Una tarde en la escuela de Master Class

El detrás de cámaras del concurso de talento infantil de Teledoce
Las instrucciones llegan con severidad y potencia. "Atención, silencio. Estoy grabando. Venimos. Estudio, aplausos, música", anuncia el productor Gustavo Landívar desde las alturas. Las tribunas del estudio C de Teledoce explotan en aplausos para recibir a uno de los participantes de Master Class, el formato de talento infantil proveniente de Israel que en marzo estrenó su versión local y que se ha convertido en una de las propuestas más fuertes del canal para este año.

Master Class, conducido por Paola Bianco, se describe como una escuela de música en la que sus alumnos no compiten entre sí, a pesar de que reciben calificaciones y al final hay un estudiante que recibe el título del "mejor de la clase". La intención es potenciar la capacidad vocal de los niños, para lo que cada uno de los cuatro jurados (Victoria Ripa, Gonzalo Moreira, Guillermo Freijido y Laura Canoura) eligen a cuatro participantes y funcionan como sus tutores durante el ciclo.

Cada martes, a la hora 18 (para dejar que los niños que asisten a la escuela en turno vespertino puedan llegar sin problemas) ocho de los dieciséis participantes del programa llegan a la sede de canal 12 para grabar el programa, una instancia que repiten cada dos semanas.

En esa grabación se completa un ciclo que comienza con la asignación de las canciones en la semana previa. Cada gala tiene una temática, y los niños la ensayan en privado con sus tutores dos veces, en un salón de clases acondicionado dentro del estudio, al costado de la escenografía principal. En esa ocasión participa además el pianista Martín Angiolini.

Master Class


En las primeras ediciones, contó Gonzalo Moreira, las cámaras no estaban en los ensayos privados. "Pero pedimos que las pusieran, que grabaran, porque por ahí se daban momentos que se podían usar, y además para que se hagan naturales para los niños. Y no existen, ya las tienen incorporadas".

A eso se suma, cada lunes, un ensayo general con la banda de Gustavo Montemurro (integrada por él en teclado, Martín Ibarburu en batería, Juan Pablo Chapital en guitarra y Fernando "Pomo" Vera en bajo). Montemurro comentó a El Observador que es el trabajo más "estresante" de su carrera, por "los nervios de no trabajar con un profesional". "Hay que cuidarlos porque son niños y están en un momento que no es fácil. Nosotros estamos más nerviosos y tensos que cuando laburamos con adultos, porque tenemos que darles una seguridad absoluta, no podemos fallar".

En las grabaciones de los martes hacen sus presentaciones en vivo en una sola toma (salvo algún error técnico o algún ocasional olvido de letra por culpa de los nervios). También se graban las devoluciones de los jueces, la presentación del programa y algunas promociones, en las que Paola Bianco hace reír al público con sus equivocaciones o comentarios graciosos luego de cada corte.

Sin competencia

En todo momento del rodaje los padres saludan a los tutores de sus hijos, a Bianco, y a las demás familias de los participantes. "Se ha generado un ambiente, los niños se han hecho amigos entre ellos, entre cada grupo de grabación pero también en los momentos que comparten con los otros ocho. Entre ellos se miran, se aplauden cuando cantan, y los padres intercambian teléfonos, se saludan, se conocen", explicó Ana Laura González, una de las productoras ejecutivas del programa.

González reconoce que a esto ayuda el formato del programa, en el que no hay competencia, y aplaude la receptividad de los niños, aunque resalta como punto más complejo el hecho de mantener su foco de atención.

Con eso concuerda Laura Canoura, una de las tutoras que con Master Class debutó en televisión en un rol que no es el de cantante. "Muchos de los niños necesitan focalizarse, concentrarse, pero el potencial que tienen, más allá de que algunos ya traen cosas conocidas, es divino.

Además, están en una etapa hormonal muy importante, y necesitan saber cuidar la voz como el instrumento que es, saber cuándo administrarla y cuándo usarla o cuidarla", marcó la artista.

A pesar de esos puntos a corregir, el nivel de los concursantes es elevado, y cada presentación dejó durante la grabación momentos de genuina emotividad y sorpresa de parte de los jurados, Bianco, el público, y los mismos niños, que entre los nervios y la alegría terminaron en varios casos desahogándose con lágrimas.

Montemurro señaló que la dificultad del trabajo tiene como contrapartida que "también es más satisfactorio, por lo que produce su voz, y su emoción. Es muy intenso".

Moreira, por su parte, destacó lo difícil que fue seleccionar a los 16 alumnos dado el nivel mostrado, y remarcó que "todos son distintos entre sí, con diferentes voces". A su vez, este músico, exintegrante de Canciones Para No Dormir la Siesta, reconoció que si bien los niños se irán del programa con nuevos conocimientos, el formato del programa hace que luego tengan que continuar estudiando si buscan desarrollar una carrera en la música. "No podemos desarrollar mucha profundidad, pero logramos cosas lindas y les damos tips para que se manejen mejor de aquí en más".

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