Relatos salvajes de una defensora pública

Al retirarse del Poder Judicial la defensora Luz Marina Dupetit decidió contar en un libro casos de presiones, violencia y corrupción
La última amenaza de muerte se la hizo el narco líder de los Cuinis, Gerardo González Valencia, y quedó registrada en una escucha telefónica. Ocurrió poco después de que fuera procesado tras ser asistido por ella como defensora pública de Crimen Organizado.

La primera fue en 1990 en Bella Unión, su primer destino, luego de que denunció un caso de mala praxis médica. La que más la asustó: cuando fue apuntada con un arma corta de grueso calibre en la ruta, mientras volvía de Pando, por parte de un hombre que viajaba en un auto que segundos antes había intentado embestirla.

Las intimidaciones y presiones fueron una constante en los 27 años en que la abogada Luz Marina Dupetit trabajó en el Poder Judicial, según relata en un libro que prepara para ser publicado y al que El Observador accedió. Asegura que el estrés que le generó su trabajo la enfermó y por eso decidió jubilarse. Se retiró el 30 de abril pasado y diez días después, el 10 de mayo, fue intervenida quirúrgicamente. El libro se llamará Puesto Jodido.

Muerte dudosa en Bella Unión

A poco de llegar a Bella Unión -tras aceptar un puesto que continuaba vacante porque varios abogados lo habían descartado- recibió la denuncia desesperada de una pareja que acababa de perder a su bebé de cuatro meses tras ser sometido a un estudio en la mutualista de Artigas.

Según relató Dupetit en su libro, el pediatra de guardia en Bella Unión ordenó al bebé un estudio de esófago-gastro-duodeno porque había bajado de peso. Como el estudio demoraría, decidió ordenarlo con urgencia para que se lo hicieran en Artigas. Para hacerlo era necesario darle al niño bario, una sustancia que cambia de color los órganos para que puedan ser captados por los rayos X.

Pero, como solo tomaba pecho, el niño rechazaba esa sustancia que le intentaban dar por mamadera y que además estaba fría. Finalmente, las enfermeras decidieron colocarle una sonda nasogástrica e inyectarle la sustancia. Mientras realizaban el procedimiento el niño se iba poniendo morado y, minutos después, murió en brazos de su madre, según contó Dupetit.

La abogada solicitó a la Justicia las citaciones de todo el equipo que intervino en el estudio, del médico, y "la necesaria y obligatoria realización de la autopsia, la cual no se realizó oportunamente al bebé, y es de orden". Pero se solicitaba que el procedimiento fuera realizada por un médico forense no del departamento de Artigas, y en forma urgente.

"Paralela e increíblemente comencé a recibir la visita de un médico de la mutualista quien me ofreció que renunciara al Poder Judicial, a cambio de un importante puesto en la exempresa Calnu, estar a cargo del departamento jurídico de la misma, con un muy elevado sueldo que triplicaba el que percibía como defensora, una hermosa casa bien ubicada y un coche para utilizarlo en forma personal las 24 horas del día, además de la cobertura médica personal y para mis dos hijitos", relata.

"No logrado el objetivo perseguido comenzaron otras estrategias: las amenazas, los peligros, los riesgos que corría, por seguir con el caso", agrega.

Finalmente, en un operativo casi cinematográfico que Dupetit relata en su libro, el cuerpo del niño fue trasladado a Rivera para hacer la autopsia. Partieron desde Bella Unión en una camioneta que los patrones de la pareja les prestaron.

Al llegar a Artigas, el intendente de la época les ofreció un transporte municipal "para llegar a Rivera circulando por el lado brasilero como protección dado que existían amenazas de que seríamos interceptados en el camino", afirma Dupetit.

Sin embargo, en Rivera el médico forense indicó que no se podía realizar la autopsia dado el tiempo que había pasado. "Así se logró el silencio (...), no hubo ninguna citación a ningún médico, ningún radiólogo, ningún pediatra suplente que pasara a declarar su versión aunque no fuera ella la ajustada a la verdad, no hubo nada, nada, y así terminó", cuenta la defensora que pocos después fue trasladada a Carmelo.

