundo. Ya ha provocado derrumbes de diversa índole, aunque el terremoto recién se inicia y hará historia, como hicieron los papeles del Pentágono, WikiLeaks o Edward Snowden.

Las teorías conspirativas, que explican fácil lo complejo, ya son más abundantes que los propios papeles. Pero hay mucha información valiosa en los documentos filtrados, hechos puros y duros que contribuyen a describir el mundo. En el mejor de los casos, son un pantallazo muy vívido sobre la riqueza discreta. En otros casos, hablan de delitos, avaricia y ansias de poder. Estos no son fenómenos nuevos, por cierto, pero ahora parece que el rey anda desnudo y debe correr. La tolerancia de los agobiados habitantes de este mundo ante la corrupción y el engaño es cada vez más baja.

Las offshore en "paraísos fiscales" no son ilegales o ilegítimas per se, aunque en muchos casos, demasiados, esa industria sirve para el disimulo o la mentira a gran escala: para evadir impuestos, esconder dinero a un cónyuge, financiar un posible exilio, hacer negocios basados en la información calificada a que los gobernantes acceden, enterrar fortunas no declaradas o mal habidas.

Panamá es un caso extraordinario: su prosperidad relativa depende del canal interoceánico, aunque también de la bandera de conveniencia que concede a buena parte de los barcos del mundo, del lavado de dinero del narcotráfico o de su "paraíso fiscal" y secretismo bancario.

Por más reveladora que sea, en cierta forma la filtración ha sido muy parcial. Apenas refiere a los documentos de una de las muchas firmas que operan en uno de los muchos paraísos fiscales, que van desde isletas del Pacífico sur o del Caribe hasta territorios o estados de Estados Unidos, pasando por minúsculos principados europeos. (Se especula que los "paraísos fiscales" de Estados Unidos, como Nevada o Delaware, serán algunos de los grandes beneficiarios de la presumible caída en desgracia de Panamá).

Uruguay es uno de los países con intermediarios más activos de Mossack Fonseca. Durante buena parte de su historia, captó dinero fugado de Argentina y otros países, y más todavía tras establecerse el "secreto bancario" en 1982. Esa legislación se suavizó luego gradualmente. En 2010, bajo presión de la OCDE, Uruguay se comprometió a levantar el secreto bancario a pedido de las autoridades impositivas de países con los que hubiera firmado acuerdos de intercambio de información.

El primer caído en estas costas fue Juan Pedro Damiani, presidente del Club Atlético Peñarol, quien renunció al Comité de Ética de FIFA tras saberse que su estudio facilitó muchos negocios bajo investigación.

Pero la divulgación de los nombres de cientos de clientes uruguayos de Mossack Fonseca no fue una hecatombe, al menos por ahora, sino más bien un mapeo parcial del statu quo. Salvo algunas sorpresas, la lista es relativamente previsible: empresarios, profesionales, agentes financieros, deportistas, políticos y burócratas de alto vuelo.

Esta filtración, como antes muchas otras, demuestra que mantener grandes secretos es cada vez más difícil en el mundo de las tecnologías de la información y de legislaciones estrictas para perseguir el terrorismo, el narcotráfico y la evasión.

¿Los "papeles" son información incompleta y renga? Sí, claro. Flotan muchísimas preguntas. Ejemplo: ¿quién filtró el paquete? ¿Por qué? Pero la historia se escribe de a retazos, pues nadie puede contarla toda por sí mismo. La justicia y la libertad no existen, salvo aproximaciones, pero son mucho mejores que nada.

Todos tienen opinión gracias a la información que recogen de la prensa libre y las redes sociales, incluso aquellos que han defendido la censura sobre internet y la prensa bajo control de gobiernos totalitarios.

Hoy, cualquier persona puede acceder a muchísima más información que cualquier otra generación en la historia. Los rastros electrónicos que dejamos brindan más información a los comerciantes, a la DGI o al Ministerio del Interior que espiar por el ojo de la cerradura. De igual modo, la reciente divulgación de lo hablado durante una reunión del Consejo de Educación Secundaria dice más sobre los problemas de la enseñanza pública en Uruguay que todos los documentos oficiales de décadas.

La circulación de información es abrumadora. Uno de los grandes problemas de la libertad, como siempre, es elegir entre el fárrago, lo que demanda cierta formación y criterio. Pero cualquiera sea la consecuencia de la difusión de los "papeles de Panamá", el mundo es ahora una pizca más transparente que ayer.


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