Una novela que mezcla fantasía con poesía

El libro de la desobediencia, del uruguayo Rafael Courtoisie, es atípica por su eficaz combinación de la narración y la reflexión
En La novela del cuerpo (2015) Rafael Courtoisie despotricaba contra las cirugías plásticas y denunciaba la obsesión del ser humano por modificar aquello que considera feo o insuficiente. Era el grito airado de un poeta de la carne, que observaba cómo lo sagrado era profanado una y otra vez en nombre de la belleza, que nunca debería ser sintética.

El libro de la desobediencia es una vuelta de tuerca más al tema, esta vez por la positiva: se trata de mostrar las maravillas del cuerpo y sus infinitas posibilidades. Pero también las de la palabra, que anida ingrávida en el cuerpo del poeta, esperando el momento adecuado para salir al mundo y producir una epifanía siempre impredecible.

La novela, ambientada en un Japón medieval y mágico, conjuga con eficacia varios géneros literarios a partir de las diferentes voces que aparecen a lo largo del texto. Courtoisie inserta poemas en medio de la narración sin que esta se resienta, es capaz de crear un aparte para conversar con el lector cada dos por tres, e incluso logra con éxito hacer dialogar a uno de los protagonistas, el poeta Okoshi, con alguno de los personajes que el propio artista crea.

Literatura entonces, pero también metaliteratura. Porque Courtoisie se reserva unas cuantas páginas para reflexionar sobre el acto mismo de la creación artística, sobre lo que significa ser poeta y sobre la desobediencia del ser humano, concepto que el autor amasa a lo largo de todo el libro, quizá de forma algo reiterativa.

Pero más allá de pasar de un poema a un discurso y de allí a una narración clásica y volver a empezar el ciclo, lo que importa es que el conjunto funciona en perfecta armonía y atrapa al lector con las vicisitudes de los personajes.

Las aventuras de la impulsiva y letal Miniki, junto a su escuadrón de guerreras samurái de tendencia lésbica, resultan tan extravagantes como adictivas. La figura terca, estúpida y cruel del emperador de turno también está muy lograda. Las serpientes voladoras, los varios golems, quimeras y seres con poderes sobrehumanos se disfrutan sin rechistar.

Y todo sucede gracias a la prosa de Courtoisie, de gran elegancia y precisión, que nunca cede del todo a la tentación del exceso y logra con esa contención que lo inverosímil se asuma como real, que lo fantástico parezca cotidiano.

El libro de la desobediencia destaca también por su sentido del humor. Es un texto divertido por donde se lo mire, lleno de ocurrencias. La figura del emperador, ese hombre que manda colgar de los testículos a un eunuco ante la desesperación de su general que no sabe cómo explicar a su señor lo imposible de la tarea, resulta impagable. También las miserias del poeta Okoshi, que debe enfrentar un "ajuste fiscal" imperial, que reduce aun más sus ya magros ingresos.

Libro de metáforas y dobles sentidos, pero también lineal en la descripción de las batallas entre el escuadrón de Miniki y las tropas imperiales, a raíz del rapto de la preferida del gobernante. Hay allí escenas que recuerdan al Tarantino de Kill Bill, plásticas, hiperbólicas, sangrientas. Un culto a la katana en detrimento de la pólvora.

También hay espacio para el erotismo, que se cuela cada dos páginas en la narración. En ese punto la interpretación es compleja, ya que por un lado parece haber una reivindicación del sexo y el amor entre mujeres, pero sobre el final del libro hay una giro inesperado.

El libro de la desobediencia es justamente lo que declara desde el título, un texto que desafía los paradigmas de la escritura, que mezcla géneros con enorme libertad, que da rienda suelta a la imaginación. Un libro fantástico, para un mundo sin fantasía.

Ficha

El libro de la desobediencia
De: Rafael Courtoisie
Editorial: HUM
Páginas: 182
Precio: $ 390

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Acerca del autor

Andrés Ricciardulli