Roald Dahl: calidad sin fecha de caducidad

Cuentos, del escritor inglés, reúne historias para adultos que mezclan con eficacia el humor y la crueldad
El año pasado se celebraron los cien años del nacimiento de Roald Dahl, el autor de cuentos infantiles más importante del siglo XX. Los homenajes se basaron en esa parte de su obra, la más conocida, la que incluye títulos como Charlie y la fábrica de chocolate, Matilda o El gran gigante bonachón, recientemente llevada al cine.

Pero Dahl fue también un escritor para adultos, que desarrolló un estilo propio a base de mezclar el humor con lo macabro sin perder nunca la calidad de su prosa, siempre exacta, amena y colorida. Algunos de esos relatos no aptos para menores de 18 años llamaron la atención de gente como Alfred Hitchcock, que adaptó varios para la televisión.

Bajo el título genérico de Cuentos, la editorial Anagrama decidió publicar en un solo tomo estos relatos que nada tienen que ver con su veta infantil. Al leer aleatoriamente se observa que no hay grandes diferencias estilísticas a pesar del paso del tiempo, que en nada difieren los de su primera época con los de la última.

Esta sensación de coherencia viene dada por la convicción de la voz narradora, que nunca duda, que se expresa en cada relato con la misma pasión y el mismo entusiasmo. Una voz que busca, por encima de todo, desestabilizar al lector.

Para lograrlo, Dahl hace gala de un gran arsenal de recursos literarios. En los cuentos reunidos bajo el nombre de El gran cambiazo, por ejemplo, el denominador común es el humor, que se viste muchas veces de fina ironía, cuando no entra directamente en el terreno de la picardía erótica.

En este sentido hay que destacar la figura del tío Oswald, que aparece en varios relatos, una revisión moderna y salvaje del mito de Casanova, que resulta genial por donde se lo mire. Las aventuras sexuales de ese pariente lejano son exuberantes y descacharrantes, sin ser nunca obscenas.

En El visitante, por ejemplo, Oswald vaga sin rumbo por Egipto, de conquista amorosa en conquista amorosa hasta que, después de hacer el amor con una muchacha en una pirámide y huir de varios perseguidores, el auto se le queda varado en medio del desierto. Allí es invitado por un hombre rico a su palacio, donde la mujer y la hija del propietario harán que su estancia sea inolvidable, aunque mortal.

En Perra, ese mismo hombre apasionado por el sexo opuesto financia la creación de un perfume que hace que los hombres se abalancen sobre las mujeres, aunque sea en medio de la calle. La experimentación con el producto afrodisíaco es contada de forma excepcional por Dahl, con diálogos inolvidables y escenas exuberantes.

Las historias de Relatos de lo inesperado conservan algo de humor, pero son ya tragedias existenciales donde la crueldad tiene un lugar de privilegio. Esto se repite a lo largo de todo el libro, lo que parece evidenciar una obsesión de Dahl por el tema, quizás debido a los castigos a los que fue sometido de niño en varias escuelas.

Es importante aclarar que nunca son desgracias naturales de la vida las que sufren los protagonistas, sino que su dolor se debe a la acción o inacción de los otros, de los demás. Esto es evidente en relatos como Viaje al cielo, donde una mujer obsesionada con que no va llegar en hora a los lugares es martirizada por su marido, que la retrasa siempre adrede. O en Cordero asado, un relato memorable, casi policial, en el que una mujer embarazada recibe la noticia de que su marido va a abandonarla en plena gestación.

Al leer estos Cuentos para adultos y compararlos con su obra infantil, se ve claramente el alma dividida de Roald Dahl: ese hombre que adoraba a los niños y que fustigaba con un látigo a los mayores.

Cuentos

De: Roald Dahl

Editorial: Anagrama

Páginas: 642

Precio: $ 1.090

Populares de la sección

Acerca del autor

Andrés Ricciardulli