Trump: un egocéntrico aprendiz de político para la Casa Blanca

Convención Republicana lo proclamó ayer candidato a presidente por su partido
El polémico magnate Donald Trump fue elegido anoche oficialmente candidato republicano a la Presidencia de Estados Unidos para las elecciones de noviembre, durante la Convención Nacional de su partido en Cleveland (Ohio).

El millonario de 70 años obtuvo el apoyo de la mayoría (1.237) de los delegados, mínimo requerido para obtener la investidura.

Trump puede presumir de casi todo, menos de una cosa: experiencia previa en un cargo político. En ese terreno, Trump bien podría asemejarse a un concursante de “The Apprentice” (“El aprendiz”), el popular programa que lo lanzó al estrellato televisivo al grito de “¡Estás despedido!”.

De hecho, el flamante candidato presidencial, que ejercía en ese espacio de juez implacable ante la destreza empresarial de jóvenes aprendices que aspiraban a un suculento contrato anual para dirigir una de sus compañías, abomina de la clase política.

“Yo no soy un político. Los políticos hablan y no actúan. Yo soy lo contrario”, subrayó Trump hace casi un año, tras postularse el 16 de junio de 2015 a la Presidencia.

En abril, el impulsivo multimillonario reconoció que sólo ha “sido un político durante un tiempo muy corto”, y está en proceso de “aprendizaje”. “Lo que realmente he sido es un empresario exitoso durante mucho tiempo”, matizó Trump, conocido por su gran autoestima.

Tanto es así que en 1995 publicó en The New York Times un artículo titulado, sin empacho alguno, “Lo que mi ego quiere, mi ego lo consigue”, filosofía que ha impulsado su meteórico e inesperado ascenso a la nominación presidencial del Partido Republicano.

Antes de competir por la Casa Blanca con una campaña plagada de insultos que supo capitalizar el enojo de muchos votantes con la clase política de Washington, Trump era ya en EEUU una celebridad. Nacido el 14 de junio de 1946 en el neoyorquino barrio de Queens, Trump es el cuarto de los cinco hijos de Fred Trump, constructor de origen alemán, y Mary MacLeod, ama de casa de procedencia escocesa.

Tan rebelde era ya desde niño, que su padre tuvo que sacarlo a los 13 años de la escuela, donde agredió a un maestro, e internarlo en la Academia Militar de Nueva York, con la esperanza de que la disciplina castrense encaminara a su hijo.

Se graduó en 1964 en la academia, y cuatro años más tarde se licenció en Economía en la Escuela Wharton de la Universidad de Pensilvania. Luego sucedió a su padre al frente de la empresa familiar, Elisabeth Trump & Son, dedicada a edificios de alquiler de clase media en su ciudad.

El osado empresario empezó a cimentar su fama con deslumbrantes obras en Manhattan, que luego consolidó con un imperio que incluye hoteles, campos de golf y casinos.

Con la nominación bajo el brazo, Trump afronta ahora un desafío “a lo grande”, como a él le gusta: equilibrar su ego con políticas que seduzcan al electorado para entregarle las llaves de la Casa Blanca.

De lo contrario, el votante, como su personaje en “El aprendiz”, podría descalificarlo en las elecciones del 8 de noviembre con un clamoroso “¡Estás despedido!”.

Confían en que latinos no se enojen

El Partido Republicano explicó ayer que los asuntos de inmigración, centrales en el discurso de Donald Trump, son “complejos y delicados”, y confió en que los votantes latinos no se sientan ofendidos con la convención del partido, en la que el lunes se presentaron ejemplos negativos de inmigrantes. “No se habló mal del hispano en términos generales, pero se demostró lo complejo que es el tema de la inmigración”, explicó Helen Aguirre, responsable del Comité Nacional Republicano para medios hispanos. “No se observan las leyes y no se quiso ofender a hispanos”, afirmó.

Fuente: EFE

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