Violencia y descontrol tras muerte de un menor en operativo policial

Era sospechoso por una rapiña; hubo disturbios y destrozos y 12 detenidos
Por Pablo Melendrez y Natalia Gold

¡Saravia es nuestra, Saravia es nuestra! fue el grito que escucharon los policías ayer por la mañana cuando comenzaron a desplegarse en el barrio Marconi. La exclamación aludía al bulevar que lleva el nombre del caudillo blanco y que es una de las principales vías de acceso a esa zona de Montevideo, una de las que tiene mayores índices de criminalidad.

La amplia presencia policial, basada en efectivos de la Guardia Republicana, se debió a los incidentes generados luego de que policías de la seccional 17ª se enfrentaran a tiros en la interseccción de las calles Galvani y Barquisimeto con dos jóvenes que supuestamente minutos antes habían robado una moto. Uno de los sospechosos, de 16 años, murió y el otro seguía grave anoche luego de recibir un disparo en la cara. Dos policías fueron detenidos y quedaron a disposición del juez penal Ricardo Míguez, que hoy volverá a tomarles declaración.

Por estos hechos, el joven que resultó herido por la policía declaró este sábado ante el juez y el fiscal que se trasladaron hasta el CTU del SMI, donde se encuentra internado, según informó Subrayado.

En rechazo al accionar de la Policía, un grupo cercano a las 100 personas salió a la calle. Prendieron fuego un ómnibus de la línea 405, dos autos particulares y contenedores de residuos. También apedrearon a los efectivos policiales y al juez Míguez en momentos en que se procedía a retirar el cadáver del joven fallecido.

Durante los incidentes, un policía resultó con una fractura en el brazo izquierdo y un médico de ASSE que llegaba a trabajar en la policlínica de la zona recibió una pedrada en la cabeza que le causó la fractura de un hueso de la parte inferior del cráneo. También cinco móviles policiales resultaron con roturas, principalmente en los vidrios. La Policía, que realizó operativos durante toda la tarde, detuvo a 12 personas.

Clima de tensión

Pasado el mediodía, un piquete policial bloqueaba el acceso al barrio Marconi en la esquina de San Martín y Aparicio Saravia. Los periodistas, camarógrafos y fotógrafos debían dar sus datos a un funcionario de la Guardia Republicana para poder pasar. El agente, que llevaba un pasamontañas que apenas dejaba ver sus ojos, advertía que la Policía no podía garantizar la seguridad de quienes accedieran a esa zona.

El operativo fue dirigido personalmente por el jefe de la Zona Operacional III de la Jefatura de Policía de Montevideo, comisario mayor Rúben Fonseca.

Los oficiales de la Policía se apostaron en Aparicio Saravia y Simón del Pino, mientras que en forma constante se adentraban en el barrio vehículos blindados, camionetas y personal en moto. En el lugar se escuchaban disparos, muchos de ellos de armas largas, provenientes de los pasajes de la zona, desde donde también se lanzaron varias pedradas hacia el lugar en que se encontraban apostados los responsables del operativo.

Para facilitar la tarea de vigilancia, durante buena parte de la tarde un avioneta del Ministerio del Interior sobrevoló la zona.

Al promediar la tarde, llegó al lugar el sociólogo Gustavo Leal, asesor del Ministerio del Interior y responsable de convivencia de esa cartera. Leal se ocupó de coordinar con la Policía la salida de los escuelas, jardines de infantes y centros CAIF que hay en la zona para garantizar la seguridad de los niños y también de los maestros y funcionarios.

Mientras tanto, el humo se veía desde lejos y marcaba la zona donde cinco horas antes el ruido de los tiros ensordecía al barrio. Dentro de lo poco que quedaba del ómnibus incendiado, todavía había una llama pequeña en el lugar donde, no mucho antes, el guarda le cobraba boleto a los pasajeros. Los vecinos se asomaban cautos. Algunos sacaban fotos y otros preferían mirar desde una ventana.
Cinco niños caminaban junto a su tío y giraban la cabeza a medida que rodeaban el ómnibus incinerado, para no perderse ningún detalle. Su plan, como el de todos los viernes, era ir a un club social del barrio, que queda en bulevar Aparicio Saravia. Pero debieron quedarse adentro de sus casas, porque Aparicio Saravia se había transformado en un campo de batalla.

Bastante distinto fue el barrio que encontró su tío cuando volvió de trabajar, después de haberse ido por la mañana: vehículos y contenedores quemados, policías y efectivos de Guardia Republicana cortando el paso y algunas pedreas que todavía se tenían que esquivar.

"Le hace mucho daño al barrio", dijo el hombre, que prefirió no identificarse. Miraba fijo al ómnibus. Parecía no querer quitarle los ojos de encima. Solamente bajaba la vista para observar a sus sobrinos. "Yo miro esto y no parece mi barrio; me hace acordar más a Brasil", se lamentó.

Vivió toda su vida en el barrio Marconi y pocas veces le tocó ver una situación así. Una de las últimas fue en 2012, cuando un domingo de octubre la Policía ingresó al barrio buscando a unos rapiñeros y cuando los atraparon, algunos vecinos comenzaron a insultar y tirar piedras. El resultado: la muerte de un joven de 25 años, que era del barrio y no era de los que robaban en Marconi.

Cuatro años después, con un panorama similar, el mayor miedo del vecino que conversó con El Observador es lo que sucederá en los próximos días. Porque cree que a pesar de que, luego de la caída del sol, la situación parecía estar controlada, así como el ómnibus todavía humeaba, lo mismo pasaba con la violencia.

Ya entrada la noche, un contigente de la Guardia Republicana con equipos de choque y paso militar llegó al lugar. Las autoridades definieron que durante toda la noche personal de esa unidad policial militarizada realizara patrullajes preventivos en las principales calles del barrio Marconi mediante el apoyo de vehículos blindados.

Primaria monitorea la situación

En la zona donde se generaron los disturbios había cuatro escuelas públicas, una privada y dos jardines de infantes. Autoridades de Primaria monitorearán durante el fin de semana cómo se encuentra la situación en el barrio, para asegurarse de que no haya peligro de que los alumnos vayan a clase, según dijo a El Observador el consejero Pablo Caggiani. Al momento en el que comenzaron los incidentes, los niños estaban teniendo clase y se debió montar un operativo para poder sacarlos de los centros sin que eso implicara un riesgo.


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