Temer busca atenuar crisis con reforma laboral y otras medidas

Presidente está jaqueado por escándalos de corrupción, tensiones políticas y recesión económica
Cercado por los escándalos de corrupción que torpedean cada día la pobre imagen de su gobierno impopular y en medio de una aguda crisis política y económica, el presidente brasileño Michel Temer anunció ayer un paquete de medidas para atenuar el deterioro de las perspectivas de crecimiento.
Con el telón de fondo de una severa recesión y con una previsión de recuperación más lenta de lo esperado, el gobierno agregó ayer a su rosario de reformas nuevas medidas microeconómicas para reducir el endeudamiento de las familias, así como una reforma de las leyes laborales que fue presentada junto a empresarios y sindicalistas.

"Son medidas que de hecho permiten a las personas trabajar más productivamente y a las empresas también producir con mayor eficacia", dijo el ministro de Hacienda, Henrique Meirelles, artífice del gran ajuste fiscal que el gobierno Temer lleva adelante.

Con la propuesta de reforma laboral el presidente pretende atenuar el creciente desempleo que supera el 11% y afecta a unos 12 millones de trabajadores.

El proyecto, que será remitido al Congreso, plantea cambios al actual régimen, sobre la base constitucional de una jornada de 44 horas semanales, que puede llegar a un máximo de 48 con horas extras.

Uno de los principales cambios incorpora un reciente fallo de la Corte Suprema, que da peso y validez legal a lo acordado en negociaciones colectivas.

"Las negociaciones colectivas entre empleadores y trabajadores pasarán a tener fuerza de ley, aunque algunos puntos, como todos los relativos a la seguridad en el trabajo, no podrán ser objeto de esos acuerdos", dijo el ministro de Trabajo, Ronaldo Nogueira, al hacer el anuncio junto a Temer.

En el nuevo marco propuesto se podrán negociar una división de las vacaciones anuales hasta en tres períodos, una posible participación de los empleados en las ganancias de las empresas o incluso la división de la jornada de trabajo.

Asimismo, se propone que los contratos de trabajo temporales, que no generan cargas laborales y la actual legislación limita a 90 días, lleguen a los 120 días y pueden ser prorrogados por ese mismo lapso, con lo que en la práctica se extenderían a unos ocho meses.

Ese último punto, según el gobierno, estimulará a las empresas a contratar más personal y será uno de los factores que ayudará a reducir el desempleo.

"Este es un regalo de Navidad", afirmó Temer, quien aseguró que la propuesta fue negociada con empresarios y sindicatos, por lo que "cuenta con amplio consenso".

De escándalo en escándalo


El presidente asumió este año tras el impeachment de la izquierdista Dilma Rousseff, de quien era vicepresidente.

En los siete meses que lleva en el poder, perdió a varios de sus ministros sospechosos de corrupción, y él mismo aparece salpicado por el escándalo de desvíos por el pago de coimas en Petrobras.

Un exejecutivo de la constructora Odebrecht declaró a la fiscalía que legisladores del partido de centroderecha PMDB, al que pertenece Temer, recibían sumas astronómicas para ganar licitaciones en Petrobras y para obtener la aprobación de leyes y decretos favorables para la empresa, de acuerdo con el testimonio publicado por medios locales.

Temer fue acusado de pedir en 2014 diez millones de reales (unos US$ 4,2 millones) para financiar campañas electorales, algo que el mandatario niega tajantemente.

Con la economía lacerada y los escándalos a la puerta del gobierno, Temer apenas reúne el 10% de apoyo entre los brasileños, según reveló una encuesta reciente del instituto Datafolha.

Renunciar, no

"¿Si voy a renunciar? Confieso que no he pensado en eso", dijo, entre risas, Michel Temer durante un desayuno de fin de año con periodistas en el Palacio de la Alvorada, residencia de la presidencia.

El techo del gasto

La reforma del llamado "techo del gasto", que lo congela por 20 años, fue aprobada sin problemas en el Congreso.

Pero el gobierno había sufrido el martes su primera derrota en el Legislativo, cuando la Cámara de Diputados aprobó una ley que permite a los estados que se declaren en "estado de calamidad" –como ocurrió este año con Río de Janeiro, entre otros–, renegociar sus deudas con la Unión.

Y podrán hacerlo sin las contrapartidas específicas que exigía el Ejecutivo, como la prohibición de crear nuevos cargos o aumentar los salarios de funcionarios públicos.

El ministro de Hacienda, Henrique Meirelles, advirtió que el presidente Michel Temer puede vetar esa ley y que de todas formas los planes de recuperación de los estados deberán contar con el aval de su cartera para acceder a la negociación de sus deudas.

Después del gesto de desafío de la cámara, Temer insistió en la necesidad de "contrapartidas". "Cada estado tendrá que reducir sus gastos para compatibilizarse con las exigencias de la Unión", recalcó.

En este contexto, el Banco Central de Brasil había reducido la semana pasada sus proyecciones de crecimiento y pronosticó que el PIB del país, que en 2015 se había contraído 3,8%, caerá este año 3,4%%.

Esas proyecciones de la autoridad monetaria brasileña no sorprendieron "ni un poco" a los mercados, donde las proyecciones eran más pesimistas.

"Brasil está haciendo los deberes", afirmó el ministro en una conferencia de prensa en Brasilia.
"Estamos estableciendo las bases para una administración fiscal responsable de Brasil, por lo menos para los próximos 10 años".

El gobierno conservador de Michel Temer, quien asumió este año las riendas del país tras el juicio político contra expresidenta de izquierda Dilma Rousseff, impulsa un severo ajuste fiscal que incluye el congelamiento del gasto público por las próximas dos décadas.

Esa pretensión del gobierno generó críticas en distintos sectores políticos y sociales.

En ese contexto, distintos analistas consideran que el año próximo también será "difícil" en términos económicos, según Silvio Campos, analista de la consultora Tendencias.

Fuente: El Observador y agencias

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