Uruguay, modelo regional en energía

E l espaldarazo que el BID dio a Uruguay como modelo en desarrollo de energías renovables mitiga el peso de los sinsabores financieros

E l espaldarazo que el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) acaba de dar a Uruguay como modelo en desarrollo de energías renovables mitiga en algo el peso actual de los sinsabores financieros, el crecimiento estancado y las trabas internas a la apertura comercial en que han desembocado los gobiernos del Frente Amplio. El tributo fue expresado a El Observador por Gema Sacristán, directora general de negocios de la Corporación Interamericana de Inversiones (CII), banco multilateral de desarrollo creado en una reestructura del Grupo BID y centrado en la inversión privada en América Latina y el Caribe. El CII es actualmente el mayor prestamista de proyectos energéticos privados y públicos en el país. Con un capital de giro de US$ 7.000 millones, financia y asesora en 330 proyectos en 20 países de la región. En Uruguay ha financiado directamente o procurado recursos de otros inversores por un total de US$ 710 millones en proyectos de energía en cinco plantas eólicas y dos de generación solar, mayoritariamente en emprendimientos privados. Además asesora en materia técnica a las empresas. Sacristán destacó que el desarrollo de estas fuentes, facilitadas por las seguridades jurídicas que ofrece el país y una política bien orientada, lo ha convertido en “un ejemplo de éxito de cómo transformar su matriz energética”. Incluso sugirió que Argentina, acuciada por una profunda crisis de energía por la inacción de sus gobiernos kirchneristas durante más de una década, debe tratar de solucionarla aplicando el modelo uruguayo de contratos entre privados y UTE.

Las conclusiones del BID confirman la acertada orientación de la política energética timoneada por UTE, una de las pocas empresas públicas que justifica su existencia con eficacia de gestión, en contraste con ANCAP y tantas otras que derivan entre la ineficiencia, los malos negocios y la pobreza de gestión. Aunque la generación hidroeléctrica en las represas sigue siendo la fuente mayoritaria de energía, el aprovechamiento de la gratuidad de los vientos y el sol asume un porcentaje creciente en el marco global y disminuye la dependencia en las centrales térmicas, grandes consumidoras del petróleo que hoy está barato pero que ha devorado tradicionalmente cuantiosos recursos fiscales para mantenerlas en operación. El resultado es que, por primera vez en muchos años, el país enfrenta la crudeza de un invierno adelantado sin los habituales problemas de suministro. La única excepción son las vicisitudes con el gas en garrafas, determinadas no por escasez sino por conflictos sindicales y el enredado sistema de distribución por las diferentes empresas. La diversificación de la generación de energía hacia la eólica y la solar como complemento de la hidroeléctrica, por otra parte, asume mayor significación ante el escepticismo respecto la actual prospección en la plataforma marítima en busca de petróleo. Aunque el informe de la empresa Total demorará unos días más, las primeras versiones desalientan la perspectiva de que los yacimientos de petróleo y gas a miles de metros de profundidad sean comercialmente explotables. Si finalmente se desvanece el sueño de tener petróleo propio, la desilusión será menor si se sigue expandiendo la generación de energías renovables promovida por UTE con inversores privados, y que el BID ha señalado como referencia y modelo para otros países de la región.


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