Una luz en la oscuridad

Cuentos selectos, de Thomas Mann, confirma la capacidad literaria de un autor que marcó la primera mitad del siglo XX
Si bien hay hechos como la revolución rusa que marcan un antes y un después en el siglo XX, la historia de ese período está modelada por el devenir social y filosófico de Alemania. De allí surgieron todas las ideas, todos los conflictos y también todos los horrores que empañaron para siempre lo que podría haber sido una época dorada.

La primera guerra mundial y, sobre todo, la segunda marcaron a fuego a toda una pléyade de artistas alemanes sobresalientes, que de uno u otro modo debieron tomar partido. Algunos fueron declarados culpables de apoyar el nazismo, otros de servir de sustento ideológico y muchos acusados de brutal indiferencia ante el mal absoluto.

El caso de Thomas Mann (1875-1955) se suele citar como un ejemplo de compromiso con la libertad, ya que se opuso firmemente al régimen (tras algunas vacilaciones iniciales para que no destruyeran su obra), especialmente cuando emigró a Estados Unidos, donde fue recibido como un héroe por el mismísimo Theodore Roosevelt.

En el prólogo de estos Cuentos selectos, Hugo Beccacece narra que en familia a Mann se lo apodaba "el Mago", por la forma que tenía de conciliar el trabajo artístico con su vida familiar y pública. Este hombre serio y ambicioso no se permitía fracasar en nada y se adaptaba a cualquier circunstancia.

Por poner un ejemplo, era homosexual, pero, como en la época estaba mal visto, solo se permitió algún desliz fugaz y se casó con una mujer con la que tuvo seis hijos. Curiosamente, tres de ellos fueron gays.

Lo primero que llama la atención en estos cuentos largos fechados entre 1900 y 1953 es la explícita relación entre lo que se cuenta y la vida privada del escritor. Si en La montaña mágica, Los Buddenbrook y Doktor Faustus, sus obras cumbres, prima lo intelectual, en estos relatos las pasiones y obsesiones de Mann están en primer plano, aunque sin renunciar del todo a filosofar sobre la vida.

Los relatos son eclécticos pero tienen en común la capacidad para narrar de Mann, que eleva el idioma alemán a una perfección que solo alcanzó Kafka. Traducido al español, su prosa resulta pletórica, monumental, con una cadencia perfecta y tranquila, que se luce especialmente en la descripción de los personajes. Solo por cómo está escrito, este libro ya vale la pena.

Si en sus grandes textos, que lo hicieron merecedor del premio Nobel de Literatura en 1929, se condensa buena parte de la historia de Europa y Alemania, en estos cuentos los protagonistas son los celos, la ambigüedad sexual, el incesto y la traición conyugal. La excepción es Mario y el mago, un sobresaliente relato en el que se denuncia el ascenso del fascismo en la sociedad italiana, a la que Mann despedaza sin piedad alguna.

Hay en todos los cuentos una fina ironía que se cuela aquí y allá, un tono juguetón que atrae al lector de forma irremediable. En Lusita, por ejemplo, se cuenta la historia de un matrimonio desigual entre una bella mujer y su horrendo marido, que la adora a pesar de que ella lo detesta y goza humillándolo en público y en privado. La desgracia del hombre está contada desde la seriedad más absoluta, en cambio la conducta de la mujer se narra de manera más liviana, desde una ironía que caricaturiza a la maldad para que sea tolerada por el lector.

Lo mismo sucede en Un instante de felicidad, que describe una insólita fiesta militar donde los hombres comparten la velada con sus mujeres y con varias prostitutas contratadas para animar el evento, lo que deviene en un aquelarre de pasiones muy divertido.

El mejor cuento es La engañada, escrito poco antes de su muerte, que trata el tema del deseo entre una mujer madura y el joven profesor de uno de sus hijos. Se puede leer como una vuelta de tuerca a lo ya expresado en su novela La muerte en Venecia, llevada al cine por Luchino Visconti, con un inolvidable Dirk Bogarde como protagonista.

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Acerca del autor

Andrés Ricciardulli