Una moderna válvula de escape para el hacinamiento carcelario

La obra que finalizará en setiembre recibirá a 2.000 presos
Punta de Rieles

A la distancia, la Unidad Nº 1 Punta de Rieles luce como una ciudad amurallada. Hace apenas dos años, allí no había más que un terreno descampado, y ahora con 36 mil metros cuadrados de área techada construidos, la primera cárcel creada bajo el formato de gestión público-privada, ajusta detalles para recibir a finales de 2017 a casi 2.000 hombres privados de libertad.

El moderno edificio, que demandó una inversión de US$ 90 millones, será una válvula de escape, para la olla a presión que es el sistema carcelario uruguayo, que tiene 11.000 presos para 10.000 plazas. Pero la mayor novedad que ofrecerá no está en sus muros, sino en la forma en que será gestionada.

La alimentación de los presos y de los funcionarios, el servicio de lavandería para la ropa de cama y de vestir, la limpieza general del centro y el control de plagas, quedarán durante 27 años en manos de una empresa privada, UPR S.A. que está compuesta en un 85% por la empresa constructora Teyma, y 15% por Goddard Catering Group, una compañía que administra cantinas en varias empresas, entre ellas Montes del Plata. También quedará en manos de esta empresa una tienda donde los presos podrán comprar bienes a precios más bajos utilizando el dinero que ganen trabajando dentro de la prisión.

De esta forma, el Estado, a través del Instituto Nacional de Rehabilitación (INR) y ASSE, solo se encargará de las tareas de seguridad, intervención educativa y salud. Esto incluye la puesta en marcha de emprendimientos que serán propiedad del INR y que emplearán a presos. Además, evalúan permitir que empresas privadas se instalen en el predio para dar más alternativas de trabajo.

Para el supervisor del proyecto, Bernardo Vidal, "la clave del éxito de esta cárcel está en la gestión", y en aprovechar una infraestructura pensada para dar "seguridad y confort" a los privados de libertad.

Arquitectura a medida

Cuando la obra esté finalizada, para setiembre de 2017, los ocho edificios en los que se alojarán los presos, la enfermería, el centro cultural, las canchas de fútbol, y las salas de visitas estarán conectados por calles con jardines. Además, cada uno de los 16 módulos con los que cuenta la prisión contarán con un techo con aberturas, pensado para dejar pasar la luz natural.

La forma en la que está construida la Unidad Nº 1 Punta de Rieles, aportará varias novedades al sistema carcelario, gracias, según Vidal, al aporte de la Sociedad de Infraestructura y Equipamientos Penitenciarios, una organización española que durante más de 30 años sistematizó información sobre la construcción de cárceles, y que fue presentada al INR por el socio privado del proyecto.

Que las duchas deben tener forma redondeada para evitar que los presos se cuelguen de ellas, o que las barras de las ventanas tienen que ser huecas y llevar una varilla de hierro móvil para impedir que las limen, son algunos de los consejos de esta organización que fueron puestos en práctica.

También se propuso la apertura de espacios de recreación en la planta baja de cada módulo, con una oficina para atención médica, un salón para cortarse el pelo y hacerse tatuajes, un aula para tareas educativas, un patio y una amplia sala en la que ver televisión, de modo que los presos estén allí durante el día, y las celdas solo se utilicen para dormir en la noche.

Esta es una novedad para el sistema carcelario uruguayo, ya que si bien se está empezando a utilizar este sistema en otras cárceles, ésta será la primera en contar con una infraestructura acorde para este fin desde su puesta en marcha.

Vidal explicó que esto no solo favorecerá el relacionamiento con otros presos y los mantendrá ocupados en las actividades que allí se realizan, sino que también permitirá revisar cada celda con mayor asiduidad, evitando que guarden elementos prohibidos, como cortes carcelarios o drogas.

Las propias celdas tienen particularidades que no se encuentran en otras cárceles del país. Por ejemplo, cada una de ellas cuenta con calefacción propia, detectores de humo y un intercomunicador para solicitar ayuda a funcionarios del INR.

Además, la cárcel fue diseñada para que los trabajadores que llevan adelante tareas de mantenimiento de los módulos puedan hacer su trabajo sin necesidad de evacuar a los presos.
Para eso, se instalaron ductos que llegan a cada celda a través de los cuales se pueden reparar baños, luces o el sistema de calefacción, desde el exterior. Según Vidal esto permitirá hacer reparaciones en el día, sin necesidad de que sean evacuadas las celdas.

Evitar fugas y filtraciones

La cárcel más moderna del país contará además con sensores de movimiento y de vibración de suelo, de modo de detectar si un preso intenta fugarse bajo tierra, así como inhabilitadores de señal de celular, para impedir que los privados de libertad se comuniquen con el exterior utilizando estos dispositivos.

Además, para evitar que los visitantes ingresen con bultos a la cárcel –lo que estará prohibido–, ofrecerán servicios de lavandería y la posibilidad de comprar una amplia variedad de productos en una tienda interna. "Al darles todos los servicios, los familiares de los presos no tienen razón para traer ropa limpia o comida", apuntó Vidal, con lo que se busca evitar la filtración de objetos prohibidos a través de las visitas. Para Vidal "no es posible comparar" la Unidad Nº 1 Punta de Rieles con otras cárceles del país, las cuales "vienen de muchos años de ineficiencias, faltas y con distintos problemas".

"A través del conocimiento acumulado, este proyecto viene a interpelar y modificar el sistema carcelario uruguayo", afirmó.

¿Qué gana el contratista privado?

El contrato establece que el privado que construyó la Unidad Nº 1 Punta de Rieles, UPR S.A., recibirá de parte del Ministerio del Interior un pago trimestral de 200 UI ($ 719) por plaza por día. Además se puede recibir una compensación por superpoblación, la cual no puede superar el 20% de su capacidad original.

Cuando pasen los 27 años que dura el contrato la infrastrucrtura deberá ser entregada al Estado en las mismas condiciones en que comenzó a operar, además de que se obliga a mantenerla tecnológicamente actualizada.


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