Vida de embajada: con la patria en la maleta

En pocas palabras, el embajador es el representante de un país en otro. En Seisgrados nos acercamos a conocer a algunos de los que residen en Uruguay para descubrir el lado más personal de estos nómades diplomáticos que hacen de crear nexos entre países su tarea diaria. Gente abierta al mundo que deja su impronta adonde llegan y se llevan algo cuando se van

Por Gabriela Viera

Cuando salimos de nuestro entorno cotidiano, de la rutina y conocemos otras realidades crecemos, aprendemos, logramos ver lo propio con otros ojos. Ver cómo viven otros, y cómo nos ven a su vez, nos permite descubrirnos, ampliarnos. Y eso es lo apasionante de la vida de los embajadores, personas que se dedican a tender puentes, a unir visiones distintas. Conocerlos nos acerca a una realidad que nos permite ver aspectos de nuestro país que quizá por ser tan propios casi no percibimos y que, en definitiva, nos definen. ¿Cómo viven y qué hacen los embajadores que residen en Uruguay? Bajo esa consigna salimos y encontramos tres historias que son ejemplo de lo que un extranjero ve y valora en nosotros. El embajador británico Ian Duddy, la embajadora japonesa Keiko Tanaka y el embajador italiano Gianni Piccato son los protagonistas de este relato de vivencias.

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El novel embajador británico, Ian Duddy, hace pocos meses que está en Uruguay. Llegó el 22 de octubre de 2016 y desde entonces ha comenzado a vincularse al país desde diferentes ámbitos, conociendo la cultura, su gente y algunos sitios de Montevideo y ciudades del interior. Es originario de Canterbury, en el sureste de Inglaterra, y actualmente vive junto con su pareja en la residencia británica, "una casa preciosa con uno de los jardines más lindos de la ciudad", según cuenta. Es joven, muy amable y Uruguay es su primer destino como embajador, aunque antes de llegar a Montevideo trabajó como diplomático en Buenos Aires, Ginebra y Londres,. De manera muy espontánea y sin muchos protocolos contesta una a una las preguntas. Se nota abierto y cercano. Dice que se adaptó al país fácilmente y habla un español muy claro. Aprendió el idioma durante su residencia en Argentina, estadía que le permitió acercarse a la cultura de esta zona de América. "Estuve en Buenos Aires de 2003 a 2006, así que ya conozco algo de la región y me siento más o menos cómodo hablando español con acento rioplatense. Ya había estado varias veces en Uruguay pero como turista", dice Ian Duddy entusiasmado. Pero además de este antecedente, antes de asumir su rol como embajador realizó un curso intensivo de español que le permitió hablarlo con mayor fluidez.

Explica que en Gran Bretaña se tiene el estereotipo de que el Río de la Plata es sinónimo de tango, carne y fútbol. "Y aunque hay mucho de eso, Uruguay es mucho más. Hay vínculos culturales muy fuertes entre nuestros países, como la música, la enseñanza de inglés y los deportes", agrega.

Aún está tratando de ubicarse en la realidad del país y dice tener mucho por aprender de la cultura uruguaya. "Para mí, los uruguayos son abiertos y amables, les gusta hablar de política, de deportes y sobre cultura". Y dentro del aprendizaje cultural, la gastronomía no podía quedar atrás. "Hasta ahora disfruté mucho de la comida, especialmente de los asados, y de los vinos; ya me hice hincha del tannat". Su plato preferido es el asado de cordero y su lugar la Ciudad Vieja: "Me fascina su arquitectura. Hay edificios muy lindos que representan una parte de la historia de Montevideo. Espero que la ciudad pueda protegerlos y repararlos. Para el año que viene me gustaría conocer un poco más el interior del país y montar a caballo", cuenta.