El colega corrupto

En Carmelo, Dupetit fue testigo de la actuación irregular de su colega defensor, quien además de asistir sólo dos de los cinco días laborales, les cobraba a los clientes, cosa que está prohibida puesto que los defensores de oficio prestan un servicio gratuito y, para acceder a ellos, las personas deben ser de escasos recursos.

Fue testigo de esa irregularidad que definió como "aberrante" en dos oportunidades. En una de ellas, la víctima fue una mujer que había viajado desde Nueva Palmira con sus cuatro hijos en un día invernal y lluvioso de julio. Al llegar le entregó un sobre con dinero. El defensor miró el sobre, le dijo que faltaba dinero y que regresara con más plata para que pudiera empezar el caso. También defendía a estancieros, aunque legalmente no tenían derecho a asistencia pública.

Dupetit también afirma que su colega "elegía" a las personas que defendía. Las interrogaba y si "sabían hacer algo de interés o necesidad para el defensor en su vida privada o particular, por ejemplo ser pintor, herrero, carpintero, podía ser agraciado con el servicio gratuito de asistencia letrada bajo su patrocinio".

A ello se agregaba que, al estar casado con una ciudadana argentina, viajaba de jueves al mediodía a media tarde del lunes al vecino país.

Luego de haber denunciado el caso ante su superior inmediato y no obtener respuesta, decidió viajar a Montevideo y denunciarlo ante el jefe de todos los defensores. La respuesta que recibió fue: "Doctora, el padre de su Colega, que también es abogado, es amigo de cuatro de los cinco ministros de la Corte, no creo que se pueda hacer algo respecto de estos hechos que usted presencia y que otros han venido a informarme".

Pero finalmente el jefe de la Defensoría y otro inspector se trasladaron a Carmelo y le iniciaron un sumario con separación del cargo y retención de medio sueldo. A los pocos días de iniciado el sumario, Dupetit comenzó a recibir llamadas que cortaban cuando ella atendía, y un día ingresó un desconocido a su casa mientas dormía a sus hijos. Denunció estos hechos y días después le notificaron del traslado a su próximo destino: Maldonado.

Niño robado en Pando

En noviembre de 2002 una funcionaria policial concurrió a una humilde casa en Barros Blancos, y, sin orden judicial, se llevó a un niño de meses que estaba al ciudado de su abuela.

Esa policía, que golpeó a la mujer con la culata de su revólver porque se negaba a entregar al niño, se había enterado en la cárcel de que la madre del niño no tenía interés de criarlo y se lo había dejado a su abuela.

Así fue que llegó a la casa acompañada de una supuesta asistente social del INAU. "Y así se llevaron a Agustín, también se llevaron a la abuela esposada y todos se fueron para Pando", al juzgado de familia ubicado en la plaza, relata Dupetit quien se enteró del hecho porque lo denunció un funcionario del INAU.

El proceso, que duró ocho años y en el que Dupetit representó a la abuela que luchaba porque le devolvieran a su nieto, fue lo que la impulsó a escribir el libro. Sobre el caso afirma que "demandó ocho años su archivo, porque como todos estaban involucrados, todos se tenían que cubrir, tapar y apoyarse mutuamente, y lograron su fin, el archivo, nadie es responsable".

Pena benévola para un narco

Sobre su pasaje por la defensoría de Crimen Organizado, Dupetit narra las circunstancias oscuras, según ella, que derivaron en una pena demasiado benévola para Juan Domingo Cartes, el tío del presidente paraguayo, detenido y condenado luego de haber traficado 450 kilos de marihuana a Uruguay en una avioneta.

"Me llevó tiempo enterarme de lo que había atrás", cuenta. La señal de alarma se la dio el propio preso quien la llamó a su despacho desde la cárcel de Campanero y le exigió que agilizara su libertad anticipada.

Cuando ella le advirtió que no podría pedirla, porque todavía no estaba penado, él le respondió: "Pero cómo es que no hay sentencia, cómo es que yo sé que tengo sentencia, que mi pena son 2 años y 10 meses y cómo es que usted no sabe nada de mi sentencia?", le dijo el delincuente apodado Papacho.
A continuación, le explicó que la jueza le había asegurado que esa era la pena fijada para él.

