Petróleo escondido

Manual para mujeres de la limpieza, de la estadounidense Lucia Berlin, reúne cuentos de toda su carrera que destacan por su crudeza y su carácter autobiográfico
Se tiende a ver a Estados Unidos como un país monolítico, de convicciones firmes y poco afecto a los cambios. Pero si se mira al detalle su historia se observa que no es así: las transformaciones sociales y culturales son una constante. No obstante, si algo no ha cambiado en aquel país desde su fundación es el concepto de éxito, que determina hasta hoy el lugar que ocupan sus ciudadanos en la escala social.

Quizá por eso (por no haber vendido millones de libros en su momento), la obra de Lucia Berlin quedó en las sombras hasta ahora que un grupo de amigos decidió reeditar su trabajo, más de una década después del fallecimiento de la escritora.

Su caso es igual al de Alfred Hayes, otro gran escritor que pasó a mayor gloria sin que nadie se enterara de sus libros, hasta que alguien decidió hace un par de años desempolvar sus novelas amorosas, todas ellas de gran calidad.

Pero a diferencia de Hayes, Berlin tuvo una vida desgraciada en más de un sentido. Fue una alcohólica durante décadas, sufrió de escoliosis desde niña, tuvo tres matrimonios que fracasaron y cuatro hijos que debió criar sola. Para sobrevivir trabajó de mucama, vendedora, telefonista y auxiliar de enfermería en un hospital. Solo al final de su vida y durante seis años fue profesora sustituta en la Universidad de Colorado.

Todos sus relatos reflejan esa biografía convulsa, llena de golpes y caídas, y lo hacen desde un lugar singular, ya que la autora no duda en intercalar una confesión íntima y tremenda en medio de una historia cualquiera. Esto tiene el efecto de otorgarle una verosimilitud extrema a lo que se narra y pone al lector en absoluta comunión.

Berlin no tiene una prosa excelsa, no maneja los tiempos con maestría, no cuenta nada del otro mundo y, sin embargo, no se puede escapar al embrujo que provoca Manual para mujeres de la limpieza. La clave está en su realismo, trágico y melancólico, y en cómo describe las situaciones que viven sus personajes, desde las más superfluas como un viaje en ómnibus a las más tremendas como las estadías en clínicas de desintoxicación.

Puede, como en Mi jockey, escribir un relato apasionante de solo dos páginas donde el tema es el cuerpo en miniatura del deportista maltrecho que debe atender en urgencias.

O describir, con la misma eficacia, el infierno de un geriátrico y el peso de una decisión.

Muy de tanto en tanto se permite algún párrafo humorístico, como en el texto que da nombre al libro, un relato estupendo que da título al libro, donde la autora describe las mil manías de sus ocasionales patronas con una picardía no exenta de crítica social.

Pero Berlin se hace realmente interesante cuando hurga en sus abismos personales. El libro ofrece varios cuentos maravillosos sobre sus problemas con el alcohol, otros varios sobre su madre (también adicta a la bebida) y muchos sobre sus idas y vueltas amorosas, que tienen en Hasta la vista, a uno de sus mejores exponentes.

El libro reúne 43 relatos y en un apéndice se dice que Berlin escribió un total de 76, lo que supone una muestra más que representativa de su literatura. La mayoría son breves o muy breves, a veces son como instantáneas, fotografías de una mañana cualquiera mientras se va de camino al trabajo o extractos de un diálogo casual.

El encanto de Lucia Berlin no está en su concepción del mundo, ni en su profundidad conceptual. Está justamente en el polo opuesto, en su capacidad de expresar sus dudas más que sus convicciones, en poner a los sentimientos por encima de todo, en presentar la situación y dejar que sea el lector el que saque las conclusiones, en contar sus miserias con una dignidad enorme. Un verdadero descubrimiento.

$ 550
es el precio de Manual para mujeres de la limpieza (Editorial Alfaguara, 427 páginas)

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Acerca del autor

Andrés Ricciardulli