Conocer la cultura, el idioma y otros aspectos del país de destino son importantes, pero hay un componente también relevante para llegar a ser embajador británico y es la experiencia manejando un equipo diverso y la habilidad de cubrir muchos temas en un mismo día, habilidades que el embajador destaca como vitales en su accionar cotidiano. "Es realmente un desafío, pero al mismo tiempo una buena experiencia". Para Duddy hay dos aspectos fundamentales para un embajador de cualquier país. Primero, proteger sus intereses nacionales a través de un buen vínculo con el gobierno local y, en segundo lugar, fortalecer los lazos entre los pueblos, tan importantes como las relaciones gubernamentales. "Por eso, me interesan personalmente dos temas: la educación y los derechos humanos. Con respecto a la educación, quiero que sigamos adelante con el proyecto de Plan Ceibal en el cual Reino Unido ha participado muy activamente a través de la enseñanza remota de inglés para todas las escuelas públicas de Uruguay. La oportunidad de aprender otro idioma es muy importante en la formación de los niños porque ofrece la posibilidad de conocer otra cultura y opiniones diferentes". Su experiencia en Ginebra, donde trabajó en temas de derechos humanos y multilaterales, le ha permitido conocer cómo funciona la ONU y eso lo acercó también a saber más de Uruguay, que actualmente es miembro del Consejo de Seguridad del organismo. "Quiero que sigamos trabajando conjuntamente para mejorar la situación general a nivel mundial. Por ejemplo, Uruguay es unos de los líderes en promover los derechos LGBT en el mundo".

Por curiosidad, consultamos al embajador británico a qué lugares llevaría a un extranjero que esté de visita en Uruguay, a lo que respondió: "Por supuesto a Montevideo y a las playas uruguayas. Pero más allá, quiero que los extranjeros conozcan el interior. El otro día fui a Fray Bentos, un nombre conocido por todos los británicos gracias a las famosas tartas de carne y el corned beef, pero estoy seguro de que la mayoría de ellos no saben que realmente existe una ciudad llamada Fray Bentos. Uruguay tiene un lugar especial en la historia del Reino Unido", explica y su entusiasmo demuestra que fortalecer este nexo entre ambas naciones será una de sus principales acciones en esta etapa como embajador.

Desde el imperio del sol

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Keiko Tanaka, embajadora de Japón
Keiko Tanaka, embajadora de Japón

La embajadora japonesa, la señora Keiko Tanaka, me recibe en la embajada una mañana de sol, charlamos distendidas y hablamos de su vida en Uruguay, país en el que reside desde 2014. La embajada de Japón tiene una intensa agenda de actividades vinculadas al intercambio cultural y a la ayuda social entre ambas naciones. Me cuenta sus desafíos para estos años en el país, lo que le gustaría hacer para acercar a nuestros países y el trabajo fuerte que se realiza en cultura y en fortalecer los lazos comerciales, así como en el aprendizaje de la lengua. Pero su tarea no se agota allí, la embajadora Tanaka le ha otorgado a su gestión una impronta personal muy especial, ya que se involucra con las costumbres y hábitos del país, como forma de conocer más a los uruguayos. De conversación amable, siempre sonriente y de personalidad afable, la embajadora me cuenta que toca la guitarra y el piano —la música es una gran protagonista en su vida— y que ahora está aprendiendo a tocar el clásico tamboril uruguayo. De hecho, estuvo presente en el desfile inaugural del Carnaval con la comparsa Cuareim 1080 el pasado 19 de enero, donde disfrutó mucho de la experiencia. Dato que sorprende, pero que al continuar la charla y conocer más de su personalidad, solo demuestra su espíritu libre y de conexión con la cultura uruguaya. Esa forma de ser no es más que un sello de su país, de gente cálida y serena, inquieta en intereses y en busca de conocer siempre más.

Tanaka no es una embajadora de escritorio, se conecta con la realidad de manera directa. Su agitada agenda entre lo protocolar y lo personal no hace más que fortalecer esa idea. Así es habitual verla en centros educativos —que la embajada apoya con equipamiento—, en exposiciones, charlas o encuentros. Representa a Japón en todo, transmite la esencia de su país en sus gestos, su armonía al hablar, su amabilidad y su simpatía. Nuestra conversación va de un tema a otro, mientras en la mesa un termo y un mate rojo acompañan nuestro encuentro. El mate le gustó y ahora es parte de su rutina, para ella es como un té.

Quedamos en ir a su casa particular para hacer las fotos del reportaje. Vive en la residencia de la embajada, en Carrasco, y dice que prefiere recibirnos allí para mostrarnos su hogar y los objetos cotidianos que hacen su vida fuera de la oficina, su lado más personal. Agendamos una fecha de visita y unos días después llegamos con la fotógrafa a su casa. Al encontrarnos, nos cuenta que es allí donde recibe a sus amigos uruguayos más íntimos, a los que agasaja cocinando comida típica japonesa o realizando el característico ritual del té japonés. Vive en una amplia residencia con jardines que recuerdan a su país y del que disfruta en largas caminatas o contemplando la naturaleza. Un pequeño patio japonés en el centro de la casa también le otorga un espacio de tranquilidad. Los muebles, los objetos, el ambiente todo nos transporta al país asiático. Se respira paz y dan ganas de quedarse y seguir conversando.

