Una de cal y una de arena

América alucinada, de la argentina Betina González, es una novela compleja y original que ataca al sistema social imperante

Hay algo en la condición humana que empuja siempre al hombre a buscar lo absoluto y es la desesperada necesidad de tener, al menos antes de morir, alguna otra certeza. Quizá por eso la zona gris de la vida, esa que no es ni buena ni mala del todo, que no puede definirse con facilidad, resulta tan incómoda para todo el mundo.

En ese temor genético hacia lo intermedio, hacia lo discutible, hacia lo que no se puede juzgar con facilidad, se asienta el éxito de Facebook, que no tiene ni tendrá un botón para indicar que me gusta un poco o no me gusta del todo: te gusta o no te gusta.

El arte tampoco escapa a esa dicotomía. América alucinada, el último libro de Betina González, es un ejemplo perfecto de los efectos devastadores que puede tener sobre el organismo una obra que entusiasma pero que al mismo tiempo provoca rechazo, que pasa de un gran capítulo a uno olvidable, creando una especie de bucle infernal que va minando la salud mental del lector. Genera rabia en este caso, además, no poder decir con contundencia "esto está muy bien" o "ni se acerque a la librería".

Ubicada en una ciudad sin nombre de Estados Unidos, la novela plantea tantos temas que bien podría aplicársele el dicho de que el que mucho abarca poco aprieta. Hay un marco general desolador teñido de surrealismo y un punto de partida bien definido que es la noticia de que los ciervos que habitan en los bordes del lugar han enloquecido y atacan sin aviso a los pobladores.

Al mismo tiempo, padres jóvenes están abandonando a sus hijos para irse a vivir en comunidad, precisamente en el bosque, lo que supone una visión extrema de las experiencias de apartamiento social que diversos grupos practicaron a lo largo de la historia de Estados Unidos, siendo la época de los hippies la más notoria.

Tras situar al lector, la autora presenta a sus principales personajes, que son tres. Por un lado está Berenice, una de las niñas abandonadas. Por otro Beryl, una anciana rebelde, que fue hippie en su momento. Y Vik, un inmigrante que trabaja como taxidermista en el museo de la ciudad.

La novela sigue alternativamente el destino de los tres en tiempo real, pero dedica también muchas páginas al pasado de todos ellos para explicar sus acciones. Hay una crítica explícita a las experiencias comunales que tiene sus más y sus menos, ya que la autora justifica las del pasado por la rigidez e indiferencia de los padres de aquel entonces y en cambio critica a las actuales, a las que considera solo como una actitud snob de una burguesía asqueada de la tecnología y el sistema.

No es la única contradicción de la novela, que falla cuando González intenta justificar sus puntos de vista. También se muestra ambigua con las drogas, en este caso representadas por la Albaria, una planta alucinógena que, se descubre, están consumiendo los "desadaptados" y los ciervos.

En el otro extremo hay momentos muy logrados como el proceso mental de Berenice, que poco a poco va comprendiendo que su madre no va a volver y que debe encontrar una sustituta. O la situación de Vik, que descubre que tiene una mujer salvaje escondida dentro de su propia casa.

Igual de interesante es la situación de Beryl, que decide a pesar de sus años crear un grupo de cazadores, todos de la tercera edad, para intentar eliminar a los ciervos enloquecidos, metáfora ecológica de una naturaleza que se defiende como puede.

Ayuda que González tenga una prosa límpida y directa, además de poco propensa a las florituras, pero al mismo tiempo se nota un andamiaje artificial que le juega en contra a toda la novela. América alucinada pudo ser una maravilla o un desastre, y no es lo uno ni lo otro. O es las dos cosas.


Datos

$590. América alucinada. De: Betina González. Editorial Tusquets, 251 páginas

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Acerca del autor

Andrés Ricciardulli