Raymond Carver, el escritor que marcó a una generación de lectores

Todos los cuentos reúne en un solo volumen el legado de un autor sobresaliente
Si una constante tiene Estados Unidos a lo largo de su historia es la capacidad de parir escritores de primer nivel en cada sucesiva generación. Cada uno de ellos, a su modo, retrató su época a la perfección y alguno, como Ray Bradbury, se atrevió incluso a visualizar el futuro y a describirlo con todo lujo de detalles.

En la década de 1980, Raymond Carver hizo lo propio con su célebre libro De qué hablamos cuando hablamos de amor, en el que advertía al mundo entero que el nuevo gran problema de la humanidad eran las relaciones amorosas y familiares.

Un puñado de cuentos breves y de estructura singular le alcanzaron para tocar el corazón de muchos, cuando decidió exponer sin medias tintas las miserias cotidianas del estadounidense promedio. La pareja, los divorcios, las infidelidades, las peleas por la tenencia de los hijos, la fuerza bruta de los hechos o el esplendor perdido de la juventud fueron algunos de sus temas preferidos para denunciar la locura del mundo moderno.

Sus relatos sin héroes son un corte abrupto en la realidad. Es como si una cámara de cine se acercara silenciosamente a una habitación donde un matrimonio discute y fijara ese momento para la eternidad, sin dar demasiadas explicaciones. Algo parecido a lo que en 1984 harían Wim Wenders y Sam Shepard en la película Paris, Texas, donde el amor lo es todo y América no existe, es solo un marco referencial accesorio.

En ¿Por qué no bailáis?, por ejemplo, una pareja joven se acerca a un jardín donde se rematan algunos muebles, prueban una cama y un televisor y dialogan con el vendedor, que aparece con una botella de whisky y los invita a tomar mientras regatean. Es notable el contraste entre los jóvenes enamorados y ese hombre anónimo que está perdiendo a su familia y vendiendo, literalmente, el corazón de su casa.

Y nada se explica en ese relato magnífico, ni el porqué ni el cómo de esa separación, como si solo importara ese momento particular, ese día donde el protagonista sabe que no hay vuelta atrás. Que su vida está cambiando para siempre.

Desconcertada por su estilo narrativo, la crítica especializada intentó colgarle varios rótulos de los que Carver siempre renegó en vida. Se dijo que lo suyo era "realismo sucio", aunque estaba muy lejos de Charles Bukowski y se dijo también que era un "minimalista", a pesar de que no le interesaban los detalles y sus temas eran universales.

En este sentido, la última polémica ha sido el descubrimiento de que su editor, Gordon Lish, habría metido mucha mano en sus relatos, recortando a diestra y siniestra las partes donde Carver se perdía o se ponía sentimental.

Aunque intranscendente, la controversia se mantiene hasta hoy. Leer los cuentos completos reunidos cronológicamente en esta edición permite, no obstante, observar algunas curiosidades. Una de ellas, es que el estilo de Carver es distinto en su primera etapa que en la final. El relato breve, parco y duro de los primeros libros de cuentos da paso a otro más elaborado y barroco, donde abundan los datos y las descripciones.

El libro


Hay que decir que Carver es igual de efectivo en cualquiera de las dos modalidades. Siempre es preciso y punzante, siempre clava el aguijón donde duele, como sin querer. Se limita siempre a contar, se ahorra las metáforas y las conclusiones. Es un documentalista de la tragedia, que puede parecer algo frío e impávido a veces, pero que siempre está parado sobre algo importante.

Dos matrimonios difíciles, media vida como alcohólico, mil trabajos diferentes y una muerte temprana por cáncer de pulmón a los 50 años resumen la biografía de Carver. Bien pudo ser el personaje de cualquiera de los cuentos que se reúnen en este libro

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Acerca del autor

Andrés Ricciardulli