Una recopilación para adentrarse en el abismo de Burroughs

Se reeditan en un solo tomo Yonqui, El almuerzo desnudo y Queer, tres obras fundamentales del gran ícono literario estadounidense William Burroughs
En un fantástico prólogo para una edición de Crónicas marcianas, Jorge Luis Borges decía que Ray Bradbury había puesto en el libro sus largos domingos vacíos, su tedio americano y su soledad, como los había puesto Sinclair Lewis en Main Street.

Se refería a esa sensación de desasosiego y apatía que sintieron algunos artistas que vivieron en Estados Unidos cuando el país transitaba su etapa de máximo esplendor y prosperidad económica, inmediatamente después de la segunda guerra mundial.

Ese tedio, producto de tenerlo todo solucionado, sumado a un visceral rechazo a seguir el American Way of Life, es lo que empujó a William Burroughs hacia el abismo de las drogas cuando era un joven recién egresado de la Universidad de Harvard, según él mismo confiesa en el prólogo de uno de sus libros.

Ícono del movimiento beat de la década de 1950, Burroughs fue el más radical de esa camada de jóvenes artistas que se rebelaron contra el destino manifiesto y marcaron a las generaciones venideras al romper las reglas establecidas por la moral de la época. Su vida fue un constante viaje de experimentación, lleno de golpes y caídas, pero nunca renegó del camino elegido. Adicto a la heroína durante décadas, defendió su vicio a capa y espada, argumentando que era una forma distinta de vivir la vida.

Las tres novelas que la editorial Anagrama presenta ahora en un solo tomo reflejan perfectamente esa vida de excesos, ya que su literatura es básicamente autobiográfica.

En cada una de ellas, aunque se oculte bajo el nombre de los personajes, está el adicto feroz que fue toda su vida, el loco que se cortó a propósito dos falanges de los dedos, el asesino involuntario que mató a su mujer de un disparo en la cabeza jugando a ser Guillermo Tell y el hombre que vagó por Sudamérica y África buscando el Nirvana.

Yonqui es, como indica su nombre, una descripción minuciosa de la vida de un adicto a la heroína. De las tres novelas es la más fácil de leer, ya que se trata de una narración lineal y estrictamente realista. Burroughs describe el día a día sin guardarse nada, lo que puede espantar a más de un lector por la brutalidad de las imágenes.

La búsqueda desesperada de una vena sana para poder inyectarse, el delito cotidiano para conseguir el dinero, las mezquindades del grupo de adictos que frecuenta y la desesperación atroz en los períodos de abstinencia forzada son narrados con una maestría que trasciende lo espantoso y logra conmover por su autenticidad.

El almuerzo desnudo, su obra más famosa llevada al cine magistralmente por David Cronenberg, es ya directamente una alucinación permanente donde la sátira convive con el delirio. No se puede describir su argumento, que tal vez no existe, ya que la novela es un collage surrealista de situaciones extremas.
Lo que sí es evidente es su intención de atacar a las instituciones que representan el orden social, a la moral imperante, a las bases del capitalismo y a la hipocresía absoluta de quienes ostentan el poder desde tiempos inmemoriales.

Queer, por su parte, es una obra transgresora en más de un sentido. Aunque escrita en 1952, recién se publicó en 1984, seguramente porque el corazón de la novela es la relación homosexual de los protagonistas, un maduro álter ego de Burroughs y un muchacho mucho más joven.

Aunque cargado de erotismo, el texto no es obsceno y si se lee sin prejuicios es una maravilla por la descripción profunda que hace del deseo humano, y la forma en que describe el terror a la soledad y a la vejez, que son el verdadero tema de la novela.

William Burroughs no es para cualquier paladar, pero vale la pena el riesgo.

Acerca del autor

Andrés Ricciardulli