Pasarán, pasarán, el primero quedará

Sin superlema, la consigna de los partidos tradicionales es mantener la buena onda, sin zancadillas ni codazos dignos de tarjeta amarilla
Fue un show interesante. La platea que asistió el jueves 28 a la Asociación de Dirigentes de Marketing fue a medir y comparar las destrezas de los principales líderes del Partido Nacional y del Partido Colorado, reunidos a propósito de los 180 años del nacimiento de ambas divisas.

Uno por uno, Luis Lacalle Pou, Jorge Larrañaga, Pedro Bordaberry y José Amorín pusieron todo de sí para transmitirle al público –su público– que no está presente la idea de una "fusión" en clave de la Concertación montevideana, que muy a su pesar catapultó las aspiraciones políticas de Edgardo Novick.

Al parecer, no era lo que muchos querían escuchar.

Y los líderes olfatearon rápido.

Ya en el escenario y bajo los reflectores, los cuatro desplegaron toda su simpatía. Uno y otro se mencionaron por el nombre de pila; colorados citaron blancos y viceversa, una y otra vez fueron invocadas las historias de acuerdos entre ambos partidos, particularmente ante la crisis de 2002, y fue plena la disposición para alcanzar entendimientos programáticos. Incluso fue bien recibida entre los colorados la propuesta de Larrañaga de llegar a octubre con acuerdos mínimos sobre grandes temas.

No hubo una sola alusión a revoluciones ni episodios cruentos del pasado, algo que despertó sonrisas socarronas en alguna mesa. Obviamente es un comportamiento políticamente incorrecto y una tentación para el trovador en la galería.

Sin fusiones, paraguas o superlema, blancos y colorados se mostraron como el cerno opositor –diría la jerga lacallista–, capaz de articular con el Partido Independiente, Novick y todo el que pueda sumar algún voto. Es que no sobra nada. Más bien, hasta ahora han faltado unos cuantos. De hecho, en las últimas elecciones blancos y colorados no lograron reunir en el balotaje la suma de los votos obtenidos en la primera vuelta.

El 26 de octubre de 2016 el Partido Nacional obtuvo el 31,9% de los votos válidos (sin anulados ni en blanco) contra 13,3% del Partido Colorado, 3,2% del Partido Independiente y 0,8% del PERI. El Frente Amplio obtuvo 49,4%, lo cual le alcanzó para obtener la mayoría parlamentaria en función del sistema electoral. En la segunda vuelta, Tabaré Vázquez consiguió el 56,5% de los votos válidos contra el 43,5% de Lacalle Pou.

Es evidente que no se consiguió la suma de blancos y colorados (45,2%), ni la de ambos partidos tradicionales más el Partido Independiente y el PERI (49,2%). Únicamente podría haber ganado en primera vuelta si todos los votantes de la izquierdista Alianza Popular (1,2%) hubiesen votado en bloque al líder blanco. En Chiba City, Case hubiese deseado probar esa droga sintética (Neuromante, William Gibson).

La cosa es que hay fugas entre la primera y la segunda vuelta, lo cual muestra dificultades a la hora de alinear a los votantes que, por suerte, ejercen toda su libertad, alimentada por simpatías, fobias, pasiones y prejuicios.

La concertación era y es una buena idea, una carpa que podría obligarles a convivir bajo un mismo techo de lona por un tiempo. Pero no va. Se quemaron con leche y la concertación muge.

Entonces la fórmula es la misma de siempre: competencia primero y apoyo mutuo después en un sistema de respaldo entre "cooperantes", como definió Lacalle Pou. La palabra evoca a los replicantes de Blade Runner. Todos la quedan menos uno y es una mujer.

Desde la elocuencia de Larrañaga, los toques de humor de Bordaberry y Lacalle Pou, hasta la formalidad de Amorín, todos se esforzaron en mostrar que ahora será más fácil entenderse para ganar y, eventualmente, gobernar.

Sin superlema, la consigna de los partidos tradicionales es mantener la buena onda, sin zancadillas ni codazos dignos de tarjeta amarilla. Es un desafío importante para todos y tiene los mismos riesgos que un cartel, hay incentivos para que alguno se corte solo con el cuchillo bajo el poncho o el sobretodo.

Si eso funciona habrá que ver si funciona. Habrá bostezos en la tribuna, pero bue... hágale.

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