Santa Lucía herida: la ciudad que quedó con miedo

El ataque a tiros durante los festejos de Peñarol lastimó a tres jóvenes y a una localidad entera, que no sale de su asombro
Cada 28 de setiembre de madrugada, la plaza principal de Santa Lucía se vuelve manya. Los hinchas de Peñarol de esa ciudad de Canelones se juntan sobre la medianoche para celebrar un nuevo aniversario de su club. Banderas colgadas de árboles, bombos, fuegos artificiales y canciones. El mismo panorama se repite año a año. Y el último festejo no iba a ser la excepción.

"Santa Lucía es manya", decía uno de los "trapos" que colgaba entre dos árboles. Esa bandera sirvió como punto de encuentro de las casi 70 personas que fueron a la plaza el miércoles pasado de madrugada, entre niños, jóvenes y adultos. La pirotécnia dejó en claro que se habían hecho las 12. Los bombos sonaban con más fuerza. Los hinchas cantaban con euforia de cancha.

Una hora y media después, la celebración se truncó de forma abrupta. "Pa, pa, pa, pa". Así relató los tiros uno de los hinchas que fue a la plaza a celebrar, como hace todos los años. Era la primera vez que escuchaba disparos y no supo de qués se trataba hasta que no le quedó otra que empezar a correr. Había llegado a la plaza hacía pocos minutos. Pidió prestado un bombo y cuando iba por la mitad de la tercera canción, tuvo que parar.

"Un grupo de personas llegaron corriendo y los que estábamos festejando nos abrimos. Yo vi que la gente se abrió. No entendí qué estaba pasando porque nadie estaba haciendo nada fuera de lo normal", contó a El Observador en la misma plaza donde se produjo el ataque, y señaló el lugar exacto donde se hicieron los disparos. El joven no quiso identificarse, al igual que otros vecinos de Santa Lucía con los que conversó El Observador. Habían pasado un par de días pero el miedo todavía se podía palpar.

"Santa Lucía es manya" estaba colgada cuando llegaron los violentos y algunos integrantes de la "peña" de esa ciudad –el comité donde hinchas organizan actividades, principalmente de beneficencia– pensaron que la querían robar. Pero los atacantes fueron tras la bandera de un adolescente de 19 años, que se resistió y recibió cuatro disparos. Otro joven de su misma edad que estaba tocando el bombo también recibió varios disparos y ambos fueron trasladados a centros de salud de Montevideo. Según pudo saber El Observador, al cierre de esta edición los dos estaban estables a pesar de que a uno las balas le afectaron un pulmón y el otro el hígado.


La Policía cree que los responsables son integrantes de la barra brava de Nacional que fueron especialmente a Santa Lucía a vengar otro robo de banderas. De hecho, en los días previos se habían registrado amenazadas por Facebook y su servicio de mensajería.

Un tercer joven, de 22 años, fue baleado en la pierna y logró escapar. Entre los gritos y el desconcierto por no entender qué pasaba, sintió "un calambre" en la pierna. No pensó qué podía ser, solo comenzó a correr, según relataron a El Observador algunos de sus amigos. Corría con un bombo colgándole del cuello, porque no tuvo tiempo de dejarlo. Hasta que se cruzó con un hombre con campera de Peñarol y se lo dio. "Estoy herido", le dijo y siguió corriendo un poco más. Como el dolor en la pierna aumentaba, frenó para mirarse y vio que tenía sangre. Siguió hasta el centro de salud de la zona. Junto a él, estaba otros de los baleados, que debió ser llevado de urgencia a cuidados intensivos.

Antes y después de los tiros

Tres días antes de que los festejos carboneros terminaran con tres heridos de bala, varios hinchas se habían juntado en el centro comercial de Santa Lucía para una conferencia sobre la historia de Peñarol. La actividad había sido organizada por la "peña" de la ciudad y la entrada era un alimento no perecedero para ser donado a una escuela rural. Desde que se formó hace cinco años, la "peña" se ha dedicado a colaborar con la ciudad, dijeron a El Observador vecinos de la zona.

"Lo que más bronca da es que ellos quieren transmitir un mensaje que es totalmente opuesto al de la violencia", manifestó una comerciante.

Cerca de su comercio está la sede de la "peña", un pequeño local pintado de amarillo y negro. Dos candados cerraban sus puertas, que no volverán a abrirse para Peñarol. "Se terminó. Yo no quiero saber nada más de esto. Lo presté porque soy hincha pero mañana mismo lo pinto de otro color", dijo, con voz entre molesta y triste, su dueño.

La molestia de ese hombre era similar a la del resto de los vecinos de Santa Lucía, que no daban crédito a lo sucedido. El jueves por la noche, organizaron una marcha desde la plaza hasta la seccional de la ciudad, donde reclamaron a la Policía porque no hubo controles suficientes.

"¡Que den la cara que no hacemos nada!", gritó uno de los manifestantes cuando llegaron a la comisaria. Otros insultaban a los tres policías que salieron a recibirlos y algunos pedían que hubiera "respeto". Varios de los manifestantes se acercaron a los agentes con lágrimas en los ojos para pedir explicaciones por lo que le había ocurrido. "Son todos chiquilines divinos. Los conocemos, conocemos a sus padres. Estudian, trabajan", contó una mujer a El Observador.

La manifestación duró varios minutos, hasta que un vecino pidió que se comenzaran a retirar: "Vamos a irnos en orden, como vinimos. Y si tenemos que volver, volveremos las veces que sea necesario".
El miércoles de madrugada, eran menos de 70 hinchas de Peñarol los que festebajan. El jueves de noche, "medio Santa Lucía", como lo definían los manifestantes, salieron a la calle todavía con miedo y sin entender por qué pasó lo que pasó.


Populares de la sección

Acerca del autor