Trump, Le Pen, Wilders: claves del éxito de la nueva derecha

Pese al rechazo que enfrenta en los partidos democráticos, esa expresión política está más vigente que nunca, sobre todo en Europa
El populismo de estos tiempos tiene una pésima reputación en casi todo el mundo. Es que el término hoy significa "un insulto", dice la filósofa francesa Chantal Delsol, tiene un tinte peyorativo que suscita "odio" y nos remite a partidos políticos o movimientos compuestos "por gente idiota, imbécil o incluso tarada". Es una palabra en efervescencia en el debate político, cargada de connotaciones negativas.

La paradoja es que, pese al rechazo y la exclusión que enfrenta en los partidos democráticos, el populismo está más vivo que nunca, y al soñado año que tuvo en 2016 –con la victoria electoral de Donald Trump y el brexit británico–, se suma que en 2017 se encuentra en la "puerta del poder" en países de Europa, según advierten analistas.

En casi cuatro meses, en dos países europeos, la extrema derecha amenaza, pero no llega al poder, lo que se puede interpretar como un trancazo al avance sorprendente que había obtenido con la salida de Gran Bretaña de la Unión Europea –que Londres notificará oficialmente el miércoles 29– y la llegada de Trump a la Casa Blanca.

El 4 de diciembre pasado, en Austria, el líder de extrema derecha Norbert Hofer perdió por poco la presidencia; el miércoles 15, en Holanda, el ultraconservador Partido por la Libertad (PVV) de Geert Wilders, que esperaba ganar los comicios, se ubicó muy por detrás del primer ministro liberal Mark Rutte, pero consiguió al menos cinco escaños en relación a las elecciones de 2012.

Pero por lo menos en el caso de Holanda no debería leerse como una derrota, afirmó Jean-Yves Camus, especialista de los extremismos en Europa en el Instituto de Relaciones Internacionales y Estratégicos (Iris) de París, porque el ultraconservador PVV marcó puntos "objetivamente", hubo un retroceso de la opción liberal y los socialdemócratas sufrieron una aplastante derrota.

El politólogo francés Stéphane Rozès, presidente de la CAP (Consultoría, Análisis y Perspectivas), por su parte, advirtió que el avance de los populismos permanece "constante" en Europa y vaticina que se dirigen hacia "las puertas del poder", incluso si los votantes lo impiden por ahora.

Mal encarado

"El peligro en esta 'buena noticia' de Holanda es que los gobernantes europeos no abordan la raíz del auge del populismo", señaló Rozès.

"El avance no se mide solo en elecciones. El número de votos sigue siendo importante y eso es lo que debería ocuparnos y preocuparnos. (...) lo que tenemos que preguntarnos ahora es por qué el discurso de la ultraderecha es el más atractivo", dijo a El Observador la politóloga colombiana Carolina Cepeda.

Los partidos "antisistema" europeos son electoralmente fuertes en Austria, Francia, Polonia, Dinamarca, Suiza, Bélgica, Hungría, Holanda, y menos en Reino Unido y Alemania.

En ese sentido, la victoria de Trump "es un estímulo" para los populistas europeos, aseguró Cepeda, y con ello se ha abierto una "caja de Pandora".

Y como si todos los males del mundo se escaparan de la caja griega, un artículo de New York Times, de fines de febrero, repara en que "en Europa Central están proliferando las figuras ajenas a la política, que predican un mensaje populista y prometen derrocar a la clase política existente" y en que "estos líderes están más optimistas desde la elección de Donald Trump".

Junto al búlgaro Veselin Mareshki, el artículo incluye a Andrej Babis (República Checa); Boris Kollar (Eslovaquia); Bogoljub Karic (Serbia); Aivars Lembergs, (Letonia); Zbigniew Stonoga (Polonia) e Ivan Pernar (Croacia).

Todos ellos provienen del mundo de los negocios y coinciden en sus furibundos ataques a la "clase dirigente", en demostrar personalidades egocéntricas y en cierta astucia en el manejo de las redes sociales, según el periódico neoyorquino.

