Privados bajo fuego ideológico

Desde su surgimiento, las universidades privadas han sido una espina ideológica en los sectores de izquierda

Desde su surgimiento hace cuatro décadas, las universidades privadas han sido una espina ideológica en el costado de los sectores de izquierda que parecen seguir creyendo que el estatismo de corte marxista ha triunfado en algún lado. Los recurrentes ataques contra esos centros fracasaron año tras año, por la percepción de sucesivos gobiernos de que ofrecen una opción formativa más sólida que la gigantesca pero despareja Universidad de la República (Udelar). Ahora, sin embargo, un artículo incluido por la bancada del Frente Amplio en la Rendición de Cuentas excluye a las cinco universidades privadas de la exoneración tributaria que existe para las donaciones a todas las instituciones docentes de carácter terciario, exoneración que estableció el propio FA.

La medida, incorporada a propuesta de la diputada Macarena Gelman en ese fárrago de controversias internas frenteamplistas en que se ha convertido la Rendición de Cuentas, es claramente discriminatoria y responde a un nuevo intento de presión ideológica contra el sector privado en el campo de la educación. Discrimina exclusivamente contra las universidades porque no se aplicaría a los demás centros de estudios, tanto públicos como privados. Esto significa que tanto la Udelar y las demás instituciones públicas como los colegios y los liceos privados seguirían gozando de las actuales exoneraciones fiscales a las donaciones. El efecto de la medida sería privar a las universidades privadas de un promedio de US$ 1,4 millones anuales en donaciones, suma que se dedica a becar a estudiantes que no pueden pagar la matrícula y a actividades tecnológicas, uno de los puntos más flojos de la enseñanza pública.

En declaraciones a El Observador, Gelman reconoció que el monto no es significativo y adujo que su propuesta “tiene que ver con lo conceptual de proteger más que nada la educación pública”. Su posición carece de todo fundamento ya que si las donaciones desaparecen de las universidades privadas al perder la exoneración tributaria, nada obsta a que esos aportes, en vez de ir al sector estatal, se vuelquen al vasto número de escuelas y liceos privados que funcionan en el país. Incluso uno de estos centros, el liceo privado pero gratuito Impulso, recibe anualmente donaciones por US$ 1,7 millones, más que el total aportado a las universidades Católica, ORT, de Montevideo, de la Empresa y el Claeh.

Más grave que esa falacia argumental es el desvío ideológico de la medida propuesta. Cuando se le preguntó si se trataba de “un tema ideológico o programático”, Gelman respondió que “sí, se puede llamar un tema programático”, absteniéndose significativamente de desmentir la intención ideológica que campea en el proyecto. Juan Manuel Gutiérrez, rector de la Universidad de Montevideo y secretario pro témpore del Consejo de Rectores del sector privado, precisó que la movida de la bancada frenteamplista a instancias de Gelman “constituye una clara discriminación contra las universidades privadas porque son las únicas instituciones excluidas de este régimen”, que seguiría ayudando a todos los demás centros públicos y privados del país. Entre las modificaciones que se discuten en el proyecto de Rendición de Cuentas, corresponde desechar la iniciativa de Gelman. A menos, naturalmente, que se quiera mostrar a Uruguay resuelto a profundizar su abismal atraso educativo al restringir la mejor formación terciaria disponible en el país.


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