The Weeknd: una estrella perdida

Se transformó en figura mundial con su oscuro y pegadizo Beauty Behind the Madness, pero su sucesor no logra igualar aquel gran éxito
Tanta oscuridad hace que el camino desaparezca y se pierda el rumbo. Eso parece haberle pasado a The Weeknd con su disco Starboy, seguidor del exitoso y popular Beauty Behind the Madness y que a pesar de un puñado de nuevas canciones tiene poco nuevo o interesante para ofrecer y avanzar en su narrativa.

Beauty Behind the Madness, su segundo disco de estudio, fue uno de los mejores trabajos de 2015, con claras referencias a la música de los 80 y un falsetto al estilo Michael Jackson. Hizo de una canción sobre los efectos de la cocaína –Can't Feel My Face–, uno de los hits más pegadizos y bailables del año, y ayudó a su visibilidad que participara en la banda sonora de Cincuenta Sombras de Grey, una de las películas que más dio que hablar. Ese disco lo sacó de la seguridad del nido formado por sus (miles de) fanáticos y la crítica musical lo catapultó al reconocimiento mundial, además de ganar dos premios Grammy.

A pesar del cambio que significó salir del circuito under y apelar a un sonido más comercial, Abel Tesfaye –la persona detrás del seudónimo– afirma no haber perdido sus orígenes. Durante un período no tenía techo fijo y creció sin padre. Su estrecha relación con las drogas y el hedonismo extremo fue y es la piedra fundamental de su obra, así como también sus relaciones efímeras y objetivantes con las mujeres.

Esos fueron los temas de Beauty Behind the Madness y nada ha cambiado en Starboy. Un año y tres meses después de editar su segundo disco apareció Starboy, una clara secuela sonora y temática, que deja en evidencia una falta de inspiración y riesgo. Si Beauty Behind the Madness era una droga peligrosa, de sabor amargo y que enturbiaba la percepción, Starboy es su versión rebajada y edulcorada, pero no más barata.

Se trata de un disco largo, que podría beneficiarse de haber sido más sintético. Pero que no escatima en su producción: cada canción suena a la perfección. La inspiración ochentosa sigue ahí e incluso se sale del R&B y pop, y se anima a tomar referencias del new wave.

El problema es que cada canción es demasiado similar a su predecesora. El entusiasmo que generaba Beauty... no se despierta con estos temas, e incluso las colaboraciones que sonaban prometedoras en papel, en ejecución no lo son tanto.

Daft Punk a escena

Tal vez los mejores temas de los 18 son Starboy y I Feel It Coming, la apertura y el cierre del disco respectivamente, realizados en conjunto con Daft Punk. Pero ni siquiera estos midas electrónicos lograron bañar de oro a estos tracks de la misma manera que supieron hacer con su disco Random Access Memories o con el tema Gust of Wind de Pharrell. Sí, son pegadizos; sí, son bailables; pero ninguno es un hit.

En Sidewalks –que repite tema y porciones de la melodía de Tell Your Friends (2015)– cuenta con el intachable Kendrick Lamar, mientras que Lana Del Rey vuelve a aparecer en Party Monster y Stargirl Interlude, pero no logra destacarse dentro de esta habitación ahogada de humo.

El productor sueco Max Martin fue el responsable de que The Weeknd encontrara a su sonido más mainstream, sin que perdiera por esos sus letras oscuras y peligrosas, su apología al sexo, drogas y alcohol, y un trasfondo R&B que supo guiar al género a nuevas profundidades abisales. En este disco, Martin repite con la canción más pop, más simple y menos comprometida con el imaginario The Weeknd: Rockin', pero que como todo tema del productor, encontrará su camino hacia los oídos del mundo.

En este panorama, lo más destacable se encuentra además en False Alarm, una derivación rockera; Secrets, que samplea parte de la letra de Talking In Your Sleep de The Romantics y Pale Shelter de Tears for Fears; el ya mencionado Party Monster y Reminder. En este último tema mencionado, Tesfaye se queja de cómo el resto de los artistas de R&B tratan de copiar sus canciones viejas. Lo irónico es que en Starboy él está haciendo lo mismo.

Embed


Acerca del autor