Tanaka aún no tiene fecha de culminación de su misión en Uruguay, pero tiene muchos sueños por cumplir aquí, uno de ellos es poder traer al primer ministro japonés como forma de acercar más a ambas naciones y fortalecer vínculos. Luego de culminar la charla, la embajadora nos acompaña a la puerta y nos saluda con la mano a la distancia como lo hace un buen amigo. Nos despedimos con un hasta pronto, porque seguramente coincidiremos en muchos otros sitios donde la actividad de ambas nos encuentre.

Piano, piano si va lontano

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Gianni Piccato, embajador de Italia
Gianni Piccato, embajador de Italia

El embajador de Italia Gianni Piccato está en Uruguay desde diciembre de 2015. Llegó desde Quito, pero su periplo en esto de la diplomacia le ha permitido conocer Brasil, Portugal, Turquía y Venezuela. Los aspectos fundamentales de su gestión en Uruguay son la cultura y el nexo con las comunidades italianas instaladas en el paaís y sus descendientes, motivo por el cual ha recorrido muchas de las ciudades y pueblos del país. En esas visitas además de conocer a muchos de los descendientes de italianos, se ha puesto en contacto con algunas comunidades y clubes sociales italianos que necesitan un fortalecimiento para que las nuevas generaciones se acerquen y no pierdan las raíces. El idioma, por ejemplo, es una de las tareas en las que se trabaja. "El vínculo entre ambos países necesita ser fortalecido", dice, mientras resalta el aporte que han hecho los italianos a la cultura y las costumbres de los uruguayos. "Hoy hay 114 mil uruguayos de origen italiano", señala.

Actualmente se está dando un nuevo fenómeno con la llegada de algunos italianos profesionales o empresarios que vienen a instalar negocios al país. Explica el embajador que llegan por vínculos familiares, por la calidad de vida y por la seguridad. Lo que más le llama la atención a Gianni Piccato de Uruguay es que es muy dinámico en materia cultural, con manifestaciones muy fuertes, como el teatro, y con gran participación de la gente.

Las tareas diplomáticas no alejan a Piccato de llevar una vida "normal".

Vive con su esposa, va al teatro, le gusta caminar y explorar circuitos naturales, como cerros y sierras. En Italia practicaba trekking, en Uruguay ha realizado alguna expedición, pero dice que no es lo mismo ya que el paisaje es diferente. "Fui hace un tiempo al Pan de Azúcar e hice algo, pero no hay muchos sitios donde poder salir a realizar esta actividad", explica y señala que las montañas y las caminatas que hacía allí es lo que más extraña de su tierra. En Montevideo el mar es su principal motor. Vivir cerca de él es lo que más valora. Su plan favorito es salir a andar en bicicleta por la rambla acompañado de su perro. Le encanta encontrarse con la gente y poder compartir ese espacio, algo que hace cotidianamente. "Adopté los paseos por la rambla a mi rutina. La rambla es mi norte, luego entro en la ciudad", reflexiona.

El desafío personal que se ha impuesto Piccato en su rol de embajador es conseguir que el potencial italiano pueda concretarse en lazos reforzados entre Uruguay e Italia, tanto en lo económico y comercial, como en lo empresarial y en lo cultural. Está enfocado en mejorar esos lazos, en brindar una visión actualizada de la Italia de hoy, en la promoción de la lengua y en dinamizar y dar mayor vigencia a los institutos italianos de cultura del interior del país.

Para ello se necesitan nuevas generaciones interesadas y ese parece ser el principal desafío. "Me llamó la atención en estos institutos o clubes del interior y de Montevideo el trabajo de gente muy dedicada a la causa", y resaltó las actividades autosustentables que llevan a cabo para que la tradición siga viva. "La italianidad ha aportado apertura de mente, hospitalidad, mentalidad positiva. El italiano tiene una técnica de convivencia que le permite mirar hacia adelante, pero también ser conservador, mantener las tradiciones para no ser invadido por otras costumbres", dice el embajador, y eso es un sello que parece identificar a la comunidad en cualquier parte del mundo.