Una limpieza: investigación en Petrobras terminó con la prisión de muchos poderosos

El caso llevó a la cárcel a decenas de empresarios y políticos de primera línea de prácticamente todo el arco parlamentario
Por Damian Wroclavsky, AFP

La Operación Lava Jato (lavadero de autos), considerada por muchos como la mayor investigación de corrupción de la historia, comenzó en marzo de 2014 como una pesquisa sobre el mercado paralelo de cambio en una red de estaciones de servicio de Brasil.

El caso llevó desde entonces a la cárcel a decenas de empresarios y políticos de primera línea de prácticamente todo el arco parlamentario, por su implicancia en una red de sobornos pagados por grandes constructoras para obtener licitaciones de la estatal Petrobras.

La fiscalía definió el esquema como un sistema de "empresas que se enriquecían a costa del Estado, directivos de Petrobras que vendían favores, lavadores profesionales de dinero que pagaban sobornos y políticos y partidos que sustentaban a directivos de Petrobras y a cambio recibían la mayor parte de los sobornos para enriquecerse y financiar sus campañas".

Las obras sobrefacturadas generaban excedentes que se transferían a los partidos y a los conspiradores como sobornos de entre el 1% y el 5% del valor de los contratos.

Se estima que el esquema drenó el equivalente de unos US$ 2.000 millones de la petrolera estatal y que causó, según cifras de la fiscalía, un perjuicio total de más de US$ 13.000 millones. Según la fiscalía, los procedimientos legales permitieron a la empresa recuperar unos 500 millones de reales (US$ 155 millones) hasta fines de 2016.

Las ramificaciones del caso se extendieron a una decena de países. Hasta ahora, hubo en Brasil centenares de causas abiertas, 259 personas inculpadas y 120 condenadas, en muchos casos a pesadas penas de cárcel.

Se emitieron asimismo 79 órdenes de prisión preventiva.

Los delitos recurrentes son corrupción pasiva y activa, crímenes contra el sistema financiero, formación de organización delictiva y lavado de dinero.

El centro neurálgico de la operación se halla en Curitiba, la capital de Paraná, desde donde actúan el juez de primera instancia Sergio Moro y un equipo de fiscales dirigido por Deltan Dallagnol.

En Brasilia, la corte suprema lleva los casos de personas con fuero privilegiado.

Entre los condenados figura el expresidente de la constructora Odebrecht, Marcelo Odebrecht, que purga una pena de más de 19 años de cárcel.
José Dirceu, que fue jefe de gabinete del presidente de izquierda Luiz Inácio Lula da Silva (2003-2010), fue condenado a 23 años de reclusión.

Batista, Lula y Temer

También están tras las rejas, con prisión preventiva, el ultraconservador expresidente de la Cámara de Diputados, Eduardo Cunha, y el exministro de Finanzas de Lula, Antonio Palocci.

Esta semana, se entregó el empresario Eike Batista, que también era investigado en el marco de la misma causa, y que llegó a ser el hombre más rico y poderoso de Brasil.

Lula responde a varias acusaciones de corrupción pasiva. El exlíder sindical niega cualquier vinculación y denuncia una conspiración para impedirle presentar su candidatura en las elecciones presidenciales de 2018.

El actual presidente conservador Michel Temer es a su vez mencionado en testimonios de "delación premiada" de por lo menos un ejecutivo de Odebrecht.

La convalidación, considerada inminente, de las delaciones premiadas de 77 exdirectivos de esa compañía podría duplicar el número de causas judiciales, según adelantó el fiscal Dallagnol.

Además de Odebrecht, se vieron involucradas en el caso las constructoras Techint, Camargo Correa, Andrade Gutierrez, Mendes Junio, Promon, MPE, Skanska, Queiroz Galvao, IESA, Engevix, SETAL, GDK y Galvao Engenharia.

Tres años atrás, Dallagnol rechazó un caso "con potencial" porque tenía planeado un viaje a Indonesia que ya había pagado.

Lo convencieron diciéndole que un equipo de procuradores se ocuparía del expediente hasta su regreso. Con 33 años, acababa de terminar sus estudios en Harvard y decidió asumir de ese modo la investigación que eclosionaría en el mayor escándalo de corrupción de la historia del país.

