Riesgo mundial con Trump

Muchos presidentes son censurados por olvidar sus promesas electorales cuando llegan al gobierno

Muchos presidentes son censurados por olvidar sus promesas electorales cuando llegan al gobierno. Pero ese curso es lo mejor que puede pasar con Donald Trump. El enorme peligro que enfrentan Estados Unidos y gran parte del mundo es que cumpla como presidente lo que prometió como candidato. Hay generalizado consenso sobre su dudosa preparación para el cargo. Lo evidencia su propio Partido Republicano, que trató infructuosamente de cerrarle el paso a la nominación. Pero a lo largo de una campaña electoral plagada de insultos y engaños, su fogosa personalidad y sus reclamos de cambios atrajeron a decenas de millones de descontentos con la estructura política tradicional. El resultado fue hacer trizas todos los pronósticos al vencer a la candidata del Partido Demócrata, Hillary Clinton.

Apuntan a descalabrar el orden doméstico e internacional los pronunciamientos de quien dirigirá la mayor potencia económica y militar del planeta. En una nación que se enorgullece de su liderazgo democrático, ha amenazado con enjuiciar y encarcelar oponentes políticos y coartar la libertad de prensa. Augura represión a los musulmanes y a los inmigrantes latinoamericanos, rodeado de un entorno con ribetes racistas de supremacía blanca. Se comprometió a abandonar el programa de salud del presidente Barack Obama, dejando sin cobertura médica a decenas de millones. Y ha dicho que repudiará el Tratado de París sobre cambio climático, tema en el que se juega el futuro de la humanidad.

Quiere liquidar el Nafta, tratado de libre comercio con Canadá y México, y lanzarse a una guerra comercial con China, como parte de un mayor aislamiento económico que cierra perspectivas para el intercambio con decenas de países. Asegura el improbable retorno a Estados Unidos de las empresas que han emigrado con sus plantas a mercados con costos de producción más bajos. Promueve un acercamiento político con la Rusia autocrática de Vladímir Putin, en detrimento de su alianza militar con naciones europeas en la OTAN. Y, a diferencia de la postura de Clinton, es partidario del riesgoso envío de sus soldados a la lucha en tierra contra el Estado Islámico en Siria.

La atenuación de sus planes más peligrosos dependerá en gran parte de su propio partido, que retuvo mayoría en las dos cámaras del Congreso. Trump se enemistó con la dirigencia republicana. Pero el partido con seguridad se encolumnará ahora detrás del presidente electo por dos razones. Por un lado, no puede dejar de agradecerle la inesperada reconquista de la Casa Blanca. Por otro, los dirigentes republicanos más sensatos se sentirán obligados a tratar de sustituir racionalidad por las iniciativas más impulsivas y descabelladas del presidente electo. A los 70 años es un recién llegado a la arena política, mal preparado para la presidencia y luego de una vida dedicada a los negocios, los escándalos y la farándula.

La esperanza es que ahora sea capaz de rebobinar con el realismo y equilibrio que estuvieron ausentes en su campaña, desvirtuando la presunción de que ungirlo presidente equivale a soltar a un elefante temperamental en una tienda de fina cristalería. Es una incógnita que persiste, en medio de fundados temores de los mercados y de sus aliados en Europa y el resto del mundo. De cómo se devele finalmente dependerá el funcionamiento interno de su país, la estabilidad de la economía mundial y el ordenamiento político del planeta.


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