Raíces y perspectivas del “Espacio Socialdemócrata”

El pequeño Partido Independiente viene empujando con tozudez una alternativa imaginativa pero de destino incierto

*Doctor en Ciencia Política, docente e investigador en el Instituto de Ciencia Política, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de la República / adolfogarce@gmail.com

Durante los últimos meses se ha hablado mucho del “factor Novick”. No es para menos. La nueva fase de la irrupción política del ex candidato a la IMM (esto es, la construcción de un proyecto electoral de alcance nacional) es una de las novedades salientes del escenario político uruguayo. Pero no es la única. En el mismo caldo de cultivo, en el río revuelto, en este clima tan raro en el que ni el partido de gobierno ni los viejos partidos tradicionales logran entusiasmar a la ciudadanía, el pequeño Partido Independiente (PI) viene empujando con tozudez una alternativa imaginativa pero de destino incierto: el “Espacio Socialdemócrata”.

La idea es simple y poderosa. Los independientes argumentan que es necesario reunir en la misma etiqueta electoral a personas y agrupaciones que tienen amplias coincidencias ideológicas, pero que hoy, por estar dispersas, no tienen suficiente influencia política. Según los líderes del PI, la hegemonía de comunistas y emepepistas en la densa estructura frenteamplista (Mesa Política, Plenario, Congreso) impide que los astoristas, pese a controlar los principales cargos relacionados con el gobierno de la economía, puedan plasmar una orientación socialdemócrata en el rumbo general. El predominio de Luis Lacalle Pou en el Partido Nacional y de Pedro Bordabarry en el Partido Colorado, según esta lectura, desplaza la propuesta electoral de los partidos fundacionales hacia la derecha incomodando a líderes y electores que se autoidentifican como de izquierda moderada en ambos partidos (wilsonistas en el PN, batllistas en el PC).

De acuerdo a esta visión, por tanto, hay socialdemócratas en los tres partidos más grandes del Uruguay. Pero astoristas, wilsonistas y batllistas están en minoría, y terminan siendo funcionales a los sectores que, en cada caso, ostentan la hegemonía. La debilidad de los socialdemócratas en la oferta electoral contrasta, además, según los líderes del PI, con los valores que predominan en la sociedad uruguaya. La ciudadanía, al menos desde hace un siglo, es decir, desde los tiempos de la siembra batllista, tiene una fuerte orientación hacia la igualdad y reconoce en el Estado un vector clave en la promoción del desarrollo económico y social.

Cuando se lo formula en estos términos, en el planteo de los independientes retumban al menos dos debates anteriores que terminaron teniendo consecuencias políticas muy importantes. Resuena, por un lado, la discusión sobre la “crisis de los partidos tradicionales” durante la década previa a la creación del FA. También en ese entonces se decía que las fracciones de izquierda de los colorados y blancos eran funcionales a las de derecha. Resuena, por el otro, la discusión que precedió a la ruptura del FA y a la creación del Nuevo Espacio en torno al liderazgo de Hugo Batalla. Los socialdemócratas de entonces, que se referían a sí mismos como la “nueva izquierda”, sostenían que el FA estaba hegemonizado por los comunistas, a quienes etiquetaban como la “vieja izquierda”. En ambos momentos, en la gesta fundacional del FA a principios de los setenta y en su ruptura a fines de los ochenta, los demócrata cristianos jugaron un papel muy importante. Pablo Mieres, senador del PI y principal referente público de la “agenda socialdemócrata”, pertenece a esa tradición y la reproduce con solvencia y tenacidad.

Es relativamente sencillo, como puede verse, reconstruir el camino que conduce a la formulación del Espacio Socialdemócrata. Es mucho más difícil, en cambio, anticipar su destino. Vuelvo a la analogía con el proyecto político de Novick. Se habla de él porque logró captar, en poco tiempo, parlamentarios de otros partidos. Del mismo modo, se comenzará a hablar del Espacio Socialdemócrata cuando también los independientes logren que figuras importantes de otros partidos adhieran al proyecto. No es sencillo. No es fácil para dirigentes wilsonistas abandonar el PN para sumarse a un nuevo proyecto. La ideología (como resultará evidente) y el habitus (para decirlo con Pierre Bourdieu) los alejan de Lacalle Pou. Pero el cálculo electoral los acerca a él. Al fin de cuentas, el PN es un proyecto político pujante. Por eso mismo, es un poco más simple para los batllistas pensar en alejarse del PC, un partido cuya crisis es evidente. Pero la esperanza es lo último que se pierde y los colorados vienen trabajando intensamente en la forja de alternativas al liderazgo de Bordaberry.

El análisis de las perspectivas de posibles fugas socialdemócratas desde el FA merece párrafo aparte. Hace falta haber acumulado mucha frustración para abandonar un partido político que está en el gobierno. Pero con el enojo no alcanza. Aquí también, como en los otros partidos, los movimientos de unos inciden en las estrategias de los otros. La propensión de los socialdemócratas a abandonar el FA se incrementaría si el “ala izquierda”, como entre 2008 y 2009, lograra imponerse, y disminuiría si el FA compareciera a la elección nacional de 2019 con un candidato identificado con las posturas más moderadas. Mirado desde este punto de vista, el peor escenario para las expectativas que deposita el PI en la construcción del Espacio Socialdemócrata es una candidatura presidencial como la de Danilo Astori. Como ordena la simetría, el escenario más conveniente para el proyecto de los independientes es el de la postulación de José Mujica.


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