Los fiscales

Dallagnol, que hoy tiene 37 años, es un surfista aficionado con una fuerte impronta religiosa. En Twitter, se presenta como "Seguidor de Jesús. Marido y padre apasionado. Fiscal de la República por vocación".

Lidera la llamada "Força Tarefa", un grupo de fiscales que logró resultados inéditos en desentrañar los canales oscuros que financian la política y que solo desde la estatal Petrobras movieron más de US$ 2.000 millones.

"Lava Jato avanzó por dos razones: un nuevo modelo de investigación (con colaboraciones de criminales a cambio de reducción de sus condenas) y una serie de factores aleatorios fortuitos. Sin eso, es probable que este caso no existiera", dijo en una entrevista con AFP .

"¿Pregunta por la suerte? Podría hablar durante 20 minutos sobre eso", afirma sonriendo, mientras relata el episodio que llevó a la detención casual de Paulo Roberto Costa, exdirector de Abastecimiento de Petrobras y primer "delator premiado".

Costa no era buscado por las autoridades, contrariamente a Alberto Youssef, un operador del mercado negro de cambios.

La policía tropezó con un email que mostraba que Youssef le había entregado un auto a Costa a cambio de nada y fue hasta las oficinas del exejecutivo a indagar ese inesperado vínculo. Como el local estaba cerrado, los agentes fueron a buscar unas llaves y, contrariando el procedimiento reglamentario, dejaron el lugar sin vigilancia.

Cuando regresaron, el portero les soltó al pasar que había visto "movimientos extraños". En las cámaras de seguridad, vieron a un agitado grupo de personas que subían y bajaban incesantemente por el ascensor llevando documentos, papeles y valores.

"Eso puso a Costa en el centro de la investigación. Y fue la punta del ovillo que reveló el escándalo de Petrobras, el gran esquema de desvío de recursos públicos", señala. "Fue algo absolutamente fuera de nuestro control".

Otro golpe de suerte, según Dallagnol, fue la designación de los jueces. En su visión, si hubieran tocado magistrados con una visión "hipergarantista" del derecho, contraria a las detenciones preventivas, el caso habría naufragado.

El más visible de ellos es el juez Sergio Moro, que para muchos brasileños encarna la lucha contra la corrupción sistémica.

Pero tanto Moro como Dallagnol son cuestionados precisamente por el recurso, abusivo según sus críticos, de las prisiones preventivas o por inducir a los detenidos a firmar acuerdos de colaboración.

"En Brasil existe una regla de impunidad. Un estudio mostró que el porcentaje de corruptos condenados es de 3%. Lava Jato aparece como una isla de justicia y esperanza en un mar de impunidad", subraya Dallagnol.

"Cruzada moral" no

La delación incentivada de 77 exejecutivos de la constructora Odebrecht debería "duplicar" el número de personas investigadas, dijo el fiscal Deltan Dallagnol.

"Estamos investigando millares de delitos multimillonarios practicados por centenas de personas", adelantó. Hasta ahora, hay 259 denunciados y más de 100 políticos y empresarios condenados a duras penas de cárcel.

La cuestión de los jueces se halla de nuevo en primer plano tras la reciente muerte, en una avioneta que se estrelló en el mar, de Teori Zavaski, que llevaba las investigaciones en el Supremo Tribunal Federal y estaba a cargo de las convalidaciones de las delaciones premiadas.

Pero el jueves, la Corte Suprema de Brasil designó en su l ugar a Edson Fachin, un magistrado prestigioso. "El juez de Lava Jato puede determinar los rumbos de la operación. Su mentalidad, su forma de pensar, su visión del mundo y del derecho pueden determinar el éxito o el naufragio de la operación.

Lava Jato no es una cruzada moral", se defiende el fiscal. "En Brasil existe una regla de impunidad. Un estudio mostró que el porcentaje de corruptos condenados es de 3%. 'Lava Jato' aparece como una isla de justicia y esperanza en un mar de impunidad", subraya.


Fuente: AFP

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