Respeto: ¿un valor que cotiza a la baja?

Expertos reflexionaron sobre la convivencia laboral y cómo gestionar la falta de respeto instalada en una organización
Por María Inés Fiordelmondo

¿Qué significa respeto? ¿Cuáles son los síntomas de su ausencia y cómo se revierten? ¿Cómo se expresa organizacionalmente el respeto hacia los demás? Estas fueron algunas de las tantas preguntas que surgieron durante la última conferencia de Deres, realizada el martes 28 de setiembre en el World Trade Center y que contó con las reflexiones del director de FranklinCovey, Guillermo Gadola, la consultora asociada de Advice, Dinorah Alifa y el consultor y docente de la UCU, Ricardo Chiesa.

La directora de área de Desarrollo Social de Equipos Consultores María Julia Acosta, proporcionó previamente los datos obtenidos en el Estudio Mundial de Valores, realizado en varios países (ver recuadro en esta página). Se hizo hincapié en que hay tantos significados de respeto como personas en el mundo.

Acosta se encargó de dejar claro que el respeto es un valor difícil de medir, por poseer muchas aristas: ser complicado de delimitar, y por sobre todo, por encontrarse en permanente resignificación.
Esa resignificación se produce no sólo por el paso del tiempo, sino también por la subjetividad propia de la naturaleza humana.

Un ejemplo de esto sucedió al comienzo del intercambio del panel, moderado por el director ejecutivo de Deres, Eduardo Shaw, cuando le cedieron a Alifa el asiento del medio y además, la palabra en primer lugar.

Alifa aprovechó la oportunidad para referirse a este hecho como "una señal clara de resignificación", comentando que diez años atrás, no hubiese prestado atención al hecho por darlo por sentado.
Dijo que hoy es algo que agradece, en tanto reconoció a su vez que "muchas mujeres podrían sentirse ofendidas por ese gesto, que es una cuestión de género".

Del dicho al hecho

En una encuesta realizada por algunos de los inscriptos a la conferencia, un 81% opinó que percibe al respeto como un valor en baja.

Chiesa dijo tener una visión "esperanzadora" al respecto, anunciando que la falta de respeto en una organización es algo que puede gestionarse. Recordó casos de conflictividad laboral entre mandos medios y operarios, donde, como consultor, brindó talleres de valores. Allí, los empleados acordaron valores de convivencia y de trabajo.

Para Chiesa, la situación se revierte desarrollando habilidades y herramientas a nivel individual, entre pares, de trabajo en equipo y de gestión de toda la organización. Asimismo, para lograr que todos los integrantes de una empresa sean partícipes de sus postulados, se debería planificar estrategias con enfoque 360 grados.

"Crear estrategias orientadas a ponerse en el lugar del otro para luego encontrar soluciones sinérgicas que incluyan a todos", es fundamental para Chiesa. Además, dijo que la principal resistencia está en cómo se percibe cada uno como transformador de la situación. La clave, estaría en empezar por uno mismo.

Por su parte, Gadola recordó que la conflictividad laboral surge mayoritariamente por asimetría de información. "Muchas veces la información está disponible pero la gente no está en condiciones de recibirla", dijo.

Según Alifa, el respeto no se expresa en dichos, sino que "a través de los procedimientos, los procesos". "Si somos una empresa de servicios y decimos a través de recuadros que nuestros clientes tienen que tener una experiencia positiva, de respeto, difícilmente lo logremos si con el que trata a esos clientes no aplicamos lo mismo", expresó la consultora asociada de Advice.

Los aliados

El panel resaltó la importancia de los mandos medios y el apoyo a la autoridad que les corresponde. "No podemos operar si no somos capaces de confiar en la capacidad de las personas para ejercer sus roles", dijo Alifa, señalando esto como una falta de respeto.

Uruguayos más desconfiados

La última edición del Estudio Mundial de Valores se realizó con el fin de "escuchar la voz de los trabajadores", según Acosta de Equipos. Reveló que en el mundo del trabajo en Uruguay hay una mayor desconfianza, lo que, en consecuencia, genera una mayor dificultad al momento de poner en práctica ciertas dimensiones del respeto como la escucha, el reconocimiento y la aceptación. El 77% de los encuestados en Uruguay dijo que "no se puede ser tan confiado". En tanto, la tolerancia fue uno de los valores que aumentó. Uruguay se coloca como el cuarto país con mayor tolerancia a grupos estigmatizados. A su vez, el 90% ubicó al trabajo como algo "muy importante" en sus vidas.

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