Un legado familiar en Carmelo

Historia de la pequeña bodega de Colonia que fue capricho de su dueño y que hoy es uno de las principales atracciones para turistas

 

Por Martín Viggiano

Cuando Bernardo Marzuca estaba en la panza de su madre, en 1968, su padre Luis plantó en su campo de Carmelo (Colonia) su primera viña. En ese momento, el jefe del hogar era comerciante en el pueblo pero tenía pasión por la uva y el vino. Bernardo creció entre vendimia y vendimia, hasta que en el 82 su padre quebró. Al poco tiempo enfermó y murió. Entonces la familia decidió arrendar su campo a Irurtia, una bodega histórica de la zona que gestiona decenas de hectáreas con viña plantada para su producción anual. Pero en 2005 Bernardo, que nunca se fue de Carmelo y se dedicó a la producción de cítricos y distintos trabajos en el rubro, recuperó la gestión del campo y comenzó a construir su sueño. Junto a su esposa e hijos trabajaron para renovar el lugar, mientras reconvertían al menos una hectárea de viña.

Bernardo plantó Tannat y más tarde Syrah. Con los años vio que su sueño empezaba a hacerse realidad. Hasta que en 2011 realizó su primera cosecha de vino fino. La hizo junto a familiares y amigos, y en la memoria de su padre bautizó a la bodega como El Legado.

Ese primer año produjo 1.000 botellas, pero a medida que el proyecto se conoció en distintos puntos de Uruguay, y su vino se ganó el respeto del paladar de expertos y críticos, la producción creció a 3.000 botellas.

El emprendimiento tomó forma también a impulso del turismo, ya que el establecimiento es pequeño pero encantador. Tiene una edificación muy cuidada por los dueños, que sirve para que los turistas puedan realizar una recorrida amena. La viña, que ocupa casi una hectárea del campo, está plantada con un método poco conocido en Uruguay. Es un cordón vertical, sin alambres, que sostiene la planta y le permite crecer con una apertura distinta a la tradicional para vinos finos (espaldera). Ello, según cuenta Bernardo, le permite a la vid tener más luz durante el proceso de maduración, al tiempo que favorece la ventilación, algo fundamental para la sanidad.

Los dueños, además, son los encargados directos de recibir las visitas y encabezar las charlas y degustaciones a extranjeros o turistas locales. Tal es el éxito de El Legado como destino turístico en el oeste del país, que el portal TripAdvisor (una especie de red social de turismo donde los usuarios son los encargados de calificar, comentar y recomendar) lo destaca como el destino número uno en las atracciones de Carmelo.

Como sea, si toda esa historia y dedicación no se condice con un buen vino, El Legado sería más teórico que práctico. Pero no es así. Los vinos de Marzuca valen la pena. El Tannat logra una madurez justa, sin perder la acidez necesaria para un tinto de carácter. Sus taninos son suaves, y el pasaje de 8 meses por barrica americana lo convierten en un vino elegante. Su segundo vino es un Syrah, también varietal y también reserva. Tiene un perfil fresco y delicioso de fruta roja, aunque mantiene notas típicas de la variedad como la panceta ahumada, pero sin avasallar. En barrica descansa a la espera de salir a luz este año un corte gran reserva con Tannat y Syrah.

Bernardo pretende llegar a producir en el mediano plazo 10.000 botellas al año. No más. Explica que de lo contrario no podría dedicarse como hoy lo hace: estar en cada detalle de la producción, atender a cada visitante, y a atento a la venta de cada botella sea en Colonia, Montevideo o Maldonado.

“Este es el legado que quiero transmitir a mis hijos de la cultura por el trabajo, mantener la familia unida, y que todo con esfuerzo da sus frutos”, concluyó Marzuca a Sacacorchos.


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