"En la primera oportunidad que tuve fui a hablar con la jueza, a reprocharle la irregularidad, la ilegalidad en la que celebró una audiencia o entrevista entre ella y Papacho, SIN LA DEFENSA. ¿Cómo era que esa audiencia se celebró en esas condiciones? ¿Cómo era que no se me notificó ni dió conocimiento, por qué ese modo de proceder le reproché", escribió Dupetit.

La jueza le quitó trascendencia y le dijo que había recibido al preso de manera informal porque estaba muy insistente. Dupetit relató que, finalmente, uno de los fiscales de Crimen Organizado le contó que le habían pedido benevolencia porque Papacho "había colaborado mucho con ellos en otras actividades e investigaciones". Luego de que Dupetit mantuviera esa conversación con el fiscal, "Papacho" presentó un escrito renunciando a la defensa de oficio.

"El Poder Judicial no se hace respetar; siempre hay frenos"

¿Por qué decidió escribir este libro?

Creo que la sociedad, el pueblo, la gente tiene que saber por lo que pasé en el caso Agustín que fue lo más espeluznante que viví en los ocho años que duró ese caso. Pero después me di cuenta de que venía sufriendo esa injusticia desde antes y después me entusiasmé y fui tomando notas de lo que veía y vivía en todos los lugares donde trabajé.

El Poder Judicial uruguayo está catalogado como de los menos corruptos de la región

Esas cifras serán en comparación con otros poderes judiciales pero acá a nivel nacional la gente tiene descrédito del Poder Judicial. Los casos de amenazas puede que sólo me hayan pasado a mí pero lo de los expedientes estoy segura de que pasa en todos lados. No te enteras porque nadie se anima a contarlo. Esto es lo que conocí en el camino que me tocó recorrer.

¿Estas cosas las ha denunciado? ¿Qué ha pasado después?

He denunciado, sí. Lo del colega de Carmelo (que cobraba ilegalmente por los casos que llevaba) me costó horrible. En Maldonado también viví cosas muy fuertes: una inspectora que tenía la tarea de inspeccionar a los juzgados penales me dijo que tenía que hablar conmigo muy seriamente. Buscó un lugar y terminamos en la cocina.

Cerró la puerta y puso la mesa atrás para que no entrara nadie y me dijo: "doctora, quiero decirle que usted es muy dura en los escritos, cuestiona mucho a la jueza". Inmediatamente la corté y le dije, ¿me está inspeccionando a mí o al juzgado?, porque si es a mí no escucho más nada, me lo dice por escrito y va a inspeccionar a la defensoría.

Siempre hay frenos, hay inhibidores que no quieren que la gente... siempre hay que decir amén. Para tener un buen relacionameinto no hay que ser confrontativo. Los defensores se quejan porque no les dan lugar pero ellos no se hacen respetar. De la misma manera que el Poder Judicial no se hace respetar.

El año pasado pedí tres o cuatro veces audiencia con el doctor (Jorge) Chediak porque creo que es una persona respetable y confío en él para informarle de cosas que pasan, quería que alguien me escuchara. No me ha recibido pero no creo que fuera cosa de él, sino por cuestiones burocráticas de su despacho.

¿En los casos de corrupción que vio cree que había dinero de por medio?

No lo creo, la gente que es corrupta es corrupta por nada. En el caso de Pando por ejemplo, creo que lo que primó fue el amiguismo y el pagarse favores.

¿No tiene temor por contar estas cosas?

No. Sé lo que me juego pero voy para adelante. Creo que mientras en el Poder Judicial se sigan recibiendo dádivas, regalos, bolsas como vi en todos los juzgados y como vi en Crimen Organizado que eran bolsas como de Papá Noel enteras... En Maldonado vi un juzgado que era un club social, donde todos los abogados entraban y se sentaban en el despacho del juez, lo tuteaban, vi un amiguismo tremendo. Si no te das el lugar pasan esas cosas.

¿Cuál fue su peor experiencia?

En Pando pasé los peores 14 años de mi vida y fui amenazada varias veces. Cuánto más años se le da a una investigación más sucia es. El tiempo genera desgaste, indiferencia y que la gente se olvide de hechos tan terribles. Por ese caso además fui amenazada varias veces. El 5 de octubre de2005 cuado volvía de Pando, ya de noche, una auto intentó embestirme, me bajé y cuando me acercaba vi que que el conductor estaba armado. Lo enfrenté, pero cuando llegué a mi casa tenía 22 de presión.

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