Vázquez bajo fuego amigo

El presidente transitó los primeros meses de su segundo gobierno interpelado por un Frente Amplio que no se lo ha hecho fácil y le ha complicado sus planes
Dicen que en el fragor de la guerra, los generales prefieren tener un soldado muerto que uno herido, ya sea propio o ajeno. El muerto ahí queda; ni ayuda ni acosa. En cambio, el herido es una molestia que habrá que cargar entre otros dos o tres soldados.

En la política, que a veces es la guerra aplicada con otros medios, en ocasiones también es preferible que los compañeros de viaje permanezcan inertes antes de que anden por ahí quejándose de sus heridas y complicando la tarea del batallón.

En Uruguay esto lo sabe, por ejemplo, el expresidente Jorge Batlle, quien, aunque acosado por una profunda crisis económica, cumplió su gestión (2000-2005) con la solitaria libertad que le daba un Partido Colorado incapaz de hacer otra cosa que arrastrarse, más muerto que vivo, hacia su peor desempeño electoral.

Esto también lo conoce el presidente Tabaré Vázquez, quien, al contrario que Batlle, debe gobernar junto a una fuerza política que, lejos de la quietud del agonizante, se siente viva, pero en ocasiones desatendida, y anda requiriendo con insistencia la atención de los que deciden y ejecutan las órdenes.

Desde que asumió su segunda Presidencia, Vázquez no solo ha debido lidiar con el previsible acoso de la oposición blanca, colorada e independiente, sino que ha tenido en el Frente Amplio a un aliado díscolo que, en varias ocasiones, terminó convirtiéndose en un lastre para sus planes de gobierno.

No por nada, Vázquez terminó el año reuniendo a los principales dirigentes frenteamplistas en la residencia de Suárez y Reyes el 30 de diciembre para pedirles "fraternidad" y encomendarles que eviten esos debates públicos que se han hecho tan habituales y que dejen en evidencia las reiteradas diferencias internas.

Unos días antes, Vázquez había juntado a sus ministros para advertirles que los nueve meses transcurridos desde marzo fueron "los más difíciles" de su experiencia como gobernante que ya cuenta con una Presidencia (2005-2010) y con una gestión como intendente de Montevideo (1990-1995).

Aunque Vázquez no hizo un recuento total de las cosas que le han venido complicando la vida, es fácil adivinar que la mayoría de ellas estuvieron personificadas por dirigentes de la izquierda.

De hecho, el último llamado de Vázquez a la paz interna volvió a ser desoído apenas tres días después cuando la Cámara de Representantes votó la capitalización de ANCAP.

Allí, en el Parlamento, quedaron en evidencia las profundas diferencias de criterio entre los distintos grupos del Frente Amplio acerca de la pasada gestión del ente petrolero encabezada por el hoy vicepresidente Raúl Sendic.

Esas diferencias que ya habían sido expuestas en los medios de comunicación por parte del expresidente José Mujica (2010-2015) y el ministro de Economía, Danilo Astori, en sendas cartas abiertas en donde revolearon ponchos imaginarios.

El "caso ANCAP" obligó a Vázquez a tomar la decisión de capitalizar la empresa y a declarar que no le temblará el pulso si tiene que remover al directorio del ente, promesa que la oposición le viene recordando día por medio.

La Mesa y el Secretariado

Vázquez ya le había pedido "unidad" al Frente Amplio en una reunión realizada el 8 de setiembre en la que se evaluó la dificultad que le había causado al gobierno la oposición de gran parte de la izquierda al intento de decretar la esencialidad en la enseñanza, y a la iniciativa del Poder Ejecutivo para firmar el TISA (acuerdo global de servicios).

Pero las cosas no cambiaron demasiado.

El 7 de diciembre, Vázquez volvió a recibir al Secretariado Ejecutivo luego de que la Mesa Política de la coalición advirtiera acerca de la "situación crítica" por la que atravesaba el oficialismo.

La crisis advertida por la Mesa Política tenía que ver particularmente con declaraciones del canciller Rodolfo Nin Novoa a favor de apoyar una coalición internacional contra el extremismo islámico.

Esa postura fue tildada de "irresponsable" por parte del Movimiento de Participación Popular (MPP).

Además, la Mesa Política fue especialmente crítica con la falta de coordinación en el gobierno que culminaron con las renuncias del subsecretario de Educación, Fernando Filgueira, y del director nacional de Educación, Juan Pedro Mir.

El organismo de conducción del Frente Amplio, en donde están representados todos los sectores de la coalición, es un escenario habitual de críticas dirigidas a diversos aspectos de la gestión de Vázquez.

Allí, buena parte de las bases y los grupos minoritarios suelen aprovechar para protestar por las "vacilaciones", la "inestabilidad" y la "falta de rumbo" del gobierno frenteamplista.

A estas derivas hay que agregarle las divergencias que llevaron a que los diputados toquetearan el Presupuesto que Vázquez mandó al Parlamento y amagaran con trancarle otras iniciativas.

Por otra parte, la relación de Vázquez con el expresidente José Mujica, quien encabeza la minoría mayor dentro del Frente Amplio, es la de siempre. Es decir, parecen soportarse pero sin estimarse demasiado.

Antes de Navidad los veteranos políticos se juntaron para tratar de que 2016 sea más pacífico. Porque si las cosas no mejoran, en este año que comienza el Frente Amplio seguirá siendo para Vázquez como un lastre que debe cargar mientras que de las trincheras adversarias siguen disparando.

Moderado repunte de aprobación

La aprobación del presidente Tabaré Vázquez tuvo "un leve repunte" en los dos últimos meses y terminó el año con un saldo "modestamente positivo", según dijo a Búsqueda el director de Equipos Consultores, Ignacio Zuasnabar.

Según una encuesta de diciembre de esa empresa, Vázquez pasó de una aprobación de 32% en octubre a una de 36% en diciembre. La desaprobación se mantiene en 35% y quienes ni aprueban ni desaprueban pasaron de 31% a 28%

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