Torres gemelas: el día en que las explosiones fueron de su lado

El emblemático número 9-11 pasó a ser sinónimo de dolor y espanto en EEUU

Ese martes el sol cubría la isla de Manhattan por completo. Era un agradable día de verano en Nueva York. En los quioscos, el periódico The New York Times mostraba en su portada un artículo firmado por el periodista Bill Carter: "En una nación de madrugadores, la televisión a la mañana es un mercado candente". Uno de sus programas más emblemáticos, The Today Show, ya estaba al aire en el canal NBC desde las 7 horas, como todos los días.

A las 8:47 el periodista Matt Lauer volvía de la tanda para presentar al escritor Richard Hack, quien por esos días lanzaba un nuevo libro. Apenas cuatro minutos transcurrieron hasta que le pidió disculpas, dijo que tenía que cortar la entrevista y, sin tener muy claro qué estaba pasando, titubeó al aire y mandó a un corte. A solo seis kilómetros del estudio de televisión donde estaba, en el extremo sur de la isla, algo extraño había pasado. Tras unos breves anuncios, NBC retomó la transmisión para mostrar en vivo la imagen de una de las icónicas Torres Gemelas del World Trade Center en llamas. La cámara siguió filmando los rascacielos mientras testigos relataban lo que estaban viendo en las inmediaciones del distrito financiero neoyorquino, cuando un segundo avión impactó contra la torre Sur. "Ahora tenemos que dejar de hablar de un posible accidente para hablar de algo deliberado que acaba de pasar", dijo Lauer.

El atentado terrorista del 11 de setiembre de 2001, en el que murieron 3.700 personas, fue el primer ataque en suelo estadounidense en la historia de ese país, y definió buena parte de la política exterior de la mayor potencia del mundo desde entonces.

A las pocas horas se conoció que el autor intelectual detrás del ataque era Osama bin Laden, un millonario empresario saudí de 44 años y aspecto desgarbado que había formado en Afganistán el grupo Al Qaeda y a quien ya en la década de 1990 se lo miraba de reojo desde Occidente por supuestas operaciones de entrenamiento de yihadistas en Sudán, Argelia, Túnez y Egipto.

"Soy un ingeniero civil y un agricultor. Si tuviera campos de entrenamiento aquí en Sudán, no podría hacer mi trabajo", dijo Bin Laden en 1993 al diario británico The Independent.

La pregunta inmediata que se hizo la sociedad fue por qué.

Una explicación llegó al año siguiente, cuando Bin Laden escribió un documento titulado "Carta al pueblo estadounidense".

"La respuesta es muy simple: Porque nos atacaron y siguen atacándonos". El líder terrorista enumeraba luego el apoyo a la opresión israelí hacia Palestina, las guerras en Irak y Somalia, el apoyo a los ataques en Chechenia, Cachemira y Líbano. "Bajo su supervisión, consentimiento y órdenes, los gobiernos de nuestros países, que actúan como agentes suyos, nos atacan a diario", señalaba.

"Está comandado por nuestra religión y nuestro intelecto que los oprimidos tienen el derecho a devolver la agresión. No esperen nada de nosotros que no sea yihad, resistencia y revancha", advertía.

A los estadounidenses no les gustó esta versión. El precandidato republicano a la Casa Blanca, Ron Paul, suscribió a esta teoría en un debate de la campaña de 2008.

"Nos atacaron porque hemos estado ahí, bombardeando Irak por 10 años, hemos estado en Medio Oriente (...). Ahora mismo estamos construyendo una embajada en Irak que es más grande que el Vaticano. Estamos construyendo 14 bases permanentes. ¿Qué diríamos aquí si China estuviera haciendo lo mismo en nuestro país o en el Golfo de México? Lo objetaríamos. Tenemos que ver qué hacemos desde la perspectiva de qué sucedería si alguien más nos los hiciera a nosotros", afirmó.

Ron Paul fue fuertemente abucheado por el público, que, en cambio, vitoreó a Rudolph Giuliani cuando dijo que su respuesta era absurda. La versión más aceptada en la sociedad era que el ataque se debía al odio musulmán a las libertades de Estados Unidos.

El 2 de mayo de 2011, casi 10 años después del atentado, el gobierno de Barack Obama mató a Bin Laden en Pakistán. Estados Unidos lo celebró como una victoria.

En la entrevista de 1993 con The Independent, el líder saudí se había referido a la posibilidad de perder la vida: "Nunca le tuve miedo a la muerte. Como musulmanes, creemos que cuando morimos vamos al paraíso".

Esta nota forma parte de la publicación especial de El Observador por sus 25 años.


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