Perdidos en el espacio fiscal

"Se acabó", cantaba Joan Manuel Serrat en "Fiesta"
El sol nos dice que llegó el final/ por una noche se olvidó/ que cada uno es cada cual". Así con las vacaciones de cada verano. Así con el teatro de sombras chinescas con el que el fracasado gobierno frenteamplista destruye los fundamentos económicos del país.

No quedan ya lugares donde esconderse. Hoy sabemos que el déficit presupuestal de 2016 no solamente no se redujo en relación a 2015 (como desembozadamente se nos mintiera que lo haría, apretando el torniquete del ajuste fiscal), sino que alcanzó a 4% del PIB: la cota más alta desde 1989, superior al registro de 2015, a su vez la más alta desde 2002. Y esto, en la neo-lengua del régimen, es "progresismo".

¿Cómo mitigar este desastre? La realidad que vemos en las calles al regreso de la playa no nos da espacio para el aliento. No se registran ya inversiones significativas en el país, y sí cierre de empresas. No se registra crecimiento, salvo el atónico latido de la meseta instalada desde 2014, cuando comenzaran a caer los precios internacionales de las materias primas.

Y del empleo, mejor ni hablemos: el desempleo está en 7.5% de la población económicamente activa, por lo que, si desglosamos de ésta a los casi 62.000 funcionarios públicos ungidos por el frenteamplismo como clientes de privilegio, nos topamos con el 10% de 2006: más progresismo.
En suma: la explosión de la economía uruguaya a la que debemos el período más expansivo de su historia nos deja peinados y sin empleos. Que es decir sin futuro.

Esta mala noticia tiene, a su vez, una triste sombra: ya contabiliza ajustes impositivos y tarifarios, así como postergaciones de gastos, por lo que ello no implica sino un único desenlace: que prontamente seremos forzados a volver al peluquero tarifario e impositivo, sin capacidad de invertir. Otra "consolidación" fiscal. Vaya éxito.

El gobierno ha elegido, por lo demás, la peor forma de hacernos conocer esta información: la de aderezarla con explicaciones infantiles.

El presidente Tabaré Vázquez se ajustó a esta técnica al invocar, por lo pronto, la "prudencia y equilibrio" como norte de una administración cuyo presupuesto exhibe un gasto equivalente a 25.2% del PIB, e inversiones por 2.4%, en tanto se apresta a aumentar, en los próximos meses, el endeudamiento que hoy, y para el gobierno central, ya representa 50% del PIB. Dime de qué te aprecias, y te diré de qué careces ...

Y no queda allí. Sereno y atildado, nos diagnosticó que el déficit hoy por todos conocido "estaba previsto que subiera (...) por Fonasa", a lo que agregó de inmediato, en tono compasivo y humanitario: "más que un gasto, es una inversión". Solo que, claro, no lo es: es un gasto corriente, y no representa sino una mínima fracción de un inocultable agujero fiscal ahora equivalente a 2.042 millones de dólares.

¿Conclusión? Que no nos preocupemos. Que lo que hoy vemos como un horror, es apenas un hipo, y que "al cierre de esta administración" el déficit estará ubicado en 2.5% del PIB "que es absolutamente tolerable (sic) para el país". Garantizado. Por quien nos dijo que comenzaríamos a exportar el gas que no tenemos a la Argentina que le sobra este mes de febrero. Que las ganancias de nuestros inexistentes pozos de petróleo irían a dar a un fideicomiso. Que la carne uruguaya entraría finalmente al mercado japonés. Que "a más tardar" en 2018 lanzaríamos las negociaciones por el TLC con China que China no quiere, a menos que nos lo apruebe Brasil.

Hoy podemos, pues, razonablemente concluir que el 2.5% anticipado por el presidente no corresponde siquiera a una expresión de deseos.

Esa cifra podría darse sí, y solo si, el país no tuviera que enfrentar obvios obstáculos como, por ejemplo, las presiones salariales que aplicará a marcha camión la rama sindical del régimen, o la atención a bombas fiscales como la que representa el desfinanciamiento de la Caja Militar, o del inaudito sistema de salud diseñado por el frenteamplismo, para no hablar de la realización de irresponsables fantasías como el sistema nacional de cuidados. O del implacable fundamentalismo de los fedayines parlamentarios del régimen, en cuyas manos se apuró el desentendido presidente a poner la suerte de la Rendición que vendrá ... porque Rendición, para nuestro mal, vendrá.

O, alternativamente, el regreso al ya remoto 2.5% podría darse si el país se embarcara en un ciclo de firme crecimiento económico: algo que ningún analista prevé, ni por el adverso contexto internacional, ni a la luz de la disparatada ingeniería regulatoria que el frenteamplismo le ha inflingido al país, con la misma contundencia que la mejor anudada manea del cuero más curtido.

Tras fracasar, sonoramente, en todas las giras emprendidas por el exterior, el gobierno se apresta a fracasar nuevamente en febrero, visitando Europa en la abigarrada compañía de una vasta delegación empresarial. Con leer un diario, y apenas en castellano, les bastaría para saber que nada traerán consigo a su regreso, por lo que la atención debe ponerse en la escala finlandesa, donde las autoridades uruguayas harán lo imposible por persuadir a UPM en el sentido de construir en Uruguay otra planta pastera.

Es, a esta altura, la presunta carta salvadora de este gobierno, hoy expuesto a llegar a los libros de historia apenas como aquel que ... bueno, nos distrae con sus cuentos. No será una tarea sencilla.
Y deberá, por sobre todo, navegar con delicadeza las aguas de una empresa que, con toda probabilidad, también haya leído los diarios que hoy comentamos.

Que conoce la descarrilada avidez fiscal de un régimen al que solo canta loas esa Casandra de plasticina, el FMI.

Que conoce, en suma, la línea política de la coalición gobernante, en el sentido de aumentar, y como sea, la presión tributaria, y de hacerlo en especial sobre las grandes inversiones extranjeras, con precisa atención a las exenciones otorgadas.

El gobierno ha comenzado ya su gastado ballet de pretender que las inversiones ferroviarias que UPM requiere están ya en marcha: algo que nosotros podríamos llegar a creer, pero ciertamente no UPM. Y no ha podido ni podrá, por cierto, extender a la empresa la requerida garantía escrita de no topar con la Santa Inquisición del régimen: el PIT-CNT y su universo de destrucción de empleos.

Solo nos queda, por tanto, rezar para que la plana mayor que UPM presente en Finlandia caiga bajo la improbable seducción narcotizante del presidente, y su muy celebrada y clerical salmodia sobre la "prudencia y el equilibrio" de su administración.
Y que Momo nos acompañe.

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