Periodistas: hurgando en el Cielo, penando en el Infierno

El “mejor oficio del mundo” y Hollywood

García Márquez dijo que es el mejor oficio del mundo y Thomas Jefferson que prefería periódicos sin democracia a democracia sin periódicos.

El periodismo es todo esto y más si se le pone pasión; sino es solo un oficio. Normalmente el cine ha despreciado la imagen del periodista. Es un cliché cinematográfico que en determinado momento un deportista famoso, un gángster, una actriz, un cantante, etc, etc, sale de un lugar y un enjambre de periodistas, a veces luciendo gorritos y chalecos, otros con cámaras o libretitas, corren hacia el protagonista en un bullicio difícil de entender, hasta que el centro de su atracción se va en un auto y ellos quedan allí, con sus trajes arrugados.

Pero hay otras películas en las que el periodismo es otra cosa y el periodista en vez de integrante de un enjambre, es una abeja con aguijón y todo. Aquí van tres que se pueden ver en este momento en cine o TV o PC o smartphone.

El globo que llegó al cielo

El 2 de julio de 2001, Martin Baron, quien había sido director del diario Miami Herald, llegó por primera vez a la sede del Boston Globe, el diario que lo había fichado ese año también para ser su director. Ese mismo día tuvo su primera “reunión de editores”, una liturgia mundial dentro del funcionamiento de una redaccción. Luego que todos hablaron de los temas que tenían para el día siguiente, Baron se refirió a una columna que había leído en el propio Globe, referida a un cura pederasta de Boston, la ciudad con mayor presencia católica del país. Un editor le explicó que no habían podido avanzar sobre ese dato ya que la Iglesia se negaba a hablar.

Proveniente de un estado (Florida) donde es común para los periodistas hacer pedidos de información ante la Justicia, Baron preguntó si se había presentado algún recurso para obtener los datos. “No”, le dijeron, “¿por qué?”, repreguntó él.

Así comienza la película Spotlight (en español, En la primera plana) una de las nominadas en la categoría Mejor Película para el Oscar.

Lo que sigue es una clase única y maestra del llamado “periodismo de investigación”, que no puede faltar en la cartera de las docentes y el portafolio o carpeta de los profesores de periodismo. Esto ya es historia y no hay como cometer spoilers: descubrieron casi 100 curas pederastas, el cardenal de la ciudad fue removido y los muchachos del Globe se ganaron un Pulitzer.

“Todos los periodistas, de una u otra forma, investigan”, suelen responder muchos profesionales ante los requerimientos de “periodismo de investigación”. Es verdad, aunque parcialmente. Spotlight es el nombre que tiene el equipo de investigación del Boston Globe. En momentos que diarios importantes cortaban su plantilla o directamente bajaban la cortina, el Globe dedicó cuatro periodistas de su redacción –cuatro buenos, no vagos ni advenedizos- y los ubicó en una oficina. La consigna: averigüen, y cuando lo sepan todo, o casi, lo publicamos.

En medio del temporal de cierres de periódicos, el Globe, para sortearlo al menos transitoriamente, no fue al banco, apeló al periodismo.

La película no refleja un episodio tan traumático, incluso para el periodismo, como el que generó el caso Watergate, revelado por The Washington Post en 1972 y que provocó la caída de Richard Nixon, un caso muy bien presentado en la película “Todos los hombres del presidente”. Pero si usted es periodista y ve Spotlight, seguro que se sentirá un poco más orgulloso de serlo.

Matar al colega

Como en todos los jardines, no todos son rosas para el periodismo.

En 1996 y con 41 años de edad, Gary Webb era periodista en el modesto periódico californiano San Jose Mercury News. Ese año publicó el primero de una serie de artículos a los que tituló "Alianza oscura”.

Webb descubrió que desde el año 1984 –cuando surgió la llamada “epidemia del crack”- la CIA había protegido a los narcotraficantes que llenaron de crack las calles de los barrios del país, especialmente los ubicados en la ciudad de Los Ángeles. La población negra era la más afectada.

¿Por qué la CIA hizo tremendo acto? Porque el presidente Ronald Reagan quería financiar a la Contra nicaragüense que combatía con el “comunista” régimen del Sandinismo. Y para eso necesitaba dinero. Una parte de lo que se obtenía por la venta de drogas, iba a la compra de armas.

Diarios como New York Times, Washington Post y los Ángeles Times –monstruos al lado del modesto San Jose Mercury News- no estuvieron a la altura de las circunstancias ante tremendo acto criminal.

Acosaron sin pudor los datos obtenidos por Webb al punto que un periodista veterano comentó: “Si en vez de atacar a Webb se hubieran dedicado a investigar lo que este revelaba, se hubiese sabido mucho más”.

Iban y le preguntaban a la CIA si era verdad lo que decía Webb, una práctica que abunda en el periodismo local seguramente incluso con más asiduidad: “Señor ministro, es verdad lo que publica hoy …”.

Lo destruyeron basándose en detalles que podían no ser correctos o confirmados. Webb, quien en 1990 había obtenido un premio Pulitzer por una cobertura colectiva del terremoto de Loma Prieta, fue despedido y el diario pidió disculpas. No volvió a ejercer su profesión a pesar de que, años después, el gobierno admitió públicamente su papel tal como lo había señalado el periodista.

El 10 de diciembre de 2004 Webb apareció muerto en su casa.

El hecho de que se lo encontró con dos balas en la cabeza hizo inclinar a muchos por la tesis del asesinato aunque las pruebas afirman que uno de los disparos apenas le hirió la mejilla, con lo cual su conclusión fue: “suicidio”.

En cualquier caso parece claro que a Webb lo mató las consecuencias de su trabajo en un diario del primer mundo y ello aparece reflejado en el film “Matar al mensajero” (Netfltix).

Aquí un breve documental sobre el caso

Historia de una derrota

Verdad (Truth). Así se llama la película filmada el año pasado y en la que Robert Redford y Cate Blanchett protagonizan el caso que provocó la renuncia de Dan Rather, el monje de las noticias en CBS y una leyenda viviente al frente de su programa “60 minutos”.

En 2004, los productores de Rather llegaron a la conclusión de que tenían pruebas suficientes como para publicar una historia según la cual el -de nuevo- aspirante a la presidencia, George W. Bush, maniobró para entrar en la Guardia Nacional mientras que las Fuerzas Armadas se despedazaban en Vietnam.

Fue todo un desastre. Los informantes se dieron vuelta y dijeron ante la Justicia que habían mentido con argumentos pueriles.

A los de la CBS les pasó como le pasa a veces a la Policía: cree que hay casos “policialmente resueltos”, porque está convencida que fulano es el asesino, pero luego en la Justicia no están las pruebas que lo demuestren. Bueno, eso.

Aunque el film es la historia de una derrota hay diálogos o monólogos que son un mensaje para quien quiera escucharlos.

Redford se pregunta por qué las audiencias van tras programas como Survivors en vez de uno sobre los sobrevivientes del genocidio. “Hubo un tiempo en que era un deber (dar noticias). Te juro que lo fue”, le dice a Blanchett (que interpreta a Mary Mapes), y agrega: “Pronto abandonaremos nuestras propias historias porque son demasiado caras”.

El día que se despidió al aire en CBS -obligado por la direccion de la empresa, como consecuencia del "escándalo"- Rather mencionó una larga lista de personas empezando por los ciudadanos todos: los trabajadores, los oprimidos, los periodistas que trabajan en lugares donde dejan la vida. Y al final, antes de levantarse para abandonar por siempre el oficio de contar historias, les reclamó a todos una palabra que él usaba como un latiguillo: “Coraje”.


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