Un eco desde el fondo del Universo

Desde que dos agujeros negros chocaron hace 1.300 millones de años, ya nada fue igual, aunque la humanidad descubrió todo esto recién en setiembre del año pasado
Se publicó el jueves pasado en la revista Nature un descubrimiento que inicia una nueva manera de estudiar el universo: la detección de "ondas gravitacionales", previstas por Einstein en la Ley de la Relatividad General y "escuchadas" por primera vez en setiembre del año pasado, por científicos del laboratorio LIGO, en Estados Unidos.

La noticia se dio en febrero de este año y ahora se publica el trabajo científico en la revista especializada en ciencia. Se trata de un fenómeno colosal: dos agujeros negros, cada uno con una masa superior a 30 veces la del Sol, que chocan y se fusionan.

El hecho despidió, según pronosticaba Einstein de forma acertada, ondas gravitacionales, que viajaron durante unos 1.300 millones de años hasta que fueron detectadas por un laboratorio muy sofisticado, el Observatorio de Interferometría Láser de Ondas Gravitacionales.

Las tales ondulaciones curvan el tiempo y el espacio a su paso y se expanden en todas direcciones durante miles de millones de años pero no se había podido, hasta ahora, detectarlas desde la Tierra.

La detección implica averiguar qué pasó, hace tanto tiempo, a través de una fuente de información nueva, distinta de la de las ondas electromagnéticas, que son las que nos mostraban el mundo hasta ahora.

Los científicos que firman el trabajo, expertos en cosmología y relatividad computacional de la Universidad de Chicago y el Instituto de Tecnología de Rochester, en Estados Unidos, así como de la Universidad de Varsovia, en Polonia, crearon un modelo informático para averiguar qué fenómeno provocó la señal detectada por LIGO.

Así pudieron rearmar la situación que dio origen a esas vibraciones que se detectaron en el laboratorio estadounidense, un eco desde el fondo del universo, cuando se produjo uno de los "accidentes" más catastróficos que pueden suceder: el choque de dos agujeros negros, que antes habían sido estrellas de un sistema binario, y que ahora (hace 1.300 millones de años) se fundían en una concentración de masa intolerable.

El choque liberó una energía equivalente al triple de la del sol y el universo entero se conmovió, se onduló, el tiempo se descompuso, alteró su sentido, en encogió y se expandió de manera inimaginable para los seres que nacimos 1.300 millones de años después.

Las ondas gravitacionales empezaban el periplo que las trajo a la Tierra y nos contaron esa historia, de violencia tan magna y antigua. J. J. Eldridge, físico de la Universad de Auckland, en Nueva Zelanda, estima que esos dos astros contribuyeron, con su brutal conflagración, a que el universo saliera de la llamada Edad Oscura, según publica el diario español El País.

Fue así que se hizo posible un orden de galaxias, estrellas, planetas y vida. A esos astros les tomó unos 10 mil millones de años, orbitando uno en torno al otro, para acercarse, fundirse y mandar la información que preveía Einstein que mandarían.

El hecho de que hayamos sido capaces de escucharla, habla bastante bien de los seres que se desarrollaron en este rincón del universo. La comunidad científica tiene buenas razones para enorgullecerse.

A partir de ahora será cuestión de seguir escuchando, y obtener información como para reconstruir la historia del universo con todo detalle, a partir de una fuente totalmente nueva.

Yo tengo la ilusión de que estas ondas gravitacionales traigan un tipo de información que ayude a entender cuestiones que hasta ahora son un misterio. Algo que me gustaría, en particular, es que traigan datos que contribuyeran a entender el universo como un todo, con reglas que puedan servir para lo desmesuradamente grande y también para lo infinitesimal.

Sí, lo que quiero es que aparezcan los datos necesarios para formular una Teoría del Todo y poder hablar del universo con conocimiento de causa.

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