Querido Ignacio: un homenaje al héroe español de Londres

La muerte del que socorrió al débil sin pensar y con compromiso

Un pequeño homenaje a Ignacio Echeverría, buen ciudadano y buen ser humano. Por Susana Mangana*

No nos conocimos. Sin embargo me gustaría creer que de alguna manera puedes sentir y escuchar lo que quiero contarte en esta carta. Cuando leí tu nombre por primera vez en la prensa pensé que eras vasco, como yo. Después, el día que se confirmó que habías muerto, supe que naciste en Galicia, la tierra de mis padres, y que viviste en Madrid, también un poco como yo.

Sentí pena y rabia. Una profunda tristeza porque, otra vez, una muerte injusta se suma a la de cientos de miles y quizá algunos más que no tendrían que haber partido en la forma que lo hicieron, ni en Londres, ni en Siria, ni en Yemen.

¿Por qué me dolió lo que te pasó? ¿Acaso no hay otras muertes inútiles que lamentar en ese mismo suceso y otros que se repiten en países en guerra? Es cierto que la sangre tira, por sensiblería patriótica o un sesgo de nostalgia, qué importa.

Me dolió porque tuviste el arrojo de socorrer al débil y no miraste al costado. Porque como docente me dedico a contarle a gente joven, chavales que recién comienzan su vida universitaria y otros que, así como peinan más canas, pierden la ilusión por las buenas acciones, que vale la pena comprometerse con el otro, y si es diferente más. Que busquen siempre lo trascendente y sigan siendo solidarios, que a pesar de las diferencias de etnia, religión y sexo todos compartimos un principio básico llamado humanidad.

Te escribo hoy quizá con la leve esperanza de que me lean tus hermanos, tu madre tal vez, y sientan que además de la pena que los embarga puede más el orgullo de decir: Ignacio sí se comprometió, no miró a un costado y ni siguió viaje en su bici.

A los que te lastimaron, a ellos hoy no les dirijo ni una línea. No merecen ni un improperio que les dé protagonismo ni por un instante. Ya habrá otro momento para explicar que sus acciones no lograrán sus objetivos viles y mucho menos les abrirá la puerta del edén. Ahí no van a entrar nunca y por lo tanto les tocará pudrirse en el infierno.

Sigue Ignacio, sigue patinando ahí arriba, donde a buen recaudo los dioses y sus profetas anotan nuestras acciones, la tuya no cae en saco roto y no te olvidamos.

Agur!

* Coordinadora del Programa de Política Internacional.
Responsable de la Cátedra Permanente de Islam. Departamento Formación Humanística.
Universidad Católica del Uruguay


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