Un nuevo acuerdo petrolero

Contrario a lo esperado, en los 20 días de vigencia el precio bajó 15%

Por Alberto Bensión

En el 2014, 40 años después de la primera crisis mundial del petróleo, el mercado comenzó a sentir el efecto de la competencia de Estados Unidos basada en el fracking. Arabia Saudita decidió impulsar entonces en la Organización de los Países Exportadores de Petróleo (OPEP) una rebaja significativa del precio internacional, incluso por debajo de los US$ 30, con el fin de desbancar a este nuevo competidor.

Tres años después, en el pasado mes de noviembre, las penurias económicas que esa baja del precio provocó a todos los países petroleros indujeron al reino saudita a revisar esa movida. Así, promovió en la OPEP por primera vez en ocho años un descenso conjunto de la producción.

Entonces, desde el pasado mes de enero, la organización comenzó a reducir su producción en 1,2 millones de barriles diarios con el fin de llegar en seis meses a 32,5 millones. Otros 11 países que no integran la OPEP, bajo el liderazgo de Rusia, acordaron complementar esa decisión con una baja de 558 mil barriles diarios. En conjunto, los países que impulsaron el acuerdo son el 60% de la producción mundial, quedando afuera otros importantes como Estados Unidos, China, Canadá, Noruega y Brasil.

El acuerdo fue concebido como una movida transitoria para rebajar el nivel de los inventarios, que estaba por encima del promedio de los últimos cinco años, y lograr una suba de los precios. La reacción inmediata fue la esperada, porque el precio del barril trepó a US$ 55, una suba del orden del 20%. Pero aunque la rebaja de la producción de los países firmantes se fue ajustando a la previsión inicial, el aumento de la producción de Estados Unidos impidió la normalización esperada de los inventarios.

Por esto fue que a fines del pasado mes de mayo, vencido el plazo del acuerdo, el mismo grupo de países decidió su extensión hasta el próximo mes de marzo. Por distintos motivos, Libia, Nigeria e Irán fueron exceptuados del convenio.

Pero contrariamente a lo esperado, hasta mediados de esta semana el acuerdo no dio el resultado deseado. Antes bien, en estos 20 días de vigencia el precio ha bajado en 15%, para ubicarse por debajo de los US$ 48.

Esta evolución resulta del escepticismo con el que los operadores del mercado miran a las posibilidades de éxito de la apuesta de la OPEP y sus aliados, de que con el nivel actual de producción, los inventarios comenzarán a bajar en los próximos meses, para volver a un promedio normal en el primer trimestre del año que viene. A favor de esta previsión, hay que tener en cuenta que desde principios de año el exceso de los inventarios ha bajado de 129 millones de barriles a 110 millones. Pero en contrapartida, hace 10 días los inventarios de Estados Unidos no solo no bajaron como se esperaba, sino que volvieron a subir, con la consecuente perturbación de las expectativas.

Además de la evolución de corto plazo de los inventarios, la previsión del próximo año depende de al menos otras dos variables de importancia.

La primera de ellas parece relativamente predecible, y es la posible continuidad del acuerdo entre Arabia Saudita y Rusia.

Arabia Saudita no está en posición de volver a la libertad de producción y baja de precios que promovió en el 2014. Desde el 2011, las reservas internacionales de su banco central están por primera vez por debajo de los US$ 500.000 millones. Las finanzas públicas no están en su mejor forma, puesto que por razones políticas hay que atender a los ingresos de los empleados públicos y de los militares. Además, la rivalidad con Irán y la guerra en Yemen obligan a mantener una compra importante de armas.

Por ahora Rusia tiene bajo control a las políticas cambiaria y fiscal, en correspondencia con el precio actual del petróleo. Por ello podría esperar un tiempo más antes de plantearse un eventual aumento de su producción para el que se ha venido preparando mediante la inversión en varios yacimientos.

Hay un segundo problema, ajeno a la voluntad de árabes y rusos, que es el cuestionamiento a futuro del escenario actual por la evolución de la producción de los países que quedaron fuera del acuerdo, en especial Estados Unidos.

Con el actual nivel de precios, el número de las exploraciones en el territorio norteamericano está en su nivel máximo desde fines del 2015, la producción ya alcanzó los 9,2 millones de barriles diarios, el mayor nivel desde principios del año pasado, y la proyección para este año es de una suba de unos 800 mil barriles diarios, poco menos de la mitad de la rebaja en curso acordada por la OPEP y sus aliados. Más aun, para el año próximo la estimación es de un aumento superior al millón de barriles diarios.

En este marco, y descartando un acontecimiento imprevisto de orden político u económico, todo indica que en los próximos meses el precio del petróleo habrá de oscilar en una franja de entre US$ 45 y US$ 55.

La producción de Estados Unidos habrá de operar como regulador del mercado. En la medida en que el precio tienda al extremo inferior de esa referencia, también bajará la rentabilidad del fracking y las posibilidades de expansión de la producción. A la inversa, si el precio se acerca al nivel deseado por Arabia Saudita y Rusia, la producción norteamericana habrá de retomar el ímpetu alcista de los últimos años, para acotar la suba.


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