Uruguay se estanca a media tabla en ranking de competitividad

Empresarios ven cuellos de botella que complican los negocios
El reporte anual de competitividad global 2016-2017 elaborado por el World Economic Forum (WEF) mantuvo a Uruguay en la posición 73 de un ránking global de 138 países respecto a la medición del año pasado, lo que confirma las dificultades del país para ganar terreno frente a sus competidores.
Si bien en el puntaje del índice logró su segunda mejora consecutiva al trepar de 4,1 en 2014-2015 a 4,2 este año, el colaborador del Informe Competitividad Global en Uruguay, Bruno Gili, dijo a El Observador "que la noticia" es que luego de una década de crecimiento ininterrumpido de la economía uruguaya, el país sigue a "mitad de tabla". El socio de la consultora CPA-Ferrere agregó que desde 2006 el puntaje de Uruguay ha fluctuado entre 4 y 4,2, por lo que el resultado de la última medición no fue "ninguna sorpresa. Lo que debería llamar la atención es que no logremos mejorar algunas posiciones y el valor del índice", apuntó.

El reporte recoge y sintetiza un amplio conjunto de índices y variables que los empresarios tienen en cuenta a la hora de desarrollar su actividad en un país. Por otro lado, si bien dentro de los factores más problemáticos para hacer negocios el top 3 se mantiene sin variantes, hubo cambios en el peso relativo de esas barreras. En el caso de las restricciones en la regulación laboral, se procesó una caída de seis puntos porcentuales en el total de los empresarios que vieron ese factor como problemático, que fue el 17,9% en 2016-17.

En la otra vereda hubo un aumento en el peso de la tasa de impuestos, que pasó de tener una incidencia negativa para el 14,6% de los encuestados a 16,5% el último año; lo mismo ocurrió con la ineficiencia en la burocracia del gobierno que subió de 14,1% a 16,4%. En un segundo escalón aparecen otra serie de variables que también sufrieron cambios, según la consideración de los empresarios. En el caso de la oferta inadecuada de infraestructura hubo un descenso tras pasar de 13,3% el año pasado a 11,6% en la presente edición. En el caso de la inadecuada educación de la fuerza laboral se mantuvo prácticamente estable con 11%, pero aumentó la preocupación por la inflación, de 5,7% a 7,1%.

En líneas generales, Gili comentó que en Uruguay se mantienen "los puntos débiles de siempre", como la poca flexibilidad de la mano de obra, las carencias del sistemas educativo para formar a la fuerza laboral, los problemas para avanzar en la sofisticación de negocios y la infraestructura.
También sigue jugando como una limitante el tamaño del mercado uruguayo, para lo cual la única estrategia es incrementar la apertura comercial del país, señaló el experto, así como la dificultad de bajar los costos de la burocracia y los servicios no competitivos. "Los problemas estructurales se mantienen y estamos muy lejos de los países desarrollados", resumió Gili.

Mejoras y caídas

En el subíndice de requerimientos básicos, Uruguay logra sostener su buena performance en el caso del pilar de las institución en la posición 32 y bastante cerca de los países líderes en esta categoría. El país avanzó en infraestructura de la posición 52 a la 47 y en entorno macroeconómico (99 a 94). Por su parte, en el subíndice de potenciadores de eficiencia, avanzó siete posiciones en el pilar de la eficiencia del mercado laboral aunque se encuentra en la cola de la evaluación frente a otros países en la posición 121. Asimismo, logró un repunte significativa en el desarrollo del mercado financiero al trepar de la posición 69 a la 51 en la última edición.

En cambio, bajó cuatro posición en el subíndice de eficiencia del mercado financiero (63) y una en el tamaño del mercado (87). Finalmente, en el subíndice de innovación (80) y factores sofisticación (82) logró una pequeño salto en el ranking respecto al año pasado.

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