"Se acepta que existe el problema de la trata pero no estamos solucionándolo"

María Urruzola habló sobre la reedición aumentada y actualizada de El huevo de la serpiente
Por Cecilia Presa, especial para El Observador

Veinticuatro años pasaron desde que salió por primera vez a la luz la historia real de la prostitución y el tráfico de mujeres de Montevideo hacia Milán narrado por la entonces periodista del semanario Brecha, María Urruzola. Los comienzos de los años de 1990 dan el contexto para la apertura del relato en primera persona del viaje de Urruzola a Milán para abordar un asunto que la intrigó desde el principio: el proxenetismo y la trata de mujeres uruguayas en esa ciudad italiana. El huevo de la serpiente se sitúa en medio de la corrupción policial y la complicidad de otros actores –como el dueño de una reconocida empresa de viajes que lleva su nombre–, el sufrimiento, la violencia, la miseria que se vivía en Uruguay, y las injusticias de una historia real con varios vericuetos.

Veinticuatro años después, una nueva edición ampliada y actualizada solo le añade valor a un relato entretenido, con un lenguaje sencillo y de lectura ágil, que lo hacen una pieza valiosa de la literatura uruguaya de no ficción. El caso más conmovedor y más sonado del libro es el de la llamada "joven de Milán", Elisa –su nombre ficticio–, la protagonista de la película En la puta vida, de la directora uruguaya Beatriz Flores Silva. Elisa era una prostituta de 23 años con la que Urruzola empatizó y decidió ayudar a volver a Uruguay. La versión anterior de El huevo de la serpiente culminaba con el propósito de llegar a Montevideo cumplido: "El año 1994 se terminaba y esta vez la despedida fue definitiva. Ambas supimos que no nos volveríamos a ver."

Veinticuatro años pasaron hasta que María Urruzola revisó una edición comprada en Mercado Libre de su libro y creyó necesario buscar a una Elisa madura, reflexiva y serena, radicada en el exterior, para invitarla a pasar unos días en su casa en la rambla del balneario de Villa Argentina, Canelones.
El Observador conversó con la autora del libro.

¿Cómo fue ese encuentro con Elisa después de tantos años?

Yo llevaba años pensando "la tengo que buscar, tengo que saber qué pasó con ella, ver cómo le fue". Y de golpe, con las nuevas tecnologías, en una hora nos contactamos. Yo no sabía cómo buscarla y tengo un hijo joven que es nativo digital y me dijo que la buscara en Facebook. Cuando nos encontramos fue una cosa muy impactante.

"Veinticuatro años después todo sigue igual", dice en la contratapa del libro. ¿La realidad sobre la trata es la misma que en 1992?

Si estamos mejor o peor, yo no te lo sabría responder pero sí que este fenómeno cada vez es más grande. Las Naciones Unidas calculan que se trafican 4 millones de personas por año, más que un Uruguay entero. No te puedo decir si en Uruguay estamos igual. Ahora existen herramientas institucionales que cuando yo hice la denuncia en el semanario Brecha y después con el libro no existían. En ese entonces, Uruguay no estaba preparado para que lo pusieran en un espejo de esa naturaleza y le dijesen: esto es lo que está pasando de verdad. Ahora sí se acepta que existe el problema de la trata, pero igualmente no estamos solucionándolo.

Más allá de que su temática tiene valor en la actualidad, ¿por qué reeditar el libro?

Para mí hay varias generaciones en Uruguay que ni siquiera supieron de toda aquella denuncia del año 1992. En realidad este libro se agotó. Mucha gente me lo pedía y yo no tenía ni siquiera un ejemplar para corregirlo. Lo busqué por todas las librerías y solo lo encontré usado por Mercado Libre. Tuve que comprar mi propio libro por $ 500, que me pareció carísimo, para poder reeditarlo. Entonces era necesario que se volviese a publicar. Yo digo en todos lados que si pudiese lo pondría como lectura obligatoria en Secundaria porque me parece que justamente son las jóvenes y los jóvenes de 16, 17 años, los que deberían leerlo. Fijate que las redes sociales se vuelven un lugar en donde es bastante difícil saber qué hay del otro lado de la pantalla. Entonces, me parece importante que los jóvenes conozcan estas historias que pasaron de verdad; que no es película, que no es ficción.

En el libro, lejos de criticar la película En la puta vida (2001), dice que la hubiese encarado desde otra perspectiva, ¿por qué?

En la puta vida fue la película uruguaya más vista en la historia y logró que miles de jóvenes se enterasen de esta historia y me encanta. Pero en realidad la película tenía además un poco de humor absurdo y termina con un final un poco fantasioso.

Yo creo que lo excepcional en la historia es que nos encontramos dos mujeres jóvenes, de mundos absolutamente diferentes, que jamás nos hubiésemos cruzado en ningún lado. Ese mundo que descubrí, de violencia, de esclavitud, para mí era inimaginable y para ella mi mundo también era inimaginable. Con el paso del tiempo vi que nos encontramos dos mujeres que de alguna manera logramos confiar y decir: "Bueno, acá no tenemos más remedio que hacer esto juntas para que puedas volver de Italia". Ahí se construyó un diálogo entre dos mundos totalmente diferentes; entonces, si yo fuese capaz de hacer una película la haría sobre eso. Pero, bueno, no es mi oficio.

¿Cuál es el rol del periodismo ante este tipo de historias tan complejas?

Yo siempre creí que el periodismo es un servicio social a la comunidad, de los más débiles, de los que no tienen voz. No es que no tenemos, como comunidad internacional, valores en los que todos estamos de acuerdo; sí los tenemos, el problema es que después no se aplican. Lo que mueve mi motor es la curiosidad por la vida, la gente, los fenómenos y tal vez un sentido de la justicia y la equidad por la formación que tengo. Cuando veo una situación de injusticia me hierve la sangre.

Populares de la sección