¿Quo vadis Partido Colorado?

El coloradismo tiene ante sí el relanzarse o ir hacia nuevos proyectos
El Partido Colorado se encuentra en una encrucijada histórica, en que por primera vez está en juego su viabilidad como actor electoral de relevancia.

Hoy por hoy, medido más como humor de la gente que como perspectivas para 2019, su intención de voto se ubica en el 6%, ya producido el impacto del Caso Cambio Nelson y sin medir los efectos del retiro de Bordaberry .

En los dos años posteriores a las elecciones registra erosiones varias y además la posibilidad de captación por alguien que puede ser visto -por los votantes colorados- como alguien de la misma familia o como alguien por fuera del establishment.

Ya en 1989 el Partido Colorado sufrió una muy fuerte erosión por la aparición de una opción electoral vista como un pariente cercano: el Partido por el Gobierno del Pueblo de Hugo Batalla.

Además de la crisis colorada por la constante pérdida de apoyo popular, se suman problemas de estructura.

Vamos Uruguay sufre la misma crisis que sufrió el ramirismo en 1999, cuando tras la derrota de Juan Andrés Ramírez ante Luis Alberto Lacalle por la candidatura presidencial nacionalista, se fue para su casa.

Los restos del naufragio encontraron en ese momento quien lo juntase; de allí surge el liderazgo sectorial de Jorge Larrañaga. La diferencia es que por ahora no aparece nadie similar para recomponer Vamos Uruguay.
Por su parte los batllistas están en un proceso de recomposición, con varias figuras y sectores donde cada uno va por su lado y todos conversan con todos en un juego cruzado: Fernando Amado, José Amorín, Luis Hierro López, Ope Pasquet, Tabaré Viera -mencionados por riguroso orden alfabético- para referir a los más notorios.
¿Que caminos le quedan por delante al partido como conjunto, lo que no es independiente de cómo se proceso la reingeniería interna? En principio se ven tres grandes caminos:

Uno. El buscar una recomposición interna del Partido y su relanzamiento, que implica reposicionamiento ideológico claro y encontrar o un liderazgo individual o un claro y fuerte liderazgo colegiado (este camino amerita un análisis en sí mismo)

Dos. La búsqueda de caminos diversos y propios por cada componente del coloradismo, en particular el viaje de los grupos más nitidamente batllistas hacia la construcción de un espacio socialdemócrata, tal como lo plantea el Partido Independiente y que necesita -al menos de manera ideal- la presencia de otros desprendimientos desde el nacionalismo y el frenteamplismo (el Espacio Socialdemócrata también es tema para un análisis en sí mismo).

Tres. El buscar la conformación de un bloque opositor mayor o menor, de un bloque alternativo al actual oficialismo, algo así como operó el Partido de la Concertación para las elecciones departamentales y municipales de Montevideo.

Para comenzar por este último tema. La conformación de un bloque opositor o alternativo puede tener el nombre que fuere y puede apelar a la calidad de frente, alianza, unión, coalición u otras figuras políticas.

Y esencialmente puede seguir las mismas vías seguidas por el Frente Amplio para su creación hace medio siglo.
Al constituirse el Frente Amplio, los sujetos políticos con trayectoria, simbología y denominación de partido, no diluyeron esas calidades, sino que agregaron esas calidades distintivas al nuevo sujeto, en este caso con categorización de frente.
Fue el caso del Partido Demócrata Cristiano, del Partido Socialista, del partido Frente Izquierda de Liberación (FIdeL) y del Partido Comunista (que previamente, 9 años antes, se había subsumido en el FIdeL).

De alguna manera el Partido de la Concertación –que operó exclusivamente como coalición electoral– mantuvo el perfil del Partido Nacional y del Partido Colorado. El mantenimiento de perfil es un tema de estructura y de imagen, que va más allá del resultado electoral.

Otro paralelismo con el nacimiento del Frente Amplio es que en el proceso fundacional se planteó la dicotomía entre frente amplio o frente restringido, que en aquel momento quería decir "con" o "sin" los comunistas.

Es obvio que para formar un bloque alternativo no basta la voluntad de uno solo, sino de varios. Y se plantea la misma dicotomía, pero al revés.

Mientras en el caso del Frente Amplio esa dicotomía surgía por la resistencia que en determinados sectores provocaba la alianza con uno de los posibles convocantes, aquí surge porque no todos pueden tener voluntad de acordar.

Es entonces a la inversa. Un frente restringido sería la consecuencia de que no hubiese voluntad de todos.

Hay dos de los tres principales actores de la oposición tradicional o emparentada con lo tradicional a quienes ese bloque puede servir: el Partido de la Gente y el Partido Colorado.
Parecería que a la luz de los números actuales, no es del todo claro si conviene o no al Partido Nacional, que exhibe por sí mismo una gran fortaleza y capacidad de convocatoria. En todo caso es una reflexión que cabe hacer en si mismo.
También es una reflexión aparte el tema del Partido Independiente: si le sirve, le conviene o está de acuerdo con sus propósitos entrar en un bloque alternativo de toda la oposición; lo claro es que al PI esa encrucijada se le planteará solo si no prospera la construcción de un espacio socialdemócrata.

Parecería, en principio y en pinceladas iniciales, que por aquí anda uno de los caminos, uno de los tres. l

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