¿Uruguay devorado?

El empresariado proteccionista, el sindicalismo y la clase política se encargaron ordeñan el estado hasta dejarlo exagüe

El nuevo libro del economista José Luis Espert ha causado un revuelo editorial del otro lado del río. La obra de mi amigo y brillante colega (La Argentina devorada, Galerna, 2017) ha agotado su primera edición en 30 días y va por la segunda, un éxito sin precedentes para la categoría, necesariamente acotada.

¿Por qué ocurre esto? Hay buenas razones técnicas y cotidianas para explicarlo. Espert sostiene que mi país ha venido siendo explotado por una combinación de corporaciones –formales o virtuales– que lo han ordeñado hasta dejarlo exangüe: A) El gran empresariado prebendario, que con su proteccionismo comercial ha cortado el camino más importante para la generación de empleo y bienestar. B) El sindicalismo, otro empresariado también prebendario que saquea a los trabajadores y al estado y condena al país a una rigidez y unos costos laborales que lo obligan a exportar materias primas al estilo de las colonias de 1920. C) La clase política que, por un juego de razones –algunas menos transparentes que otras– acompaña, socorre y complace a las otras dos corporaciones aumentando el tamaño del Estado, el gasto y la corrupción, destruyendo indirectamente a las pymes y matando todo porvenir.

¿Uruguay devorado?
La Argentina devorada
La Argentina devorada

Como consecuencia de la conjunción de esas tres corporaciones actuando práctica y virtualmente de acuerdo –dice José Luis–, Argentina viene desde hace 80 años debatiéndose en ciclos de gasto y emisión altos-aumento de impuestos y tasas-endeudamiento externo-devaluación-default-crisis interna, con sus correlatos de apropiación de los ahorros de la sociedad, destrucción de la inversión, virtual exclusión del empleo privado, falsa creación de empleo vía el Estado, imposibilidad de exportar por la apreciación inducida de la moneda, pobreza y pérdida de importancia relativa en el concierto de las naciones. Con un país que empeora y se empobrece más en cada ciclo.

Esa descripción coincide con los puntos de vista de los profesionales que han analizado seria e imparcialmente la política y economía argentina a lo largo de los años. Pero en este trabajo toma la forma de una teoría integral del comportamiento económico-social del país. En esa empresa, el libro tiene un material de soporte estadístico de datos inapelable, que aleja toda posibilidad de discrepancia con las ponencias de fondo del autor. En esa misma línea, las citas a los trabajos de autores respetadísimos sirven para desmentir las falacias que con formatos diversos, desde la redistribución de la riqueza a la lucha contra la pobreza, han hecho tanto daño a las clases más bajas no sólo de Argentina sino del mundo, además de incrementarlas en su número.

Poniendo una suerte de lápida a las recetas dialécticas que terminaron y terminan distribuyendo solamente hambre y muerte, Espert recurre a su importante anaquel de conocimientos técnicos y concepciones teóricas, que usa para defender cada uno de sus puntos. El voluntarismo barato de todas las teorías populistas, progresistas, socialistas y solidaristas caen a pedazos en el análisis.

Cuando se omiten las referencias a Argentina que el autor realiza, se caerá rápidamente en cuenta que el libro tiene validez para cualquier país, en especial los agrodependientes. Y destruye con contundencia los argumentos del proteccionismo fatal en nuestras economías. Porque los países grandes y altamente desarrollados pueden por un tiempo darse el lujo pagar el alto costo de aplicar alguna dosis de proteccionismo en algunos rubros. Los países chicos no. Su única posibilidad de crecimiento y bienestar es la apertura comercial, base de la riqueza de las naciones.

¿Y por qué hablo de este trabajo aquí? Porque con muy pocos matices de diferencia, el libro debería ser leído por muchos orientales, en especial por los más influyentes y formados, que de buena fe creen que existe un socialismo posible y sustentable, que las leyes laborales uruguayas son de avanzada y que “vamos resolviendo los problemas con consenso, charlándolos”.

En esa dulce complacencia, no advierten que han muerto actividades como la bancaria y otras, que no han sido reemplazadas por nada, que la creación de empleo es sólo estatal, que las tarifas se han transformado en impuestos, que la inversión solo se consigue mendigando –si se consigue– que el tipo de cambio se cae hasta la implosión por el proteccionismo, y con él caen todas las esperanzas de mejorar el bienestar real. Que los impuestos crecerán pausada y definitivamente hasta la confiscación. Y, sobre todo, que cualquier régimen basado en la planificación estatal central termina siempre en alguna clase de opresión.

Es una pena que esta obra no pueda conseguirse en Uruguay, salvo en la versión ebook de Amazon, vaya a saber por qué insondables misterios editoriales.

José Luis Espert consolida con este trabajo su papel como principal defensor de los fundamentos científicos de la economía, manejada en tantos países y en tantos organismos por curanderos de la profesión, o por aventureros, políticos y líderes irresponsables. En esa lucha, en estos años ha elevado (sic) su voz cada vez más alto, no solo en defensa de esos principios irrefutables, sino también expresando el cansancio de quienes producen y crean en Argentina, que ven morir cada día sus sueños de trabajo y esfuerzo en manos de una masa de ventajeros. El libro es un grito académico. De enojo, de rebeldía y de llamamiento a reaccionar y cambiar.

De todo corazón, deseo que ese grito resuene también de este lado del Plata.


Acerca del autor

Dardo Gasparré

Dardo Gasparré