Una presidencia con goteras

Vázquez trata de correr con el poncho a un Frente Amplio dominado por el mujiquismo
En momentos en que el ex presidente José Mujica llena estadios y congrega multitudes en todo el mundo, su legado tiene a mal traer a sus seguidores y al Frente Amplio todo.

Primero fue ANCAP y las pérdidas de US$ 800 millones que se llevaron puesto al vicepresidente Raúl Sendic, antes un serio aspirante a la candidatura presidencial. Después vino lo del título que no era y todo lo demás.

El cierre de PLUNA, el sainete del remate, la novela del caballero de la derecha y la foto de El Observador que hundió el negocio le salió gratis. En la Justicia pagaron con procesamientos sin prisión el ex ministro de Economía Fernando Lorenzo y el ex presidente del Banco República, Fernando Calloia; en bancas parlamentarias al que le salió carísimo fue al líder político de ambos, Danilo Astori.

Y el final de la autogestionada Alas Uruguay le agrega drama a una historia triste.
El ministro del Interior mujiquista, Eduardo Bonomi, está en jaque y, como él mismo dijo, ya no importan sus resultados. En la interpelación que comandó el senador Pedro Bordaberry el responsable de la seguridad informó que varios indicadores mejoraron. Entre ellos está el de las rapiñas, que cayeron 3% respecto al año pasado. Pero su imagen está horadada y su permanencia trae enormes riesgos políticos para el gobierno.

El clima económico seguramente evolucionará hacia las elecciones, pero quizá otras cuestiones pesen como factores de decisión.

Un ejemplo. En una conferencia sobre la salida del Reino Unido de la Unión Europea realizada en la Universidad ORT, el presidente de la Bolsa de Valores de Montevideo, Pablo Sitjar, aportó una explicación original sobre el comportamiento de la mayoría electoral. En el marco de un enfoque geopolítico, el ejecutivo sostuvo que el miedo al terrorismo, cuyo emergente fue la voluntad de frenar la inmigración desde Medio Oriente a través de Europa, tal vez pesó más que la indudable conveniencia económica de que las islas británicas se mantuviesen en la Unión Europea. Más pobres, pero más seguros; quizá ese fue el razonamiento, aventuró Sitjar.

Y después vino la sociedad con Venezuela, que evitó una crisis financiera al aportar fondos para evitar el quiebre de un banco cooperativo apenas asumido el primer gobierno de Tabaré Vázquez. El fallecido presidente Hugo Chávez se mostró generoso con los hermanos progresistas pobres del sur al subsidiar diversas actividades y comprar una amplia gama de productos. Venezuela entró al Mercosur por la ventana durante el gobierno de Mujica, de la mano de una suspensión a Paraguay por la supuesta destitución ilegítima del presidente Fernando Lugo.

Sin el mismo carisma de Chávez, el actual presidente Nicolás Maduro fue rodando cuesta abajo hasta ponerse hoy al borde de la guerra civil. El gobierno de Vázquez fue marcando distancias –el canciller Rodolfo Nin Novoa y Sendic emitieron expresiones críticas al régimen venezolano– al punto que, forzados por un Mercosur de centro derecha, no ha tenido otra que convalidar el progresivo aislamiento del país caribeño dentro del bloque original.
A esta altura, parece claro que el ala astorista fue encargada de remendar las goteras que dejó Mujica, cuya popularidad, pese a toda consideración, sigue alta.

La inacción en materia de infraestructura obligó al ministerio de Economía, a formar un fondo de US$ 350 millones para financiar indispensables obras a través del mecanismo de Participación Público Privada. Desde las oficinas de Colonia y Paraguay también se lanzó un paquete de exoneraciones fiscales –mala palabra para el mujiquismo– a fin de incentivar la instalación de multinacionales de gran porte, además de ampliar el área de negocios de las zonas francas, también bajo sospecha permanente del Movimiento de Participación Popular.

En política exterior, frente a la caída del mercado y la incertidumbre regional, el gobierno salió a explorar otras oportunidades. Vázquez y Nin Novoa buscan tratados de libre comercio con China y Chile, una mirada audaz que, como no podría ser de otro modo, recibe cuestionamientos del ala sindical.

En el festejo por los 25 años de El Observador un dirigente de origen socialista hizo notar que en las áreas de gobierno con dominio mujiquista está todo trancado y en realidad gobiernan las corporaciones. Son los sindicatos los que mandan en el mundo laboral y la educación. Desde las áreas de seguridad y Defensa e Interior se avecinan conflictos y malas noticias.

En ese clima, Vázquez trata de correr con el poncho a un Frente Amplio dominado por el mujiquismo y apela a Nin y a Astori como escuderos para defender una gestión con flancos débiles y con una agenda siempre en construcción.
Se aproxima el verano y el piloto entra a boxes. No sería nada extraño esperar cambios en el equipo para enfrentar la segunda mitad del mandato

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