Un best seller diferente

Se reedita la obra El bar de las grandes esperanzas, del escritor estadounidense J. R. Moehringer

Cuando se observa una fotografía de J. R. Moehringer se piensa en cualquier cosa menos en un escritor. Atildado, de peinado impecable, sonrisa deslumbrante y cara de no haber matado una mosca en su vida, parece más un estirado jugador de golf o un modelo publicitario de pasta de dientes que un hombre dedicado a las letras.

El suyo es uno de esos casos donde las apariencias engañan; se trata de un lobo con piel de cordero. De un sobreviviente de los males modernos del mundo: abandonado por su padre antes de cumplir un año, de clase baja, criado por parientes disfuncionales y sin más perspectiva que el bar de la esquina de su barrio como lugar de escape y refugio.

Su vida es una serie de batallas ganadas a pura voluntad. Era el mejor alumno de una muy mala escuela de los suburbios de Nueva York y logró entrar becado a la exigente universidad de Yale. Cuando fue pasante en el New York Times lo maltrataron sin piedad y retrucó ganando un premio Pulitzer en otro periódico. No podía dar el salto al mundo editorial y el tenista André Agassi lo eligió para escribir su exitosa biografía Open. Fue alcohólico y dejó la bebida.

Mucho de esto se cuenta y se explica en El bar de las grandes esperanzas, un libro que va de la niñez a la adultez para narrar una singular historia de superación personal y transmitir al mismo tiempo un mensaje de esperanza. La obra, hay que decirlo, es puro sentimiento. Muchas veces no demasiado elaborado, pero sí lo suficientemente poderoso como para captar la atención de lector.

Moehringer no escribe mal y sabe darle dinamismo a un relato que, a pesar de ser pormenorizado, no llega nunca a ser pesado o redundante. Dividido en un sinfín de capítulos más bien breves, esa estructura le permite saltos temporales que sirven para cubrir los muchos años que abarca la narración.

Al niño que sufre junto a su madre el abandono paterno le sigue el joven que busca entrar a la universidad como sea. Más tarde llegan los primeros trabajos, el primer amor y los primeros golpes. Todo hasta llegar a ser un adulto que verá caer estupefacto las torres gemelas del World Trade Center el 11 de setiembre de 2001.

A pesar de ser un texto escrito en primera persona que describe una peripecia vital concreta, lo curioso es que no puede decirse que este es un trabajo jactancioso o narcisista. Muy por el contrario, el autor se apoya en una gran variedad de personajes para explicarse a sí mismo.

Moehringer trata con sumo tacto a cada uno de los parroquianos habituales del bar Dickens, su segunda familia. Todos tienen una historia que contar y el autor les cede la palabra con entusiasmo y devoción. El tío Charlie, Steve, Poli Bob, Cager y Smelly construyen otra novela paralela que se inserta dentro de la narración.

Está el apostador compulsivo, el veterano de la guerra de Vietnam, el policía extraviado, el delincuente de medio pelo y el trabajador honesto. Y está también la intención clara de mostrar ese último reducto de democracia estadounidense que es un bar de una esquina cualquiera de Nueva York.

Se destaca además el equilibrio entre las secuencias dramáticas y los pasajes triviales. También el uso sutil del humor, que se da de tanto en tanto. En este sentido, los consejos de los mayores sobre el sexo, el dinero y la vida en general resultan muy efectivos.

El libro tiene muchos pasajes no aptos para corazones sensibles. Pero –y es sorprendente el equilibrio en este sentido– también hay momentos de gran literatura, como insertos al descuido entre las situaciones que se suceden, por ejemplo, en las interacciones entre madre e hijo.

El bar de las grandes esperanzas es un best seller atípico, que reseña una vida desde la honestidad más absoluta. Nada pretencioso y muy entretenido, su lectura deja un sabor dulce. No es poco en los tiempos que corren.


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Acerca del autor

Andrés Ricciardulli