Los postulados

El populismo encierra una noción muy escurridiza, aunque puede rastrearse un conjunto de ideas básicas, según el historiador italiano Loris Zanatta, que escribió un libro sobre el tema: evoca a una comunidad; es antipolítico; propone "devolver al pueblo la centralidad y la soberanía que le han sido sustraídas", y quiere recuperar valores y el estatus del pasado con un discurso dirigido al "pueblo".

En el viejo continente adquirió rasgos propios, según el experto Camus: rechazo de la multiculturalidad (rotundamente xenófobos), antieuropeísta y muy crítico de las élites.

Otros autores marcan otras ideas fuerza: defensa de la familia tradicional; cruzada moral; contrario a la burocracia estatal; reducción de impuestos; reivindicación de una identidad de la nación; antiglobalización y lamento por la soberanía perdida.

Una práctica presente en el populismo en auge, de acuerdo a Cepeda, es que pretende eliminar "las instituciones intermediarias y necesarias entre gobernados y gobernantes" y refuerza un "peligroso" estado de opinión: "si la mayoría lo quiere es porque está bien y es bueno".

"Estamos ante escenarios donde la gente ha decidido votar por discursos viscerales que apelan a las emociones y casi ponen a los electores contra la pared", explicó esta doctora en Ciencia Política, directora de la Maestría en Estudios Contemporáneos de América Latina de la Universidad Javeriana.

Sin embargo, cree que es necesario "hilar un poco más fino" a la hora de pensar cómo podrían desenvolverse gobiernos populistas clásicos "porque (en Europa) hay instituciones que funcionan y eventualmente podrían jugar como garantes en algunos casos para frenar excesos".

¿Cómo se explica la creciente simpatía hacia ideas y líderes populistas de extrema derecha? Estudios conocidos en los últimos meses ofrecen algunas pistas al respecto.

El mes pasado, se conoció una encuesta, realizada en los cinco países más grandes de Europa, que deja a la vista el malestar de los ciudadanos con la política, lo que contribuye a consolidar las ideas antisistema. En Italia, el 73% de los encuestados cree que su país está en declive; 69% en España; 67% en Francia; 57% en el Reino Unido y el 47% en Alemania, según el estudio realizado por Ipsos Global @dvisor. A eso se suma que los europeos tienen poca o ninguna confianza en sus gobiernos.

Las opiniones sombrías alimentan un populismo que también se nutre de una opinión pública que, excepto en Alemania, cree mayoritariamente que su país necesita un líder fuerte.

Otro estudio, conocido el lunes 6, encontró una relación significativa entre la exposición de regiones a las importaciones chinas, donde hubo pérdida de empleos asociadas al comercio, y el apoyo a los partidos de derecha radical.

En ese sentido, partidos populistas de los Países Bajos, Francia, el norte de Italia y en una parte de Austria, han encontrado un terreno fértil para entusiasmar al electorado con la retórica proteccionista del presidente Trump.

Sobre eso, la politóloga Cepeda dijo que los "discursos de extrema derecha han sabido interpelar a la gente que ha visto cómo la globalización neoliberal afectó su vida, desde lo más cotidiano hasta lo más abstracto".

Hay ejemplos que muestran "un profundo descontento por estos efectos y las situaciones de precariedad que se perpetúan, y quien aparezca a combatirlos, a ofrecer una esperanza, obtiene el respaldo", señaló.

Cepeda cree que no se debería hacer foco solo en el "molde del populismo" sino en el contenido que le impregna la ascendente extrema derecha, "porque la salida no se busca en la solidaridad, en la comunidad, ni apelando a esos valores, sino buscando culpables y responsabilizando a otros individuos, tan débiles como nosotros, de los problemas que nos aquejan".

En este escenario borrascoso, la Unión Europea celebrará este sábado, el 60º aniversario del Tratado de Roma, que dio origen a la Comunidad Europea. Un festejo peculiar por la creciente sombra del populismo

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