Se acabó el sueño

Santos le ganó 2-1 a Peñarol y se proclamó campeón de la Copa Libertadores; fue un partido con algunas fricciones pero sin muchas sanciones disciplinarias. Hubo incidentes en el final tras el ingreso de hinchas brasileños

Se acabó el sueño. Y al menos, la imagen del final fue a la altura de lo que había sido la copa. Queriendo, guapeando, yéndolo a buscar con el corazón. Solo que, cuando más se lo necesitaba, el faltó el fútbol, y las ideas.

El sueño se acabó con una noche negra. Las ganas y el esfuerzo carbonero no alcanzaron, porque Santos hizo una verdadera demostración de fútbol, para imponerse 2-1 y quedarse con la Copa Libertadores 2011.

No apareció nada. Ni el desborde de Corujo y Mier, ni los pases de Aguiar, ni Olivera obligando a lis defensas rivales. Tampoco la seguridad en el fondo, para frustrar a los delanteros rivales. Había que hacer todo bien, y en cambio, salió todo mal. Y por eso la gran ilusión de la copa se escapó como la arena entre los dedos.

El primer tiempo fue durísimo para los carboneros, que defendieron y defendieron, ante un Santos que tuvo en Ganso a la figura de la cancha. Al igual que en los partidos  anteriores de visita, Peñarol salió adelantado en la cancha y con intención de ser protagonistas, pero a diferencia de esos encuentros, no pudo tener la pelota, por lo que los brasileños manejaron espacios.

Así, el primer tiempo tuvo un trámite claro: cuando el carbonero logró ahogar a Santos lejos de su zona de ataque, entonces el carbonero pudo respirar. De todos modos, de contra apenas si tuvo alguna chance aislada, porque Aguiar y Olivera no aparecieron, y solo Martinuccio complicó a los zagueros brasileños, aunque generalmente lejos del arco.

En la parte final del primer tiempo Santos terminó de monopolizar la pelota, y aunque no fue claro, eso le alcanzó para probar de afuera y probar con pelotas de aire a las espaldas de los zagueros para arrimar peligro.

Para peor, cerca del final de la primera parte Alejandro González, quien había podido contener a Neymar se fue con un esguince de rodilla, y lo sustituyó Albín.

A esa altura lo único bueno era que difícilmente Peñarol pudiese tener tan poco la pelota en el complemento. No aparecieron los creadores de fútbol ni los circuitos, y cada jugador se complicaba individualmente con la pelota. Había que esperar al final del primer tiempo, serenarse y sobre todo, tener la pelota, y que aparecieran los volantes para tapar al juego de los volantes ofensivos brasileños, que encontraron muchos espacios a las espaldas de los volantes carboneros.

Para el segundo tiempo tenía que aparecer Aguiar y los volantes externos. El carbonero debía aguantar mejor la pelota lejos de su área, y ser más preciso de contra. Y defender con el alma.

Pero en la primera jugada del segundo tiempo llegó la peor noticia: una buena jugada de Arauca, que apiló jugadores, dejó solo a Neymar que le pegó fuerte al palo de Sosa para poner el 1-0.

Luego de eso Peñarol reaccionó y se fue a buscarlo, pero lógicamente dejó muchos espacios atrás. Con las líneas más quebradas que en el primer tiempo, un tiro cruzado de Danilo puso el 2-0 que decreta un panorama negro para el carbonero.

Allí se jugaron los últimos cartuchos, yéndolo a buscar con el corazón. Y así llegó el gol, con un centro de Estoyanoff y un rebote que le dio una última ilusión a los carboneros. De todos modos estaba claro que no era la noche, y el partido se murió entre la impotencia carbonera por ir a buscar la hazaña.

Peñarol Estaba jugando más allá de su límite hace varios partidos. Y esta noche, encontró su doloroso limite. De todos modos, la campaña carbonera quedará en la historia. Salud Peñarol.

Para vivirlo minuto a minuto, seguí el relato online de El Observador.


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