Prohibido ahogarse antes de las 11

En las playas de Rocha los guardavidas llegan justo a la hora en que la gente debería irse para su casa

Los que bajamos a la playa a las nueve de la mañana somos bichos raros. Somos gente extraña en un mundo donde lo normal es achicharrarse con el sol del mediodía.

Llegamos con la playa vacía e intercambiamos miradas levemente cómplices con nuestros lejanos vecinos. Porque a las nueve y pico de la mañana las sombrillas y las reposeras no están pegadas, están lejos; y se disfruta esa soledad, claro.

Escribo estas líneas un rato después del mediodía. Estoy en La Paloma y mi día de playa terminó hace un rato, aunque quizás lo retome a eso de las seis de la tarde.

Admito que soy bastante nuevo en esto de bajar a la playa temprano y retirarme cuando llegan las masas. Al principio lo hacía obligado porque tengo un hijo pequeño, pero ahora le tomé el gustito a no sentir la piel tirante, a no quedar rojo camarón o a tomar sol sin tener cinco sombrillas al lado.

Pero no todo es perfecto. Los que bajamos a la playa temprano no tenemos quién nos cuide acá en Rocha.

Resulta que en este departamento los guardavidas trabajan de 11 de la mañana a siete de la tarde. Es insólito: no están a la hora en que todos deberíamos ir a la playa, a la hora recomendada por los dermatólogos.

Y a las siete de la tarde, cuando muchas veces las playas todavía están repletas, ellos levantan sus cosas, sacan las banderas (hasta las que marcan las zonas peligrosas para bañarse) y se despiden hasta el día siguiente.

Hace unos días discutí el tema en Twitter y el periodista Juan Miguel Carzolio me contó que ha visto algunos guardavidas con buena onda quedarse hasta más allá de las siete de la tarde cuando hay mucha gente. “Pero por amor a la causa (por no decir la vida de los bañistas)”, escribía Juan.

Porque la gran mayoría de los guardavidas se va a la hora que le toca. Nadie trabaja porque sí más allá de lo que le pagan. Un día quizás lo haga pero todos los días no.

Ojo, no creo que esto sea culpa de los guardavidas. La intendencia rochense no ha logrado concretar algo tan simple como disponer dos turnos de guardavidas que cubran un horario más amplio.

Igual no se le puede pedir mucha lógica a la intendencia rochense. A esta administración ni a ninguna otra. Los partidos han rotado en el poder y las desprolijidades en el gobierno se mantienen en este departamento.

Es verdad, no le puedo pedir cordura a una intendencia que recién colocó los recipientes para la basura en la playa el 10 de enero. Lo vi yo, no me lo contó nadie: ese día en playa Solari bajó una pala mecánica con varios recipientes pesados, de hormigón o algo así.

Es la misma intendencia que recién en los primeros días de enero tapaba algunos pozos en las calles de La Paloma. Algunos, porque unos cuantos quedaron sin tapar.

La misma intendencia cuyo secretario de comunicación escribió un disparatado comunicado sobre el caso Lola. Cito una frase: “Respiramos mejor, más tranquilos ahora en medio de la desgracia y el dolor por la muerte de Lola, la muchacha argentina. Porque no fue inseguridad local ni violencia local ni fragmentación social local la que generó este episodio”.

Fue el papelón del verano. Dio mucha vergüenza.

Son perlitas que se van sumando. Pero lo del horario de los guardavidas es triste y muestra muy poca preocupación por los veraneantes.

¿Con qué derecho juegan así con nuestras vidas?


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